2016/03/31

Medio siglo de éxito y decadencia

Fue una apuesta arriesgada. Corría el año 1962 cuando el industrial burgalés Julián Campo Agero confiaba al prestigioso arquitecto Marcos Rico el diseño de un edificio para que su negocio hiciera historia. Este le presentó tres opciones, dos de ellas más conservadoras (una en piedra y otra siguiendo el estilo colonial) y una tercera absolutamente innnovadora, de progreso, en el que primaba el uso del metal y de vidrio. Fue esta úlLtima la que convenció. En 1963 comenzarían las obras para que el floreciente negocio Confecciones Campo, tras una inversión de 3,3 millones de pesetas, se transformara en los Grandes Almacenes Campo. El antiguo edifico de cuatro plantas (muy similar al que se ubica enfrente) pasaba a tener 7 alturas. En la Navidad de 1965, tras un pequeño retraso de dos meses, abría sus puertas para regocijo de la sociedad burgalesa.

Fueron lustros de éxito. La ciudad no había visto nunca un negocio de esas características. Si algo no se encontraba en Campo era, sencillamente, que no existía. En el sótano se podían encontrar lanas «para labores», en el bajo artículos de mercería, pañuelos,  corbatas o perfumería, en el primero bolsos, guantes y marroquinería, en el segundo artículos de viaje, deportivos, paraguas, artículos del fumador, regalos para caballero y peletería... La tercera planta era una gran juguetería en la que también había ropa para niños y en el cuarto piso se ofertaba menaje de cocina, electrodomésticos, música, tocadiscos, radios y transistores. En la quinta, los productos ofertados eran vajillas, porcelanas, lámparas de pie y de techo, la sexta se reservaba a la venta de alfombras, decoración y arte y la séptima para peletería a medida.


Pero después del éxito llegó la decadencia. Las preferencias de los burgaleses cambiaban con la llegada de la democracia y los hábitos de consumo se modificaban en los primeros años de la década de los 80. Los gustos viraban hacía lo que ofrecían las grandes cadenas nacionales de distribución como Zara, el buque insignia del Grupo Inditex.


Los Grandes Almacenes Campo anunciaban su liquidación y en 1982 se cerraba la venta al grupo que presidía José María Ruiz Mateos, que pretendía ampliar Galerías Preciados. Un año después, el entonces presidente del Gobierno, Felipe González, decidía expropiar Rumasa, lo que provocó que el edificio saliera a subasta. Lo adquiría una familia de industriales. Pero de poco sirvió la compra.  De hecho, los dueños y el Ayuntamiento entraron en conflicto ya que el Consistorio entendía que la altura del inmueble excedía lo que marca el Plan Especial del Centro Histórico. El asunto terminó en los tribunales y hoy es el día en que todo sigue igual.


El Ayuntamiento se llegó a plantear la posibilidad de adquirir el edificio para ampliar el Consistorio, pero la idea no fraguó. En los últimos años, la única actividad en el edificio se ha concentrado en el bajo comercial, por donde han pasado ya varios negocios.


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