2015/11/30

El mundo en 2016 y su efecto en instrumentos

El riesgo de una inflación más rápida de lo esperado es más probable que una contracción global. Sin embargo, podemos plantear dos supuestos para el mundo.

Ashley  Kindergan
Ashley Kindergan
Editora en The Financialist, Credit Suisse.
Un poco más de lo mismo. Esa es la clase de año que 2016 promete ser, de acuerdo a la perspectiva anual Global Markets de Credit Suisse.
Los mercados se mantendrán obsesionados con el cuándo, y cuánto la Reserva Federal elevará las tasas de interés (cuatro veces a partir de diciembre por un total de 1 punto porcentual, creemos.) Nuestro equipo proyecta que el crecimiento económico mundial se levantará, impulsado por la mejora en EE.UU. y Europa, en un contexto en que las políticas de los bancos centrales divergen más, y el dólar seguirá apreciándose. 
Pero, por supuesto, hay riesgos a todos los pronósticos. Si las cosas van demasiado bien en el mundo desarrollado -particularmente en Estados Unidos- la inflación podría acelerarse más rápido de lo previsto, lo que llevaría a una política monetaria más restrictiva de lo esperado. Por otro lado, un colapso en la inversión china podría ofrecer un "choque devastador" para la economía mundial. 
Esperamos que la inflación en muchos países rebote desde los actuales mínimos en la medida en que el crecimiento mundial se acelera ligeramente y los precios del crudo comienzan a subir. Prevemos que el IPC de EE.UU. subirá desde 0,2% en 2015 al 1,4% en 2016, y de 0,1% a 0,9% en Europa y el Reino Unido. En cuanto a Japón, parece que la isla está una vez más en peligro de caer en la trampa que ha tenido tantos problemas para evitar: la desinflación. Consideramos que la inflación japonesa declinará desde 0,5% a 0,3%, siendo el próximo año positivo, pero por poco.
La sorpresa alcista
Por supuesto, siempre existe la posibilidad de que la inflación aumente más rápidamente en las economías desarrolladas, en particular en Estados Unidos. El PIB trimestral ha promediado 2,5% desde 2013, superando las estimaciones del potencial de la economía. Esto nos permite simplificar: si una economía crece más rápido que su potencial durante un período sostenido, ésta debe pasar por un bache de inflación. Con un desempleo en el 5%, EE.UU. está en pleno empleo o cerca de él, y si el mercado laboral sigue mejorando, los empleadores puede que tengamos que empezar a ofrecer salarios más altos para atraer a los trabajadores, empujando más la inflación. 
Los hogares estadounidenses también están empezando a asumir más deuda, y las estadísticas de la Reserva Federal muestran que los bancos han aumentado los préstamos a las empresas a su mayor nivel desde 2010. La inflación tiende a realizar un seguimiento de la oferta de crédito, así como el crédito crece, también lo harán los precios.
Los mercados no están preparados para un dramático aumento de la inflación. Los inversores esperan que ésta alcance un 1,89% en cinco años, muy por debajo del promedio de 2,4% de los últimos tres años. Si la inflación se acelera, las expectativas de los inversores de bonos sobre la trayectoria política de la Reserva Federal se volverían más duras, lo que lleva a una ola de ventas en bonos a más largo plazo. Aumentos de la tasa de interés más rápido de lo esperado también podría frenar el entusiasmo de los consumidores por la compra de artículos caros que podrían requerir de un préstamo.
La sorpresa bajista
Un escenario más aterrador: esto apunta a la posibilidad de que el gobierno chino y las empresas privadas reduzcan la inversión en infraestructura, maquinaria y bienes en una cantidad inesperadamente grande. 
La inversión china es ahora más grande en términos de dólares que el consumo de Estados Unidos, y el país desempeña un papel crítico en la fabricación mundial -tanto como exportador de bienes manufacturados y como importador de materias primas y equipos-. Una inesperada desaceleración en la inversión china podría provocar una recesión mundial, y los ya sufrientes exportadores de productos materias primas absorberían un golpe particularmente duro.
En ese escenario, el estímulo fiscal sería el mejor antídoto, dice Credit Suisse. Los estudios sugieren que cada punto porcentual del PIB gastado en medidas fiscales añade un 1,5% al crecimiento económico. Por desgracia, es poco probable que las grandes economías reduzcan los impuestos o aumenten el gasto, incluso a la luz de una profunda conmoción en el crecimiento. 
Estados Unidos estará en medio de una elección presidencial, y será difícil ver a los gobiernos europeos coordinando un amplio estímulo fiscal, especialmente teniendo en cuenta las estrictas normas de déficit presupuestario de la región.
Eso nos deja a la política monetaria. El Banco Central Europeo y el Banco de Japón podrían añadir poder a sus programas de flexibilización cuantitativa existentes, mientras que Estados Unidos y el Banco de Inglaterra podría comenzar otros nuevos. Además, la flexibilización cuantitativa podría apuntalar a los activos de riesgo, pero a un costo. Mientras que ésta mejora las condiciones de liquidez en tiempos de crisis del mercado, proporcionando una fuente de demanda a mercados de renta fija que se encuentran paralizados, las compras de activos masivos también tienen el efecto de reducir la liquidez en tiempos menos turbulentos al disminuir la oferta de bonos disponibles.
Los responsables de política parecen más propensos a promover las tasas de depósito negativas, cobrando a los bancos comerciales para depositar el exceso de efectivo en los bancos centrales. El Banco Central Europeo y el Banco Nacional Suizo podrían elevar aún más las tasas en territorio negativo, mientras que los bancos centrales como el Banco de Japón y el Banco de Inglaterra podrían adoptarlos por primera vez.
Mientras que las tasas negativas son buenas para devaluar las monedas, aún no han demostrado ser eficaces en la estimulación de la demanda interna. La idea de tasas negativas es que sea más atractivo prestar el dinero a que lo mantenga el banco. Debido a las preocupaciones sobre la nueva regulación, sin embargo, los bancos comerciales europeos han estado reticentes a ello, lo que significa que las empresas y los hogares no tienen incentivos para gastar en lugar de ahorrar.
La devaluación aumenta las exportaciones, pero es un juego de suma cero. Estados Unidos, que seguramente no adoptará tasas negativas, probablemente verá a un dólar apreciándose más rápido y a las exportaciones bajando si los bancos centrales impulsan más tasas negativas. "En conjunto, esa respuesta de política es poco probable que entregue un estímulo de amplia base para revertir la recesión a nivel mundial", escribe el equipo de Credit Suisse.
Con todo, creemos que el riesgo de una inflación más rápida de lo esperado es mucho más probable que una contracción de la inversión en china. Los economistas del banco esperan que la economía del gigante asiático empiece a estabilizarse en el primer semestre de 2016, y prevén un crecimiento del PIB del 6,5% para el año entrante, ligeramente por debajo del 6,8% de 2015. 
Sin embargo, dado el potencial impacto global de los problemas en China,y la posible la falta de voluntad política para responder apropiadamente, el riego por China no es algo como para ignorar.
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