2016/01/04

¿Se recuperará la economía?

Los casos reñidos con la ética y probidad marcaron 2015 y ello ocurrió en un nuevo año de pobre crecimiento. ¿Se podrán recuperar las confianzas y el PIB? Diez protagonistas de la economía local dan sus respuestas.

Por Diario Financiero
¿Se recuperará la economía?
NINGUNA LEY SUSTITUYE LA DECENCIA
PATRICIO WALKER PRIETO, PRESIDENTE DEL SENADO.
No todo es ni será implementar medidas y normas que eleven los estándares de probidad y transparencia. En medio del complejo año 2015 en que vivimos una durísima crisis de credibilidad y confianza en la política, en el manejo de las empresas y en las instituciones, tuvimos que asumir que no es posible construir un país que busca el desarrollo y el bienestar de sus ciudadanos, si esto no se hace con la ética como baluarte y, al mismo tiempo, con la determinación de que quien no cumple será sancionado con decisión.
En el Senado se han aprobado leyes y están en tramitación unos cuantos proyectos que aspiran a que las cosas se hagan de mejor manera. Pérdida del cargo para quienes hayan ganado elecciones con trampa; límite a la reelección; se impondrán sanciones al cohecho; rigurosas declaraciones de patrimonio y estrictas normas para impedir los conflictos de intereses; reforzamientos externos para la comisión de Ética de la Cámara Alta; autonomía del Servel; financiamiento público de los partidos políticos con el requisito de reinscripción para una justa asignación de recursos y garantizar el acceso a la información pública, por mencionar algunas iniciativas. En fin, medidas que se van implementando y que, sin duda, traerán importantes beneficios para el control social del trabajo de quienes estamos llamados a representar con responsabilidad a los chilenos.
Pensar sí, que estas solas exigencias harán que se recobre la confianza, es iluso y hasta complaciente. Estoy convencido de que ninguna norma sustituye la decencia y la ética, aquello que de bien chicos supimos que era bueno y malo. Y eso, se debe expresar en cada acción de los protagonistas de lo público. En el caso de los parlamentarios, nadie podría esperar que las personas confíen a ciegas, pienso que nuestros actos deben hablar por nosotros y, sin temor, estamos llamados a abrir todos los canales que se requieran para que quien lo desee acceda a la información de nuestro trabajo y que sin trabas se nos hagan las consultas atingentes. Las vías existen y en el Senado tenemos toda la disposición para seguirlas perfeccionando de tal suerte que cada persona sepa que tiene el derecho a ser y estar informado y pueda evaluar en forma permanente los compromisos de aquel o aquella por quién votó.
Recuperar las confianzas, también nos obliga a hacer el ejercicio de escuchar, de re-enfocar los radares hacia esta ciudadanía -¡en buena hora!- más consciente de sus derechos y más exigente. Los políticos, los empresarios, quienes dirigen las iglesias, los gestores del gobierno, entre otros, que no entiendan esto seguirán en problemas.
Lo que hemos vivido este año, no sólo ha sido la crisis de unos pocos, del establishment, ha sido una crisis que ha remecido al país. A cada uno, entonces, la obligación de comprometerse con el devenir del futuro y la democracia de nuestra nación. Cada chileno y chilena sabrá desde su lugar emprender una acción para participar en esta tarea de recomponer las confianzas y fortalecernos con el fin de perfeccionar la institucionalidad y erradicar cualquier atisbo de corrupción que perjudique nuestra convivencia y pueda hipotecar el país próspero que podemos ser.
UN NUEVO CHILE PRODUCTIVO
LUIS FELIPE CÉSPEDES, MINISTRO DE ECONOMÍA, FOMENTO Y TURISMO
Desde el retorno a la democracia Chile ha mostrado un sólido crecimiento económico, basado principalmente en la calidad de sus instituciones y en un buen manejo monetario y fiscal. Estas condiciones, básicas para asegurar un crecimiento sostenido, deben seguir siendo cultivadas. Pero no son suficientes. Se requiere más innovación, mayor diversificación productiva, más creatividad.
