Por F. Guerrera y B. Masters
Goldman Sachs salió de la audiencia parlamentaria de once horas del martes sacudido y magullado, pero todavía de pie. El asedio a ejecutivos y ex ejecutivos del banco, incluyendo al director ejecutivo Lloyd Blankfein, abrió algunos agujeros visibles en su alguna vez formidable reputación.
El rechazo de los ejecutivos de Goldman a expresar remordimientos por sus acciones antes de la crisis financiera no cayó bien en la audiencia ni en la opinión pública.
El débil desempeño de Blankfein y una supuesta falta de conocimiento de detalles clave de las operaciones de Goldman también debieran causar preocupación en un banco que trata de sacudirse la imagen de símbolo de los excesos de Wall Street.
Y la categórica negación de que actuar como intermediario entre clientes choca con las operaciones hechas con su propio dinero podría dañar más la posición de la industria bancaria, en momentos en que el Congreso reescribe las leyes que la regulan.
"(Los ejecutivos de Goldman) tropezaron y tropezaron", escribió el analista de Rochdale Securities, Richard Bove en una nota a sus clientes. "Contaron que las cosas pasan en su empresa, nadie sabe muy bien cómo pasan, quién las hace o lo que significan".
Pero el ánimo entre los partidarios de Goldman ayer era de alivio ante la falta de una "pistola humeante" en los tomos de evidencia reunida por el panel del Senado, en especial sobre los cargos de fraude, que el banco niega. Los inversionistas parecieron concordar ayer, haciendo subir las acciones de Goldman más de 2% en Nueva York.
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