2018/01/08

Estados Unidos empuja al mundo a una guerra tributaria

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C. Göpel / F. Guerrero  www.pulso.cl
Ganar mayor competitividad para atraer inversiones se ha transformado en uno de los principales objetivos de las naciones en la carrera de recorte de impuestos, donde la reforma estadounidense marca tendencia.
Convertirse en la opción más atractiva para los inversionistas era la meta que perseguía Donald Trump con la masiva rebaja de impuestos que firmó antes de navidad. Su ambición es compartida por diversos países, que se han embarcado en una carrera que se traduce en reformas tributarias celebradas por las empresas alrededor del mundo, optando por arriesgar, en el corto plazo, una disminución de los recursos fiscales con tal de no quedar fuera de los flujos de inversión.
Y es que la presión que ejerció la primera economía mundial no es menor. Pasó de tener un gravamen de 39% para las corporaciones, el más alto de los miembros de la OCDE, a uno de 21%, quedando por debajo del promedio de 25% del mismo organismo.
“Hay una guerra de reducción de impuestos en curso. Los gobiernos de todo el mundo -desde la UE hasta China y Rusia, entre otros – están preparados para participar en un concurso competitivo de reducción de impuestos, y esto en respuesta a los cambios de 2017 en la política de impuestos corporativos de EEUU que entró en vigencia este año”, sostuvo tajante a Pulso Harry G. Broadman, columnista habitual de Forbes y CEO de Proa Global Partner, quien explica que “los gobiernos ven a los recortes impositivos como una estrategia para atraer inversionistas de otras jurisdicciones”.
De hecho, ese fue el argumento de Trump para defender su propuesta. “Tengo un objetivo fundamental, quiero que los trabajos y la riqueza se queden en EEUU”, señaló el ahora mandatario cuando aún competía frente a Hillary Clinton por la Casa Blanca. Aprobado el proyecto, incluso la Fed lo consideró para mejorar sus perspectivas de crecimiento para el país.

Recortes en Europa

Y aunque Trump está lejos de ser un personaje popular en el exterior, su visión en la materia se ha visto replicada en otros líderes que buscan impulsar sus economías domésticas, entre ellos Emmanuel Macron, que en su programa de gobierno incluyó la propuesta de rebajar los impuestos corporativos de Francia desde 34,4% hasta 25%.
Aunque hasta ahora el recorte no se ha materializado en un proyecto, el Presidente galo incluyó en el presupuesto 2018 reducciones de impuestos a empresas y particulares por 7.000 millones de euros a través de medidas fiscales.
En Bélgica hicieron la tarea casi al mismo tiempo que en EEUU y el 3 de enero promulgaron la ley que rebaja la tasa corporativa desde el 33% actual a 29% en 2018 y 25% en 2020.
Reino Unido se adelantó a todos y viene recortando desde la última década desde una tasas de 30% hasta el 19% y para el final de la década debería estar en 17%.
Dinamarca también busca volverse más atractivo para los inversionistas por esta vía. Los partidos más grandes del país acordaron la reducción del impuesto a las inversiones de capital para alentar a más compañías a cotizar en Copenhague, copiando un modelo sueco y noruego.

La región se suma

La Argentina de Mauricio Macri es el claro ejemplo de esta tendencia global llegó a América Latina. El pasado 28 de diciembre el parlamento de ese país aprobó una reforma tributaria cuyo pilar central contempla una baja gradual del impuesto a las empresas desde el 35% al 25%. Eso sí, el recorte sólo se aplica a las compañías que reinviertan sus beneficios.
“Justamente Argentina salió a pelear la competitividad con esa baja de tasa corporativa y todavía tiene mucho por hacer”, dice el experto tributario César Litvin, socio del estudio Litvin, Lisicki y Asociados y agrega que “lo que están persiguiendo en Perú, México y un poco Brasil con la reforma laboral, es ser razonables en el cobro de impuestos porque las inversiones van a los lugares que mejor los tratan”.
En contraste, Chile subió de manera gradual el impuesto a las empresas a 27%, y de no haber modificaciones en esta materia como la anunciada por el Presidente electo Sebastián Piñera de simplificar el sistema y devolver la tasa al 25%, nuestro país tendrá un impuesto mayor al del país trasandino.
Pese a lo anterior, según Litvin Chile es un ejemplo de baja presión fiscal porque goza de gran competitividad en lo que denomina la cuña fiscal, es decir, el costo de la seguridad social más el impuesto a las ganancias que tiene un empleador respecto de lo que le paga al empleado (la diferencia entre sueldo bruto y neto).
En cuanto a Brasil, que posee uno de los sistemas más complejos de la región, tiene una tasa promedio de impuesto corporativo de 34%, todavía se encuentra en la etapa de discusiones preliminares sobre esta tendencia.
“Si este tema avanza, no creo que la probabilidad sea alta, será necesario aumentar otros impuestos”, comenta Mauricio Oreng de Rabobank. De acuerdo al experto, es difícil que la discusión tenga alguna viabilidad: “Simplemente no hay espacio fiscal para eso en Brasil”.
De todos modos, para Oreng una discusión importante debe ser el de la complexidad tributaria, donde ya hay dos proyectos para que se pueda simplificar.
Perú es otro de los que se quedó estancado en la promesa del recorte, durante su campaña Pedro Pablo Kuczynski había señalado la idea de reducir desde el 29,5% al 17,5%, pero nada de eso vio la luz, ni tampoco la idea de bajar el IVA en tres puntos porcentuales.

¿Vale la pena?

Si el objetivo es estimular el crecimiento, este es el camino correcto según Litvin, quien destaca que “por ejemplo en Argentina con esta reforma tributaria la intención es atraer inversiones, para crear empleo y para que se genere mayor crecimiento económico”.
Sin embargo no todos están de acuerdo. “Esta es una carrera estúpida en el fondo. Son políticas que usan recursos fiscales escasos. Además, impuestos corporativos más bajos, en sí mismos, hacen poco para atraer los flujos de inversión a una oportunidad comercial que no es atractiva”, sostuvo Broadman.
Por su parte, Brigitte Alepin coautora de Winning the Tax Wars, destaca que “los países en desarrollo y los mercados emergentes son los más afectados por la competencia fiscal. Deben mantenerse fuertes y mantener abiertos los canales de comunicación”.
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