Desesperante, insoportable, irritante, agobiante, exasperante. Estos son sólo algunos de los apelativos -tal vez los más suaves- que pueden dedicarse a un mal jefe, a uno de esos que crea mal ambiente en la oficina, que ni trabaja ni deja trabajar.
Apunte uno nuevo para la lista: perjudicial para el corazón. Y no lo pronuncie en sentido figurado; un equipo de investigadores suecos asegura que tener un superior de estas características aumenta las posibilidades de sufrir un problema cardiovascular.
Durante aproximadamente una década, estos científicos estudiaron la experiencia laboral de cada participante, analizando cómo se sentían en su entorno de trabajo, entre otras variables. Además, controlaron si sufrían algún problema de salud, prestando especial atención a la existencia de cardiopatías isquémicas, un trastorno que se produce cuando el flujo sanguíneo que llega al corazón no es suficiente (cuando esta interrupción es duradera tienen lugar los infartos). Y al analizar sus datos, comprobaron que había más casos de problemas cardiovasculares entre aquellos que manifestaban sufrir a un mal jefe.
Aunque los científicos no han podido aclarar las posibles causas de esta relación, sí sugieren que la clave puede estar en el estrés que sufren los empleados sometidos a una dirección poco adecuada, un factor que en otras ocasiones ya se ha señalado como capaz de elevar riesgo al corazón.
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