2015/12/14

Puro arrastre

En Chile, la venta de motorhomes y otros vehículos recreacionales (RVs) crece como espuma. Aquí una mini guía. A días de que el verano explote.
Por: Sergio Paz
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Lunes. Medio día. Carretera San Martín.
En los head quarters de Full Camping –uno de los pocos centros en Chile especializadas en RVs o vehículos recreacionales– cotizo y evalúo qué es lo mejor para un viaje off road por el país.
¿Carrito? ¿Carro carpa? ¿Casa rodante o motorhome?
La decisión, aparentemente sencilla, no sólo tiene que ver con cuánto puedes gastar, sino con qué es lo que realmente quieres y a dónde irás.
Así las cosas, bajo el sol de Colina, lo primero que queda claro (al menos dentro de la obsesión off road) es que, en Chile, la gran casa rodante, tipo familia americana feliz, es la peor decisión que podrías tomar. Otra cosa es cuando el objetivo es afincarse en alguno de los campings tradicionales, con buenos servicios para casas rodantes, como Playa Blanca en la IV Región. O, idealmente, El Chivato en Los Molles; el Zapallar de los campistas doble eje.
Lo cierto es que una gran casa rodante está bien para Miami o Utah. No para Chile. Aquí, con los caminos que tenemos, salpicados de hoyos, bichofita despedazada, asfalto a medio terminar y calamina que retuerce el estómago, probablemente el bien, la joyita recién comprada, terminará hecha polvo. Fisurada. Con goteras. Mal.
La razón es simple: las cosas rodantes, básicamente, se dividen en ultra light y heavy duty. Las primeras, livianas pero sin mayor estructura, en un país como el nuestro se rompen fácilmente. Las segundas, pese a ser fuertes y resistentes, no cuentan con las prestaciones de un vehículo off road. Por lo mismo, no servirán para meterse en la arena o en algún lugar con nieve o barro.
Si la idea es importar uno de estos vehículos, hay que saber que un factor determinante es el flete: al menos el 30% del valor final. Claro, que la otra opción es arrendar. En sitios como http://www.motorhomeschile.cl/motorhomes, hay casas rodantes a unos 140 mil pesos al día. No es una mala idea.

Ruedas y tuercas

Los vehículos recreacionales, de menor a mayor tamaño, se dividen en teardrops (carros de arrastre compactos, generalmente para dos a tres personas), caravanas (o “casas rodantes”), truck campers (que son esas casas que se ponen sobre la camioneta) y, finalmente, los motorhomes o autocaravanas.
En relación a estos últimos, en nuestro país ha habido un fuerte boom, impulsado por la eliminación del impuesto al lujo desde enero del 2013. Eso y que quedaran exentos del “impuesto verde”, fue parte de las políticas públicas que han buscado potenciar el turismo interno en nuestro país.
Dicho eso, hoy el mercado es dominado por vehículos usados que se traen principalmente desde Miami: se trata de casas rodantes de la modalidad livianas que, más encima, han estado expuestas por años a la corrosión del aire marino.
Pese a ello, desde hace un tiempo se han consolidado marcas como Hobby (líder en Europa y el mayor fabricante a nivel mundial), amén de otras como North Star, Jayco, Starcraft y Travel Lite.
Paralelamente, con muchas expectativas se ha abierto todo un mundo para los fabricantes nacionales, destacando entre ellos Camper Travel, Movilarte y, han sido la sensación del último, los chicos de Trekan, creadores de un innovador carro de arrastre off road.
Andar en motorhome permite una forma de viajar más libre: sin horarios, sin límites, incluso sin destino.
En relación a gastos, tras la compra del vehículo el segundo desembolso será pagar el permiso de circulación ($21.500 anual), un trámite que no se realiza en el Registro Nacional de Vehículos Motorizados, sino que en cada comuna. Independientemente del tamaño y características, todos pagarán lo mismo.
Otra certeza es que habrá que estar dispuesto a pagar un valor extra cada vez que se cruce un peaje. El momento en que uno suele preguntare cómo es que me metí en esto.
“Existe la idea –dice Diego Gallardo, gerente de ventas de Full Camping, empresa líder en el país– de que tener una casa rodante o un motorhome es una forma de ahorrar el fin de semana o en vacaciones. Pero la verdad es que los vehículos recreacionales no solucionan ningún problema financiero. Lo que sí es cierto es que es una experiencia diferente. Intensa. La dinámica familiar es especial. Ni mejor, ni peor, pero sin duda inolvidable”.
Debo confesar algo. Desde hace años que pienso y medito qué tener y dónde comprar. En el intertanto, me he dado maña para testear e imaginar cómo sería la vida en una casa rodante, en un motorhome, un panorama que, en nuestro país, parece estar asociado a la jubilación.
¿Por qué no hacerlo ahora?
Tiempo atrás, Mauricio Moure –el dueño de Chilecaravan, la empresa que importa Hobby a Chile– me dejó probar una de esas joyitas fabricadas en Alemania. Una casa Hobby De Luxe, nueva, de paquete; donde todo es touch, ergonométrico, full, impecable.
¿Fácil? Nada es fácil en este mundo, aparentemente feliz, de los vehículos recreacionales. Y primera conclusión fue que esto no es llegar y llevar. Se requiere experiencia, conocimiento. Eso incluye desde cómo enganchar y desenganchar la casa sin enloquecer, hasta hacerse la idea de que deberás manejar a no más de 90 km/h; algo que, créanlo, puede resultar una tortura.
En esa ocasión, el desafío fue pasar un fin de semana en Pichidangui. Todo bien hasta que, al llegar al destino de madrugada, tuve que hacer una maniobra tan simple como retroceder. En ese momento, giras el volante y la casa se mueve hacia cualquier lado menos el que pensabas.
Es entonces que entiendes que, para maniobrar, hay que sincronizar el movimiento del auto hacia adelante y atrás, con el de la casa. Tienes que seguirla, digamos.
Superados estos percances, en apenas unas horas me había acostumbrado a estar a metros de la playa con plasma y DVD, suaves luces LED, refrigerador, lavaplatos con agua caliente. El paraíso en la costa.
¿El problema? Una casa Hobby es perfecta para pasar inmejorables días en un buen camping, pero como cualquier casa rodante (al menos las etándard) no puedes moverla sobre la arena.
Entusiasmado con el proyecto, el segundo paso fue conseguir prestado un motorhome retro, de los 90, a bordo del cual tuve la mala idea de viajar a Matanzas, VI Región.
“El que pregunta a qué velocidad anda un motorhome –asegura Diego Gallardo, de Full Camping– es que no necesita uno. El dueño de un motorhome si hay algo que no necesita, es tiempo”.
Y eso, caramba, también es verdad. La primera gracia de un motorhome es evidente: basta montarse en él para darse cuenta de que es justo entonces que el viaje empieza. O termina.
Todo lo que está entremedio suele ser un gran problema. En mi caso, echar abajo un semáforo colgante en cuanto salí del lugar donde guardaban el motorhome. Luego, abollar un par de autos entre calle y calle. Y, ya en Matanzas, sudar, sufrir, maldecir, mientras intentaba hacerme un espacio en el estacionamiento del camping.
Aunque ahora gran parte de los campings en Chile disponen de conexión eléctrica y acceso a agua potable cerca del respectivo sitio, la lista de cosas que mejorar incluye desde arreglar los accesos (portones angostos y sin altura) hasta ampliar y aplanar los caminos interiores que suelen ser angostos, incómodos y sin ningún diseño para que se muevan con facilidad vehículos grandes.
Con todo, algunos campings están siendo acondicionados especialmente para RVs. Y en otros hay planes de hacer cambios para adaptarse a la tendencia. En esta línea, toda una noticia es que en Matanzas un camping se prepara a toda prisa para comenzar a recibir motorhomes y casas rodantes.
“En el caso de las caravanas de origen europeo –explica Moure– una de sus principales características es el bajo peso y tamaño compacto. Pueden ser arrastradas por prácticamente cualquier vehículo con un motor desde los 1.800 cc. Además, cuentan con un ‘cassette’ que permite botar las aguas negras y grises en cualquier baño. Eso a diferencia de algunas marcas estadounidenses que requieren que, en el lugar donde se llegue, existan lugares especiales para recibir los desechos que se evacúan con mangueras”.