Hoy en día enfrentamos un escenario internacional mucho menos favorable que el de algunos años atrás. Lo anterior ha dejado en evidencia la vulnerabilidad de nuestra economía a los cambios en el precio de las materias primas, pero al mismo tiempo nos ha dado el impulso necesario para retomar una discusión que teníamos pendiente. El 2016 nos entrega una oportunidad única para establecer los cimientos de una nueva estrategia de crecimiento para Chile.
La esperada caída en la tasa de inversión de China reducirá la demanda por cobre, pero esto podría compensarse con un aumento en el consumo interno chino, lo que genera nuevas oportunidades para sectores como la agroindustria y alimentos procesados. Estas oportunidades son las que debemos aprovechar en el futuro a través del desarrollo de nuevos sectores productivos. Para esto estamos trabajando como gobierno, en coordinación con el sector privado, identificando aquellos sectores en donde tenemos claras ventajas comparativas, y diseñando acciones concretas para superar las fallas de mercado que impiden su desarrollo.
Nuestro crecimiento futuro también pasa por fortalecer la confianza en los mercados. En esta materia el 2016 será un año histórico, ya que esperamos la aprobación de los proyectos de ley que fortalecen la libre competencia y el derecho de los consumidores. Ambas iniciativas, lideradas por el Ministerio de Economía, son claves para perfeccionar el funcionamiento de los mercados y reestablecer la confianza de los ciudadanos.
Otro punto importante en el desarrollo de una nueva estrategia de crecimiento es que ésta sea inclusiva. Para esto es necesario democratizar las oportunidades para emprender e innovar, y es particularmente en este ámbito donde podremos ver con más fuerza los frutos del trabajo realizado hasta ahora.
Para el año 2016 los fondos de apoyo al emprendimiento serán un 50% mayores a los asignados por la administración anterior hace solo dos años atrás. Con esto estamos construyendo un ecosistema de apoyo al emprendimiento, que permita a todas las personas llevar a cabo sus ideas de negocio independiente de su origen o red de contactos. Además, el 2016 contaremos con un 20% más de recursos para el desarrollo y fomento a la innovación empresarial, incluyendo especialmente a las empresas de menor tamaño. Para el 2015 los montos certificados por crédito tributario de I+D fueron más del doble a los observados solo dos años atrás, y esperamos que continúen en aumento durante el 2016.
El reciente reconocimiento de la OCDE a nuestra política de desarrollo productivo confirma que vamos por el camino correcto, y la recomendación explícita de desplegar por completo nuestra Agenda de Productividad es una clara señal de confianza. El desafío ahora es transmitir esa confianza a todos los ciudadanos y hacerlos parte de esta nueva estrategia de crecimiento para Chile.
EL IMPACTO DE LA ENERGÍA EN LA ECONOMÍA
MÁXIMO PACHECO, MINISTRO DE ENERGÍA
Los fríos números del PIB indican que el sector energético chileno tiene una participación cercana al 3% de la economía. Este indicador no representa adecuadamente la importancia del sector, dado que el 18% de los insumos que se utilizan en la producción del país corresponden a productos del sector energía.
La importancia del sector ha crecido en los últimos años. Según datos de la Corporación de Bienes de Capital (CBC), el principal sector en intensidad de inversiones es el energético desde la segunda mitad del 2015.
Es evidente que los precios de la electricidad en Chile afectan la capacidad de desarrollo del país. El precio de la electricidad no sólo impacta a la economía doméstica, sino que también juega un papel central en la posición competitiva del país en el comercio internacional. En primer lugar, afecta a los hogares, disminuyendo su ingreso neto. En segundo lugar, mayores precios impactan la estructura de costos de las empresas, afectando la producción, las exportaciones, la inversión, el empleo y el consumo.
En un reciente libro de la Universidad Alberto Hurtado, titulado "Economía y Energía: la experiencia chilena", se indica que un aumento del 10% en el precio de la energía eléctrica ocasiona una caída de casi 2% en la inversión, caídas entre 1% y 2% de la productividad laboral, y reducciones del PIB de 0,2% y hasta en 0,6%.
Al respecto, en las licitaciones de septiembre de 2015, el precio promedio fue un 40% más barato respecto del proceso del 2013. A esto se suma que los costos marginales promedio en el Sistema Interconectado Central cayeron de US$ 149 MWh en 2013 a US$ 99 MWh en 2015.
