Francia, Alemania y el Reino Unido al menos están de acuerdo en una cosa: la necesidad de restringir las bonificaciones de los banqueros. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, va a plantear en la reunión del G20 este mes un límite al pago de bonos y ha presionado a los bancos franceses para firmar un código de remuneraciones, similar a una propuesta de los reguladores en Inglaterra.
La canciller alemana, Angela Merkel, quiere controlar el tamaño de los bancos.
Gordon Brown, el primer ministro británico, por su parte, dice que los bonos deben recompensar sólo el desempeño de largo plazo.
Es difícil pasar por alto la ironía. Para ser claros, tales incentivos son carne de cañón para los políticos, pero sólo hasta cierto punto. Después de todo, los bancos en Frankfurt, París y Londres proporcionan un atractivo ingreso tributario. Más aún, el involucramiento del gobierno desata fuertes emociones.
Los bancos que han recibido ayuda estatal, como Bank of America y Lloyds Banking Group, están tratando de repagarla, para reducir su margen de intervención.
Pero el rescate ha sido rentable: pese a todo el escándalo sobre los bonos de Wall Street, la Reserva Federal ha obtenido ganancias por US$ 14 mil millones de sus préstamos a los bancos estadounidenses.También existe un desajuste entre la postura del gobierno inglés respecto de los bonos y su posición ante Royal Bank of Scotland, un banco bajo control estatal donde los bonos entregados a los ejecutivos más capacitados ha mejorado sus posibilidades de una salida rentable.
Otra ironía es que el pozo de las bonificaciones se está volviendo a llenar gracias a una consolidación frecuentemente alentada por el Estado, que ha reducido la competencia.
Si la ofensiva multilateral contra los paraísos fiscales sirve de referencia, la campaña contra los bonos podría seguir ganando fuerza. Pero la “zanahoria” del bono podría ser más resistente de lo que se cree. Esto porque uno de los “garrotes” propuestos -mayores requisitos de capital para los bancos que no obedezcan- no es tan amenazante como parece.
Después de todo, el capital como una cura para la crisis ha sido escaso. Y el capital como castigo promete ser aún más escaso.
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