Al mirar Argentina en materia económica, sucede algo parecido a la evaluación de la obra de un autor de best sellers. Pueden cambiar escenarios, protagonistas, circunstancias, pero el argumento siempre es más o menos el mismo. Nada resulta tan impredecible.
Bien lo sabe Horst Paulmann, uno de los empresarios que mejor conoce el mercado trasandino. Ante los últimos desequilibrios, como el paro del agro o la intención de estatizar los fondos de pensiones, el controlador de Cencosud ha recordado cuántas veces ha vivido situaciones similares en los últimos 30 años, muy convencido que forma parte de la experiencia de estar inserto al otro lado de la cordillera.
Pero no todos tienen el ánimo de afrontar el actual escenario, agudizado por la crisis financiera internacional, como un eventual deja vu. Varias firmas presentes en ese país expusieron sus inquietudes en el análisis razonado de sus resultados a septiembre entregado a la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS).
Una de ellas fue Embotelladora Andina, cuyo resultado operacional consolidado, según un estudio elaborado a fines de octubre por el departamento de estudios de Banchile Inversiones, se sustenta aproximadamente en un 12,3% en el mercado argentino.
La empresa, controlada por el grupo Said, ha seguido atentamente la exposición contable de su filial a la diferencia entre activos y pasivos por la traducción desde la moneda local al dólar.
Por otra parte, la compañía ha tomado una serie de provisiones por los juicios laborales que ha debido enfrentar, asumiendo una pérdida probable por cerca de $ 1.500 millones. Los asesores legales de Andina han asegurado a sus dueños que, en caso que se produjeran otras contingencias no provisionadas, éstas no afectarían los resultados ni el patrimonio de la compañía.
Estas diferencias contables también han inquietado a Concha y Toro, la principal viña chilena.
“En el caso de Argentina, las cuentas por cobrar en dicho país están en pesos argentinos, lo que genera un riesgo con respecto a la devaluación del peso argentino contra el dólar norteamericano. Por otra parte, una proporción de los activos que mantienen las filiales en dicho país está también en pesos argentinos, por lo cual son afectados por devaluaciones de la moneda en cuestión”, explicó la empresa a la SVS.
CCU, ligada al grupo Luksic, es otra firma sujeta al vaivén trasandino, aunque, de acuerdo a las estimaciones de Banchile Inversiones para 2008, en un tono menor al de Andina, con una representación de 5,7% del resultado operacional consolidado. La empresa mantiene operaciones significativas y experimentó el sinsabor de las crisis de fines de la década pasada y la de 2001, bajo los gobiernos de Carlos Menem y Fernando de la Rúa, respectivamente.
“No se puede asegurar que en el futuro no se produzca nuevamente un ciclo económico que afecte adversamente las operaciones de la compañía en Argentina. Igualmente el incremento de la inflación y la política de control de precios aplicada por el gobierno puede tener un efecto adverso en los resultados”, informó la empresa a la SVS.
En tanto, Falabella, que participa en el mercado trasandino a través de sus multitiendas y Sodimac, no explicita mayor riesgo en Argentina dentro de sus inversiones en el exterior, situándola al mismo nivel de países que gozan de mayor estabilidad y crecimiento, como Perú y Colombia.
“La inversión en países con riesgo mayor al de Chile implica un conjunto ponderado de riesgo mayor que el que se tendría sólo con inversiones domésticas. En oposición a lo anterior, existe la probabilidad de acceder a mejores retornos en cada uno de los mercados internacionales en que ha efectuado sus inversiones”, señaló la empresa a la SVS.
En el mercado destacan que los posibles efectos de la situación argentina son más acotados que hace seis o siete años atrás. Un ejemplo de ello es la misma Cencosud, que gracias a su expansión a Colombia, Perú y Brasil en ese lapso de tiempo disminuyó de forma importante la contribución de Argentina a su resultado operacional, pasando de 55% a 26%, de acuerdo a la estimación de Banchile.
Sin embargo, la preocupación persiste en gran parte de las firmas.
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