En marzo de 2014, al asumir como gobierno, había un total de 28 centrales en construcción con 1.900 MW y el 34% correspondía a energías renovables no convencionales. Al cierre de 2015, había 53 centrales en construcción con 4.200 MW y 47% de ellas funcionarán con fuentes renovables no convencionales. De este modo, con un monto de US$ 13.000 millones sumando generación y transmisión eléctrica, Energía es el sector con mayor inversión en la economía chilena y el número uno en inversión extranjera. Tenemos hoy en construcción 2.100 kilómetros de líneas de transmisión eléctrica para transportar la energía limpia, reducir las cuentas de la luz y contribuir a una mayor productividad de nuestra economía.
Como sociedad, hemos puesto a la Energía en el sitial que le corresponde. El Estado puede hacerlo y lo ha hecho de la mano del sector privado, de las ONG, de las universidades, de las comunidades y de los líderes sociales. Nuestro orgullo no es sólo con las obras de inversión o con el quiebre de tendencia en los precios, sino que por sobre todo con el esfuerzo humano que todos juntos hemos desplegado.
Cuando el país enfrenta sus desafíos de este modo, el diálogo nos muestra toda su fuerza creativa y su valor. Somos mejores en cuanto a tolerancia y respeto a la diversidad cuando dialogamos con respeto, con fundamentos, con lenguaje sereno y adecuado. Este es el Chile que queremos.
SANO AJUSTE, CONFIANZA Y CRECIMIENTO
ALEJANDRO MICCO, SUBSECRETARIO DE HACIENDA
La historia de un país se escribe en trazos gruesos y también en delgadas líneas. Escribir un balance de lo que fue 2015 para la economía y para la sociedad chilena pasa por mirar y analizar las líneas gruesas y también las más finas. No sólo para dar una correcta conclusión de los hechos, sino también para sacar los aprendizajes para el futuro.
Si bien es importante constatar que la economía chilena ha mostrado una gran resiliencia a los embates externos, el ritmo de crecimiento no nos deja conformes. También nos deja un sabor amargo el impacto de los escándalos que salieron a la luz pública en la confianza de los ciudadanos en el mundo político, empresarial y las instituciones.
En lo grueso, se ha consolidado un sano ajuste de la economía chilena a una situación externa adversa. Es un hecho que la economía mundial no nos acompañó en 2015. La economía china ha mostrado fuertes signos de inestabilidad: alta volatilidad de sus mercados y ajustes a la baja de su crecimiento de mediano y largo plazo han influido en forma drástica en el precio del cobre que es por lejos nuestro principal bien de exportación, el 40% de nuestros envíos totales al exterior. El efecto de la inestabilidad china ha impactado en toda Latinoamérica, que también es parte importante de la demanda por nuestros productos. Estos efectos negativos desde el exterior han sido compensados en forma muy parcial por el mayor crecimiento en EE.UU. y la caída del precio del petróleo.
En el marco de este escenario externo más complejo, las políticas macroeconómicas monetaria y fiscal contracíclicas han permitido que el desempleo no se vea afectado fuertemente. La última tasa de desocupación de septiembre-noviembre llegó a un 6,1%, lo que es una buena noticia para las familias chilenas.
La política energética nos ha permitido revertir la falta de inversión crónica en este sector y nos deja en buen pie para este año que comienza. Esto ha permitido romper la tendencia al alza que mostraban los precios de la energía en las últimas décadas. Los resultados de los procesos de licitación de los últimos años han revertido la pasada tendencia de precios crecientes y ausencia de ofertas. Los resultados de las licitaciones de energía eléctrica el 2014 promediaron un precio de US$ 108 MWh, y en 2015 esa cifra bordeó los US$ 80 MWh, lo que está muy lejos de los US$ 130 MWh obtenidos en las licitaciones realizadas en años anteriores.
Estos resultados se han logrado gracias a los avances en materia de transmisión eléctrica y el nuevo diseño de las licitaciones de suministro de cliente regulado, que permitieron fomentar la oferta en generación y una mayor inclusión de la energía renovable no convencional. Esperamos que los precios mantengan esta senda descendente en 2016.
