2015/12/14

Venezuela: ¿y ahora qué?

Tras las elecciones del domingo, en las que la oposición logró la mayoría parlamentaria, el país comienza a soñar con un cambio político.
Por Oscar Medina, desde Caracas
Venezuela
Domingo 6 de diciembre. Falta poco para las 10 de la noche. Henrique Capriles aparece en la sala donde se monitorea la jornada electoral y le habla al joven equipo que ha trabajado a lo largo del día: “Los resultados son inspiradores y alentadores. Y no sólo en Miranda, en todo el país”. Capriles, gobernador del estado Miranda y ex candidato presidencial, hizo la lectura correcta al hablar de inspiración: esto que construyó Hugo Chávez y que heredó Nicolás Maduro, no se ha acabado, pero los votos obtenidos en las elecciones parlamentarias han inyectado esperanza a una oposición que ya se sabe mayoría.
Todas las encuestas apuntaban a un triunfo de los candidatos de la Mesa de la Unidad Democrática, pero, a pesar del optimismo, en el ánimo del venezolano que no comulga con la “revolución” siempre hay espacio para la duda: las derrotas acumuladas y las “sorpresas” electorales pesan. La coalición política opositora tenía mucho que demostrar. Y también mucho que perder. Desoyendo a las voces más radicales y centrados en el planteamiento de que el camino es el voto, se enfrentaban a la posibilidad de pulverizarse aplastados bajo el peso de un gobierno que hace campaña para los suyos echando mano de todos los recursos de la nación.
Al mismo tiempo, sin embargo, era un momento ideal. Siguiendo la tradición de Hugo Chávez, el oficialismo planteó las elecciones de diputados como una batalla presidencial: había que votar por sus candidatos para respaldar a Maduro y para honrar el legado del Comandante. De modo que las parlamentarias se convirtieron en una suerte de plebiscito que evaluaría la gestión del heredero. El problema de Maduro es que no tiene gran cosa que mostrar más allá de las consignas y el fantasma de Chávez.
La cifra oficial de inflación en Venezuela es un misterio: el Banco Central no ha hecho públicos los índices en lo que va de año. Pero de manera extraoficial se sabe que entre enero y noviembre pasa de 219%, un registro que supera los peores pronósticos de los analistas internacionales que la ubican siempre en un rango de tres dígitos. Ecoanalítica, una consultora local independiente, pronosticó 300% de inflación para 2016 si el Gobierno no implementa medidas serias y eficaces para enfrentar la crisis económica. Y nada hace prever que lo hará. La escasez de productos básicos pasa de 60% y la de medicinas e insumos médicos se ubica en 80%. El Gobierno arremetió contra la empresa privada en todos los campos y se convirtió en el mayor importador y distribuidor de alimentos, pero la ineficiencia y la corrupción han hecho que conseguir un paquete de papel higiénico o de pasta sea una proeza. Y, en un país con 25 mil homicidios por año, no hay manera de hacer creer que el Gobierno se esté ocupando de la seguridad de sus ciudadanos.

