La gran carrera alcista del dólar terminó por ahora. La gran incógnita es si esta divisa se está tomando un descanso antes de seguir avanzando, o si esta etapa es precursora de otro período de declinación.
Sobre una base ponderada según el comercio exterior, el dólar subió 22,7% desde julio hasta su peak del mes pasado. Esta apreciación no se debió a la potencia de la economía estadounidense, sino a un fenómeno insólito: a medida que los operadores vendían activos para pagar sus deudas se veían obligados a comprar dólares, de modo que el dólar se fortalecía cuanto más se intensificaba la crisis.
La única excepción a esta regla fue el yen, cuyo desempeño suele ser aún mejor que el del dólar en las épocas en que los inversionistas están ansiosos.
Sin embargo, ahora el dólar se debilita y, desde su último peak, ha registrado una baja de 4,7% sobre una base ponderada por comercio exterior.
Esto podría deberse a que se redujo la aversión al riesgo, porque los mercados de acciones se han calmado por el momento. Pero la divisa estadounidense también está cerca de su punto más bajo en 13 años en relación al yen. Y, si bien algunos indicios de ansiedad disminuyeron, los rendimientos históricamente bajos de los bonos sugieren que la aversión al riesgo se mantiene muy viva.
Por otra parte, las acciones de Estados Unidos, especialmente las de empresas financieras, se niegan a unirse a la fiesta. Esto sugiere que la caída del dólar podría atribuirse a la preocupación que provoca la situación de Estados Unidos. Es cierto que los últimos datos sobre la economía son terribles, pero también lo son los de todos los demás. De modo que hay dos posibilidades. Una es que lo que está empujando a la baja al dólar es la ansiedad política.
La segunda posibilidad es que, aunque el desapalancamiento continúa, el dólar le parece tan sobrevaluado a los operadores que están aprovechando la oportunidad de vender. Ninguna de las dos opciones es alentadora para Estados Unidos.
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