Nuestra política cambiaria flexible ha permitido que el tipo de cambio se deprecie en forma importante dando una clara señal de precios a los agentes respecto de cuáles son los sectores que deberán sostener el crecimiento en 2016 y los años que vienen. Pero para esto se requiere de la inversión necesaria de los privados. La confianza y las expectativas en este sentido son fundamentales.
Todos estos factores serán clave para 2016, pero no suficientes. Se requiere impulsar con mayor fuerza acciones que aumenten la transparencia y la confianza en nuestra sociedad. Esto nos permitirá crear un mejor clima en el país y así reforzar nuestro crecimiento económico y el desarrollo inclusivo.
CONFIANZA Y PRODUCTIVIDAD, LAS PROTAGONISTAS DEL 2016
ALBERTO SALAS , PRESIDENTE DE LA CONFEDERACIÓN DE LA PRODUCCIÓN Y DEL COMERCIO
Luego de un año marcado por un pobre crecimiento económico y por un clima de desconfianza e incertidumbre en el que todos tenemos una cuota de responsabilidad, desde la CPC queremos iniciar el 2016 con una mirada de optimismo, basada en la colaboración y el esfuerzo conjunto por volver a poner a Chile en la senda del crecimiento, retomando con fuerza la productividad y la inversión que durante las últimas tres décadas nos permitieron grandes logros. En ese período, crecimos al 5% y la pobreza se redujo cinco veces. Hoy no podemos conformarnos con cifras en torno al 2%.
Pero a pesar de las actuales dificultades, nuestro país sigue siendo exitoso. Sin embargo, aún no somos desarrollados y estamos lejos de serlo. En consecuencia, el crecimiento es esencial para continuar progresando, y sin él, no podremos alcanzar un desarrollo humano más alto.
En este contexto, urge construir entre todos un nuevo acuerdo en un horizonte compartido que nos permita darle un impulso a la economía. Dicho acuerdo debe estar dotado de legitimidad y ser capaz de concitar confianza, como condición fundamental para avanzar en esa dirección.
En los últimos meses, hemos visto cómo se ha ido forjando un consenso -y la CPC ha sido gran impulsora de ello- en torno a que este nuevo acuerdo se sustente en la productividad. Las cifras demuestran que hoy estamos al debe en esta materia: la productividad contribuía al crecimiento en más de 1 punto anual en la década del 90; en los últimos 15 años, dejó de hacerlo y ahora incluso resta. Nuestra productividad laboral, en tanto, es un tercio de la de Estados Unidos y menos de la mitad del promedio de los países de la OCDE.
Por tanto, la productividad debe ser nuestro norte y el gran desafío de Chile. Ser más productivos significa hacer más y mejor con los mismos recursos; aumentar las oportunidades de progreso; mejorar las remuneraciones; poner el acento en la calidad de la educación; y nos permitirá ser un país desarrollado y con mejor calidad de vida.
Durante la última versión de Enade, la presidenta Michelle Bachelet dio a conocer que 2016 será el Año de la Productividad. En la CPC acogemos con entusiasmo este anuncio y ya llevamos diez meses de intenso trabajo en la materia, desde que en abril echamos a andar nuestra Comisión de Productividad. Durante este tiempo, más de 100 empresarios han trabajado en los temas de participación laboral, desarrollo de competencias de capital humano, infraestructura, cadena logística, energía, excelencia operacional, simplificación de trámites, productividad digital e innovación. En torno a cada uno de ellos, se elabora un completo informe que contiene un diagnóstico en la materia y un conjunto de propuestas de mejoras de productividad, algunas de ellas que el empresariado proactivamente se hará cargo de implementar, y otras, que requieren cambios regulatorios o legales. En marzo, la CPC entregará al país los resultados de este trabajo.
Así como la productividad es la clave para volver a crecer de manera alta y sostenida, el fortalecimiento de la confianza también juega un rol fundamental para retomar el camino al desarrollo. Y en esto, cada uno de los chilenos debemos aportar desde nuestro rol específico en la sociedad. Las empresas, los emprendedores y los gremios debemos ser agentes de legitimidad y confianza; debemos jugar un papel protagónico en esta materia. Tenemos que cambiar el status quo, dejar definitivamente atrás las malas prácticas de unos pocos y concentrarnos en hacer las cosas bien, con apego absoluto a la ley, los principios y la ética.