Un golpe electoral

Es un hecho que Maduro carece de la habilidad histriónica ni la “magia” de Chávez para vender ilusiones, de manera que el planteamiento de plebiscito no podía resultarle favorable. La MUD manejó una idea acertada: reconquistar la Asamblea Nacional sería un primer paso para el cambio de un modelo fracasado. Y capitalizó el apoyo de la ciudadanía opositora –hay que recordar que Maduro ganó las presidenciales con poco más de 1% de diferencia– y el caudal del voto castigo del chavismo descontento.
Con dos tercios del Parlamento, la oposición podría aprobar o rechazar leyes habilitantes como la que hoy le permite a Maduro gobernar por decreto; aprobar y reformar leyes orgánicas; modificar la composición del Tribunal Supremo de Justicia, e incluso, aprobar convocatorias a referendos contra Nicolás Maduro.
Para el Gobierno, ésta fue una doble derrota: perdió el control de la Asamblea Nacional y, al mismo tiempo, la mayoría en el país. Al momento de escribir estas líneas, el Consejo Nacional Electoral (CNE) –que dice tener el sistema de votación más moderno del mundo– todavía no presenta los resultados completos, lo que algunos califican como un claro intento por diluir el efecto del duro golpe recibido por el oficialismo. Más de seis horas le tomó hacer público su primer boletín sobre los 167 puestos en disputa: 99 diputados para la oposición, 46 para el Partido Socialista Unido de Venezuela. En horas de mediodía del lunes, la MUD anunció que ya sumaban 112 parlamentarios. Eugenio Martínez, periodista especializado en asuntos electorales y uno de los mejores informados en el tema, advirtió que las proyecciones del CNE dibujaban un cuadro final para la Unidad de 118 representantes.
A la cita acudieron más de 74% de los inscritos en el registro electoral, una participación inédita tratándose de unas parlamentarias: más de 14 millones de personas. Se estima que la diferencia de votos entre ambas fuerzas políticas se acerque o supere los dos millones de votos. El oficialismo perdió en plazas importantes como Caracas y los estados Vargas, Miranda, Carabobo, Falcón, Lara, Zulia e incluso Barinas, donde nació Hugo Chávez.

El futuro

¿Qué puede pasar una vez que la nueva Asamblea Nacional asuma sus cargos el 5 de enero? Con 112 diputados, ya la Unidad habría logrado su mejor escenario: la mayoría calificada de dos tercios. Y eso le daría un margen de poder que debe aprender a administrar para no precipitar a Venezuela por el camino de la ingobernabilidad. Con esa proporción a favor, la oposición estaría facultada para nombrar a la directiva del Parlamento, lo que dejaría fuera de su cargo al actual presidente Diosdado Cabello.
Explica Martínez que también podrán interpelar a los ministros, promover mociones de censura contra éstos y el vicepresidente; aprobar o rechazar leyes habilitantes como la que hoy le permite a Maduro gobernar por decreto; aprobar o no los viajes del mandatario, designar a la directiva del Consejo Nacional Electoral, aprobar y reformar leyes orgánicas; modificar la composición del Tribunal Supremo de Justicia y aprobar convocatorias a referendos contra Nicolás Maduro.
Más de seis horas le tomó hacer público su primer boletín sobre los 167 puestos en disputa: 99 diputados para la oposición, 46 para el Partido Socialista Unido de Venezuela. En horas de mediodía del lunes, la MUD anunció que ya sumaban 112 parlamentarios.
Todo eso es posible. También lo es que el madurismo se juegue alguna carta sorpresa. Durante la campaña, Maduro dijo que no se iba a “entregar” y que si su gente perdía se “lanzaría” a las calles a enfrentar al adversario. Expertos como son en crear instituciones paralelas cuando no pueden controlar a las formales, el Gobierno podría apuntalar algo con lo que han experimentado: el llamado “parlamentarismo de calle” en el que supuestamente el pueblo toma las decisiones. No es una figura constitucional, pero si la ven viable para restarle poder a la Asamblea seguramente harán el esfuerzo.
A la euforia por el triunfo opositor, sigue ahora un período de incertidumbre mezclado con la expectativa de estar iniciando el camino del cambio de régimen. Lo único claro, además de las posibilidades que se abren con la conquista de la Asamblea, es que el Gobierno no propiciará ni el diálogo ni el acercamiento. Al menos por ahora. La primera reacción de Maduro fue asegurar que esta derrota es consecuencia de la “guerra económica” que –según el oficialismo– libran contra la revolución las malignas fuerzas del imperialismo y el capital. Es, dicen, una victoria de la ultraderecha. Por su parte, desde la oposición los primeros anuncios apuntan a propiciar una amnistía para los presos políticos y medidas de emergencia ante el desastre económico. En cualquier caso, 2016 está a la vuelta de la esquina y se cumple la mitad del período presidencial de Maduro: ¿cederán a la tentación de convocar a un referendo revocatorio de su mandato? •••
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