La fiebre de la ruta

Escribo estas líneas desde Caldera, parada estratégica en un largo viaje que realizo estos días a través de la costa de Atacama.
En esta ocasión, he experimentado con un tercer sistema: un gran carro de arrastre, primer paso hacia el que, dicen, es la gran solución para quien busca respuestas prácticas en esto de la vida off road. Me refiero al carro carpa, a primera vista una solución simple y quizás poco glamorosa, pero finalmente un buen camino tanto para el bolsillo como para las rutas de difícil acceso.
“El carro carpa –explica Diego Gallardo, de Full Camping– es ideal para quienes hacen deportes como surf, stand up paddle e incluso esquí, pues permite moverse rápido de un destino a otro. Aparte, vienen premunidos de ruedas especiales más anchas que se pueden desinflar, ángulos de salida cortos y mayor despeje, lo que los hace muy eficientes en las dunas. Con un carro carpa –fabricado con sombrella, una tela respirable– nunca pasarás frío ni te quedarás pegado en la arena. Finalmente, hay que decir que la carpa se arma y desarma en 15 minutos. Es cuestión de apretar un botón para que las camas estén listas”.
En esa línea, en Full Camping –una empresa que vende alrededor de 50 vehículos recreacionales cada año– están trabajando con diseñadores nacionales para tener una versión local del camper truck: una estructura tipo casa rodante (con cocina, baño y todas las prestaciones necesarias) que se instala rápidamente sobre cualquier camioneta 4x4.
Aunque una de esas soluciones puede costar unos $17.000.000, la idea en Full Camping es desarrollar un producto más barato y con menos lujos, pero que cumpla con las expectativas del segmento 35-45 años, ávido por manejar un vehículo recreacional, sin tener que esperar la jubilación.
Hoy, los principales actores se han organizado en torno al Camping Fest, la primera feria de camping y vehículos recreacionales de Chile. Su última versión, de gran concurrencia, se realizó hace un mes y medio en el Parque Padre Hurtado de La Reina. La idea es potenciar, tanto para chilenos como para extranjeros, este tipo de turismo.
Una forma de viajar, habría que agregar, más libre: sin horarios, sin límites, incluso sin destino.
Es la gracia del cuento: basta que te subas para que empiece la función. Hay entradas disponibles. •••
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