Desde el gobierno y el mundo político, lo que se espera es la elaboración e implementación de políticas públicas de buena calidad, que cuenten con el rigor y alto nivel técnico de los procesos legislativos que tan buen resultado dieron en el pasado reciente. Requerimos reformas institucionales buenas, serias y responsables, que sean capaces de construir sobre nuestros logros, disminuyendo así las incertidumbres y desconfianzas.
Esperamos que 2016 sea el año del diálogo y los grandes acuerdos. Desde la CPC nos comprometemos con nuestro aporte al plan estratégico para el futuro de Chile. Sólo alcanzaremos el desarrollo si construimos acuerdos en democracia que nos pongan tras un objetivo común. La confianza y la productividad, sin duda, debieran ser las grandes protagonistas de este proceso.
HACIA UN NUEVO EQUILIBRIO
BÁRBARA FIGUEROA, PRESIDENTA CUT CHILE
Lo primero que debemos decir es que la economía no va recuperar todo su vigor en el año 2016, lo más probable es que mantenga este estado de latencia, esta espera insoportable.
Porque si pensamos desde una perspectiva postkeynesiana, poniendo al centro la demanda agregada y al centro de esta la inversión, la economía no se va a recuperar. De la combinación de políticas monetaria y fiscal para el 2016, que serán más restrictivas que el 2015, debemos sacar necesariamente la conclusión que la economía se va a mantener con una menor tasa de inversión que irá acompañada de una menor tasa de consumo, infiriendo una disminución del empleo y, con ello, de la masa salarial. Este análisis se va a ir reforzando asimismo, hasta llegar a un nuevo equilibrio que contempla un nivel de ocupación menor, un nivel salarial promedio menor, con un consumo menor y finalmente con un PIB menor, todo esto con tal de conseguir la ansiada recuperación de la inversión.
Pero esto no es el resultado de una casualidad, es la manera que hemos elegido para enfrentar el problema de la inversión, a un costo social muy grande para los trabajadores y sus familias.
La OCDE, la OIT y en Banco Mundial nos daban una receta muy distinta el año pasado, el mayor crecimiento económico, dijeron, es un requisito necesario pero no suficiente para una fuerte creación de empleo. Volver a encender el crecimiento económico también depende de la recuperación de la demanda, y esto a su vez requiere una fuerte creación de empleo y crecimiento de los salarios. Sin confianza en su trabajo y perspectivas de ingresos, los hogares seguirán siendo cautelosos sobre el consumo y las empresas seguirán siendo renuentes a invertir en capacidad productiva hasta que vean una demanda creciente para sus productos y servicios. Las economías del G-20 de los países avanzados, la gran brecha en los puestos de trabajo y el estancamiento de los ingresos salariales han limitado tanto el consumo y la inversión como fuente de demanda agregada.
Sobre el rol que juegan las finanzas, y siguiendo las recomendaciones internacionales, podríamos asumir que las confianzas o, más bien, las expectativas racionales de los actores económicos debieran tender a estabilizarse. Pues después de terminado el debate de la Reforma Laboral, vamos a saber nuevamente cuál es la institucionalidad laboral en nuestro país.
Entonces, creo que conviene distinguir que las expectativas pueden ser distintas después de la reforma laboral, pero estas expectativas van a ser ausentes de incertidumbre. Aun así el problema de la inversión está lejos de resolverse con mayores confianzas, el problema de la inversión se va a resolver por el lado de dejar caer la economía o por el lado de fortalecer el empleo y la de la recuperación de los salarios.
Creemos que en este segundo enfoque la reforma laboral va a ser decisiva, el crecimiento económico del país se va a basar en la recuperación salarial, donde el problema central de nuestra sociedad, la desigualdad tiene su origen.
REALISMO PARA 2016
HERMANN VON MÜHLENBROCK, PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD DE FOMENTO FABRIL
La necesidad de "realismo" fue un concepto que se utilizó en reiteradas ocasiones durante 2015. Sin embargo, hubo dos hechos que volvieron icónico este término. El primero fue durante el mes de julio, cuando la Presidenta de la República acuñó el slogan de "realismo sin renuncia"; el segundo, cuando el Banco Central comunicó un recorte en las proyecciones de crecimiento para el año 2016, situándolas en un rango "realista" de entre 2% y 3%.
