La tempestad financiera barre a todo el mundo, de manera que los países latinoamericanos tampoco se libran por suerte de ella. Ellos han sido afectados diferentemente por la crisis financiera porque tienen diferentes bases económicas, mecanismos financieros, niveles de endeudamiento y estructuras comerciales. La continua caída de los precios de las materias primas y materiales en el mercado internacional han reducido drásticamente los ingresos fiscales de los países altamente dependientes de la exportación de materias primas y materiales como Chile, Perú, Ecuador, Venezuela, Brasil y Argentina. Debido a la recesión económica de Estados Unidos, se ha reducido bruscamente el dinero remitido por emigrantes de México, El Salvador y Guatemala. Al mismo tiempo, Brasil, Colombia, México y Argentina han sido múltiplemente impactados por la devaluación de sus monedas, el escape de fondos hacia el exterior y el altibajo de las bolsas.
En lo que va del segundo semestre, las instituciones financieras y países latinoamericanos han rebajado en repetidas ocasiones su pronóstico de crecimiento económico de la región; la CEPAL anunció días atrás que ha rebajado su pronóstico de crecimiento económico de la región latinoamericana para 2009 hasta el 2,5%, es decir, 0,5 puntos porcentuales menos que el pronóstico hecho en octubre. La confianza de la gente en las perspectivas económicas ha sufrido repetidos reveses, de modo que ya es cosa hecha la tendencia de descenso del crecimiento económico latinoamericano.
A criterio de ciertos analistas, la influencia de la crisis financiera sobre la economía latinoamericana se muestra con retraso. Algunos países de la región tenían en un principio una opinión excesivamente optimista respecto a la crisis financiera, sosteniendo que su impacto sobre sus mercados nacionales y economías físicas sería limitado, razón por la cual no han adoptado oportunamente medidas eficaces para enfrentarla. Por ejemplo, la influencia negativa sufrida por la economía física de Argentina no se mostró gradualmente sino a partir de septiembre y, aunque acto seguido el gobierno ha tomado medidas de emergencia como nacionalización de los fondos de pensión privados e incremento de las inversiones en la construcción de infraestructura, le es difícil librarse de la actual situación difícil.
Al mismo tiempo, debido a la falta de suficientes ingresos fiscales para subsidiar los productos públicos como gas y energía eléctrica, sus precios han continuado su curso de alza, ejerciendo así una presión ulterior para el alza de los precios. La devaluación en grandes márgenes de las monedas de Argentina, Chile, Brasil y México en corto tiempo ha convertido la agitación del mercado y la inflación en problemas difíciles que molestan a sus gobiernos.
Frente a la actual situación difícil, la comunidad internacional tiene que dar gran importancia y tomar acciones con audacia para impedir la extensión de la crisis; cuando aparecen síntomas de crisis en los países latinoamericanos no de grandes magnitudes económicas, hay que darles inmediatamente la mano para evitar el agravamiento ulterior de una crisis parcial originalmente controlable, impidiendo que se convierta en una crisis de toda la región e incluso del mundo entero. Entre tanto, cuando la gran baja de la temperatura de la economía ya es cosa hecha, enfrentar una serie de problemas sociales como un desempleo masivo ha llegado a ser una tarea apremiante para los gobiernos de los países latinoamericanos. Sobre la base de sinterizar las experiencias y lecciones del pasado, los gobierno, al tomar medidas, deben tomar en plena consideración los intereses vitales e impresiones de la gente del pueblo, y hacer todo lo posible para granjearse un amplio apoyo y el corazón de la gente para superar juntos los momentos difíciles.
Al mismo tiempo, hay que ver también que en los últimos años, se han reforzado la base macroeconómica y la capacidad de ganar divisas de los países latinoamericanos y se ha aumentado la reserva de divisas, lo que ha sentado una buena base para enfrentar las agitaciones financieras. Después de numerosos años de reajuste y reconstrucción, los países latinoamericanos han perfeccionado gradualmente su supervisión financiera y control de sistema, elevando así en cierta medida su capacidad para enfrentar los riesgos. Hablando en su conjunto, la influencia de la crisis financiera global sobre la economía latinoamericana está hoy todavía en una esfera controlable. Los países latinoamericanos han manifestado claramente que enfrentarán el impacto de la crisis sobre su economía, a través de un desarrollo diversificado de su economía de comercio exterior y cooperación regional. Aún en medio de dificultades, la economía latinoamericana seguirá avanzando hacia delante. (Pueblo en Línea)
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