De todos los resplandecientes emiratos de la costa occidental del Golfo, Dubai es lejos el más atrevido. Ahora, con la granada que acaba de lanzar a los mercados de capitales al pedir a sus acreedores un plazo de seis meses para el pago de las deudas de Dubai World, el holding estatal de bandera, ha estado a la altura de su reputación.
Lo que hizo Dubai podría ser un grave error de juicio o una asombrosa jactancia. Como sea, deja un rastro de preguntas sin respuestas que perjudica su reputación y sus ambiciones de ser el centro financiero de la región, el Singapur o el Hong Kong del Golfo.
Hoy Dubai se parece más a Argentina, pero es menos predecible; su comportamiento es de verdad desconcertante.El gobernante de Dubai, el jeque Mohammed bin Rashid al-Maktoum, pasó gran parte de este año tratando de poner su casa en orden.
El vertiginoso crecimiento de su ciudad estado, construida con dinero barato extranjero y mucha mano de obra del exterior, frenó de golpe a causa de la crisis del crédito y la consiguiente recesión.Dubai se endeudó mucho para crear una economía desvinculada del petróleo y basada en la propiedad inmobiliaria, el comercio y el turismo, acumulando un stock de deuda estimado en US$ 80.000 millones, bien por encima del ingreso nacional.
Las dimensiones y la exuberancia de su boom inmobiliario siempre fueron insostenibles. Dubai duplicó su tamaño y los precios de las casas llegaron casi a cuadruplicarse entre 2002-07. Como centro bursátil y de turismo quedó afectado por el bajón internacional justo cuando estaba logrando masa crítica.
El jeque Mohammed reaccionó pidiéndole prestado a Abu Dhabi, centralizando el poder en su corte y desplazando a sus principales lugartenientes, que habían construido un Dubai moderno siguiendo sus instrucciones.
Sin embargo, no es obvio que la forma de restablecer la credibilidad de los mercados sea acompañar estos cambios con un mensaje enigmático al diferir los pagos de la deuda y después desaparecer por un feriado de cuatro días.La razón por la que Dubai World sintió la necesidad de diferir el pago de un bono islámico por US$ 3.500 millones vinculado a su subsidiaria inmobiliaria Nakheel es un enigma, ya que tiene el dinero para cumplir sus obligaciones - a menos que sus deudas sean mucho mayores de lo declarado. Además, hasta ahora nunca se había planteado que Abu Dhabi (el socio principal y hermano mayor en la federación de emiratos, dueño del mayor fondo de riqueza soberana del mundo y con 10% de los depósitos petroleros del mundo) no fuera a respaldar a Dubai.
Pero aparentemente las autoridades de Abu Dhabi no tenían idea de que Dubai fuera a darles esta sorpresa que ya tiene consecuencias devastadoras. El costo de proteger contra incumplimientos los papeles de Dubai se ha cuadruplicado, poniendo al emirato en la misma liga de Islandia, y se rebajaron las calificaciones de sus principales empresas.
Las consecuencias del mayor costo de asegurar deudas soberana no se limitan al Golfo, sino que se han extendido a los mercados emergentes. Esto es un desastre.Algo no cuadra. ¿Porque se arriesga Dubai a tal daño a su reputación, cuando la recuperación de su modelo aún viable depende de la confianza de los mercados de capital? Una explicación posible es que la intención de Dubai fuera diferir pagos a proveedores y contratistas (práctica habitual en el Golfo) pero no a los tenedores de bonos. El emirato ha cometido errores antes; ahora necesita aclarar rápido si este es uno de ellos.
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