Ambas situaciones tienen un objetivo común: "ajustar" las expectativas a un escenario peor al ideal, pero real. Esto significa que la economía chilena no crecerá lo suficiente para alcanzar la meta de desarrollo que nos permitirá satisfacer las demandas sociales que hoy anhela la ciudadanía. Esa es nuestra realidad.
En el mediano plazo, la situación no se vislumbra auspiciosa y Sofofa coincide con el Banco Central en que el rango de crecimiento para 2016 se ubicará entre 1,5% y 2,5%. Ahora, ante este escenario solo cabe hacerse una pregunta, ¿Cómo revertimos esta situación?
Estamos conscientes que el problema no es sólo económico, sino que también hay factores adicionales que han afectado la confianza de los diversos actores, por lo que creemos que la tarea debe concentrarse fundamentalmente en recuperar las confianzas. Para ello se requiere la disposición de reconocer los errores cometidos y remediarlos.
Es indudable que los hechos de connotación pública que han afectado a los sectores público y privado han facilitado el crecimiento de una sensación de desconfianza, pero la valentía de asumir las equivocaciones con transparencia y la humildad para corregir el rumbo, son un siempre positivo primer paso para empezar a modificar el camino.
Asimismo, esto requiere que las instituciones fomenten un trabajo colaborativo entre los diversos sectores, entendiendo que en el reconocimiento de las virtudes del otro se encuentran los puntos de acuerdo que ayudan a construir las confianzas que permiten seguir desarrollándose. Así, la colaboración público-privada es hoy fundamental para devolver la confianza a consumidores e inversionistas y de esta manera reactivar la economía.
Es urgente entender las nuevas exigencias de la ciudadanía y adaptarse a este nuevo entorno. Los empresarios han mostrado su disposición para asumir las responsabilidades que les recaen en esta crisis de confianza que enfrenta el país, actuando con profunda humildad y realismo, pero sin renunciar a lo que son nuestras creencias y valores.
Entendemos que la confianza es el cimiento fundacional para el desarrollo de las sociedades y el crecimiento económico es el motor que les permite seguir avanzando. Un país que crece es una nación que genera empleo, que mejora los salarios, que crea oportunidades de emprendimiento, que ofrece mejor calidad de vida para las personas y que cuenta con recursos para solucionar sus necesidades sociales, entre otros beneficios. Un país que crece busca la realización y la felicidad de las personas. Ellas se convierten en el foco y en el objetivo de toda política pública.
Sin confianza no habrá crecimiento y sin crecimiento no habrá desarrollo social.
Por lo tanto, todos debemos hacer los esfuerzos necesarios para recuperar las confianzas y reimpulsar así el crecimiento. Actuar con realismo es comprender que estos dos conceptos están intrínsecamente unidos y que es nuestra responsabilidad y obligación trabajar por que vuelvan a niveles saludables para el desarrollo del país.
PAÍS DE CONSENSO
SEGISMUNDO SCHULIN-ZEUTHEN, PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN DE BANCOS E INSTITUCIONES FINANCIERAS.
En 2015 vivimos en una "situación de vértigo" constante, que permaneció todo el año. No sólo por el número de reformas en discusión, sino por su complejidad y las potenciales consecuencias de todos conocidas. No se supo despejar la incertidumbre generada por la multiplicidad de iniciativas y cambios legales en curso y que continúan ensombreciendo el panorama para el próximo año.
En lo puramente económico, el principal desafío para 2016 es trazar líneas de acción que nos permitan robustecer la economía a mediano y largo plazo. La solidez de nuestras cuentas fiscales es un punto que debemos cuidar. El presupuesto que se envió al Congreso va en ese sentido. Si se contiene el crecimiento del déficit fiscal y se concreta la convergencia propuesta hacia una situación superavitaria, será positivo.
