La necesidad de frenar la inflación, junto a otros factores como la competitividad cambiaria llevaron al gobierno de Argentina a reducir los controles informales a la importación de alimentos y otros productos impuestos por el secretario de Comercio trasandino, Guillermo Moreno, a comienzos de mayo, cuando llamó a los supermercadistas e importadores para pedirles que dejaran de comprar alimentos al exterior. La medida provocó roces con países como Brasil, principal socio comercial argentino, cuando los camiones importadores empezaron a quedar detenidos en la frontera.
En conjunto, las importaciones de alimentos y medicamentos no superaron los US$ 2.000 millones en 2009. Pero en el primer semestre la salida de divisas llegó a US$ 6.683 millones, y el gobierno argentino consideró necesario detener la salida de dólares. El conflicto entre la Casa Rosada y el Banco Central por el pago de deuda con reservas fue determinante para que el gobierno saliera a frenar importaciones para asegurar un superávit comercial que compensara esa salida de dinero.
No obstante el contexto cambió a partir del tercer trimestre. Los precios de importantes commodities trasandinos como la soya y el maíz, aseguraban un fuerte ingreso de dólares, mientras que la salida de dinero de los bancos se detuvo.
Un nuevo escenario
"Las restricciones a las importaciones nacieron en un momento en el que el Ministerio de Economía preveía que el saldo positivo de la balanza comercial no iba a llegar a los US$ 10.000 millones", indicó el presidente de la Cámara de Importadores Diego Pérez Santisteban a El Cronista. Ese superávit comercial ya se superó en septiembre y las previsiones más conservadoras lo elevan a
US$ 12.000 millones a fin de año.
Con esos dólares asegurados y la fuga de divisas contenida, la importación le sirve al gobierno para contener la inflación creciente, percibida mayormente en la canasta de alimentos. Las importaciones ayudarían a frenar esa evolución, que suele profundizarse en los últimos meses del año. Específicamente, en diciembre se liberarían las barreras de importación, lo que expandiría la oferta y descomprimiría los excesos de demanda, reduciendo el costo de la vida.
DiarioFinanciero.com
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