Pero dinamizar el crecimiento también requiere recuperar las confianzas y despejar la incertidumbre. Urge retomar las instancias de diálogo y consenso en materia de reformas y cambios legales en curso en temas de primer orden para el país. El año pasado se caracterizó por la ausencia de prolijidad en el diseño de políticas públicas en Chile, como reconoció el Ministro Eyzaguirre en septiembre. La industria bancaria comparte su conclusión en cuanto a que haber impulsado tantas reformas en forma simultánea impidió diseñarlas bien técnicamente. Los objetivos de estas iniciativas, en general, son compartidos por un amplio espectro del país. Sin embargo, no sucede lo mismo respecto a cómo se pretende concretarlos.
Para la banca, la prioridad para el año que comienza es consensuar y lograr una Ley General de Bancos que contribuya a la modernización del sector y a una sana competencia. La industria bancaria tiene una labor muy importante en la discusión técnica, con el gobierno primero y luego con el parlamento, para una ley adecuada que no sobrerregule, pero que sea de calidad y que permita mirar hacia adelante.
La conformación de comisiones de expertos como la que analizó la reforma a la LGB son espacios de discusión técnica positiva y ejemplos para otros sectores. La denominada "construcción de confianzas" en cierta medida pasa por la existencia de estas y otras instancias similares.
Mejorar las perspectivas económicas para 2016 requiere que se impulsen iniciativas en ese sentido. Es probable que enfrentemos un año con muy bajo crecimiento y que se ubique en torno a 2%. Pero, insisto, crecer más o menos se encuentra relacionado con la confianza de los consumidores e inversionistas en el futuro y rumbo de las reformas en desarrollo. Tengo la esperanza de que los distintos actores se vuelvan a sentar a la mesa, a discutir posiciones y conciliar puntos de vista. Las certezas son fruto de los consensos, el gran activo país que nos ha permitido el desarrollo estos años. Urge retomar la senda de crecimiento de la economía en beneficio de todos los actores de la sociedad.
LA ILUSIÓN DE VOLVER A CRECER: PRODUCTIVIDAD ES CLAVE
GUILLERMO TAGLE, PRESIDENTE DE ICARE
Hemos cerrado un año muy complejo, con problemas políticos, de corrupción, caída en el precio del cobre, bajo crecimiento económico, bolsas de todo el mundo rentando negativo, moneda depreciada y para cerrar el año, una "gran chambonada" en lo que se refiere a Reforma Educacional y gratuidad, que ha dejado confundidos y con una sensación de desorientación y pérdida de rumbo a un porcentaje muy relevante de la población. Cuando en este contexto se plantea la pregunta respecto de qué podemos hacer para volver a crecer, para volver a ser un país dinámico y camino al desarrollo, la primera reacción es de desconcierto y desesperanza.
Sin embargo, este contexto local e internacional tan pesimista, ha traído para Chile una luz de esperanza: 2016 Año de la Productividad. En circunstancias en que el precio del cobre baja a niveles inesperados, que los ingresos por exportaciones y la recaudación fiscal se ve deteriorada, la única solución real y de largo plazo, es mejorar la productividad; hacer más y mejor con los mismos recursos, con las mismas horas trabajadas. El gobierno ha nominado una Comisión especial para trabajar y definir políticas públicas que permitan hacernos más productivos. La CPC también ha designado un equipo de empresarios y ejecutivos que procurarán promover iniciativas que mejoren la productividad en el sector privado. En Icare establecimos un convenio con Clapes UC, para empezar a medir en forma continua los avances y progresos de las diferentes iniciativas, provocando también las condiciones para que las ideas puedan ser debidamente debatidas y analizadas. En este contexto, fue sin duda muy relevante que la presidenta Bachelet proclamara en Enade 2015 que el año 2016 será "El Año de la Productividad".
Todo esto tiene mucho sentido y urgencia, porque en el escenario de desaceleración económica local, con el precio del cobre sin perspectivas de repuntar, la única forma de volver a crecer, de volver a soñar con llegar pronto a ser un país desarrollado y moderno, es mejorando la productividad. Afortunadamente, debería ser posible, porque en muchos factores, los indicadores de productividad de nuestro país son muy inferiores a los alcanzados en el mundo desarrollado. El desafío mayor que tenemos que superar, es que si enfrentamos el tema con "trancas ideológicas", la tarea no será fácil. Por ejemplo, un factor fundamental para mejorar la productividad es la flexibilidad laboral (materia no contemplada en la Reforma en proceso). También es fundamental mejorar la calidad de la Educación (materia no contemplada en las reformas que se han propuesto hasta ahora en este tema). En el nivel escolar, la calidad de educación es vital para mejorar la vida de los ciudadanos en el largo plazo. En el nivel técnico, profesional y universitario, para mejorar la vida en el futuro más cercano.
Provocar un diálogo constructivo y con la mente abierta a escuchar buenas ideas, es clave para que el 2016 pueda dar frutos como Año de la Productividad. Hay cosas simples y de implementación inmediata, como por ejemplo, fue la eliminación del formulario de inmigraciones para entrar o salir del país. Que la población no bloquee la intersección de calles, aumenta la velocidad de circulación de las ciudades. Que los partes de Carabineros se puedan pagar por internet (no retengan el carnet y no haya que ir al juzgado de policía local correspondiente). Que las compañías de seguros no pidan una "constancia" en Carabineros para procesar el pago de un siniestro menor. Hay muchas ideas que habrá que procesar y promover. Para que el año de la Productividad cambie el rostro de Chile, hay que dejar atrás prejuicios y conceptos ideológicos y poner por encima de todo, el interés global de la ciudadanía, de la generación actual y de las que están por venir.
DISIPAR LA NEBLINA PARA AVANZAR
JUAN PABLO SWETT, PRESIDENTE MULTIGREMIAL NACIONAL DE EMPRENDEDORES
En términos metafóricos, podríamos afirmar que nuestra economía era como un auto deportivo que avanzaba a gran velocidad por la carretera, pero que de un momento a otro se encontró con neblina que le restó visibilidad y generó desconfianza en sus tripulantes, haciendo que ahora avance lento y con menos posibilidades de sortear los obstáculos del camino.
En este contexto, el gobierno está llamado a disipar esa neblina y los emprendedores contamos con herramientas para apoyar esa labor. Sin embargo es urgente promover un ambiente que genere confianzas para retomar la inversión en el sector empresarial y reactivar nuestra alicaída economía.
Este panorama no es casual. Obedece al cúmulo de reformas ideológicas impulsadas por el gobierno (tributaria, laboral, constitucional y de aguas, entre otras), que han generado dudas y suspicacias respecto de nuestro futuro. En palabras deportivas, podríamos decir que se han cambiado las reglas del juego y que se han borrado las líneas de una cancha de juego que estaba bien delimitada.
Las grandes economías del mundo son exitosas en la medida que tienen claridad y transparencia respecto de su futuro, de modo de planificar acciones y prever posibles problemas. Lamentablemente, esa visibilidad en Chile, hoy no existe.
Algunos afirman que la economía internacional no es óptima. Es cierto. La ralentización de China, el bajo precio del cobre y la recesión europea han puesto la pista más pesada a los competidores. Pero basta con mirar algunos países del barrio para apreciar que corren con más velocidad y garra que nosotros, recordándonos que el frenazo se explica en gran medida por factores internos.
El 2015 fue un año marcado por aplanadoras, peleas ideológicas e incapacidad para escuchar el sentir ciudadano, donde a algunos nos quedó la impresión que las mesas de trabajo sirven más para validarse frente a los gremios que para escucharlos realmente.
Debemos encender una alerta. El 2015 dejó una crisis integral, más allá del plano económico, con una clase media empoderada que exige demandas, grupos desafectados que muestran su descontento, baja credibilidad de los empresarios y políticos y un debilitamiento de instituciones.
Tendremos buenas noticias económicas cuando generemos confianza, cuando seamos capaces de sentarnos a dialogar y no sólo escuchar, cuando incluyamos a las pymes y emprendedores en la toma de decisiones, cuando fortalezcamos la innovación y desarrollo tecnológico y cuando valoremos la real contribución que las empresas hacen a nuestro país.
Exigimos señales claras para este 2016, de modo que todos los jugadores nos sintamos cómodos y en una cancha más justa para trabajar y desarrollarnos. Invitamos al gobierno a que este nuevo año avance de la mano con los gremios para generar un ambiente propicio para recuperar la senda del crecimiento. El gobierno debe SER y no PARECER un actor de cambio.
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