2015/11/27

La Economía que espera a Macri

Por: Rodrigo Cerda N. y Felipe Larraín B.
ClapesUC
Mauricio Macri, el político de centroderecha vencedor en las elecciones de Argentina, no la tiene fácil. De hecho, ambos candidatos sabían que el panorama en materia económica sería muy difícil. Pero Macri fue más claro al respecto y logró que los argentinos entendieran la necesidad de un cambio. La crisis del Banco Central trasandino y la necesidad de varios ajustes –algunos probablemente dolorosos para la población– están entre las prioridades de su agenda para cuando asuma este 10 de diciembre. Macri sabe que no tiene tiempo que perder.
La situación económica es prácticamente de estancamiento: el país crecería cerca de 0,5% en 2015 y caería en 0,8% en 2016 (de acuerdo a las proyecciones del FMI). Además, el déficit fiscal estaría en torno a 5 puntos del PIB y la deuda pública llegaría a más de 50 puntos del PIB. Adicionalmente, desde julio de 2014, Argentina está en incumplimiento parcial de pagos de su deuda al fracasar las negociaciones con los tenedores de bonos (entre ellos, los fondos buitres). Esto impide su acceso al mercado de deuda internacional desde esa fecha. Ante la escasez de reservas internacionales, parte del déficit fiscal puede terminar financiándose mediante la emisión de dinero y, por lo tanto, vía inflación. De acuerdo al FMI, la inflación se aceleraría desde algo más de 15% en 2015 a cerca de 25% en 2016. De ahí que Argentina necesita reducir su déficit fiscal a valores sostenibles, así como regresar al mercado de deuda internacional, y para poder logarlo necesita implementar –tal vez gradualmente– algunas medidas poco populares tal como reducir los subsidios que se entregan a precios regulados (como por ejemplo las tarifas de los servicios públicos en el área metropolitana), entre otras cosas.
Crecer a veces duele. Sin embargo, si el gobierno de Mauricio Macri logra salir adelante, bien podría ser su segundo triunfo y sus efectos serán percibidos más allá de las fronteras del país trasandino.
Además, hay un claro desajuste en el mercado cambiario. Mientras el tipo de cambio oficial está en valores cercanos a 10 pesos por dólar, el tipo de cambio paralelo (blue) se encuentra en valores 50% más altos y los futuros a enero de 2016 muestran un tipo de cambio a 16 pesos. Estos desequilibrios cambiarios eventualmente se sostienen cuando el Banco Central tiene las reservas suficientes para hacerlo, y si bien el Banco Central de la República Argentina (BCRA) tiene cerca de 26.000 millones de dólares en reservas (4,5% del PIB), parte importante de estas reservas estarían comprometidas para pagar préstamos a China, Francia, Aladi, Brasil y otros acreedores, por lo que las reservas de libre disponibilidad parecen ser muy pocas. Esto complica la mantención del tipo de cambio oficial en el corto plazo, sobre todo si se considera que el BCRA habría estado perdiendo reservas a un ritmo de casi 600 millones de dólares por semana en el último mes. La devaluación es un fantasma que ronda hace tiempo en Argentina; que hoy parece estar más presente, pero no sólo por el cambio de administración, sino que porque las reservas han ido disminuyendo paulatinamente y existen dudas acerca de su real magnitud. Sin embargo, lo lógico es la unificación y liberación del tipo de cambio, con lo cual el punto de equilibrio probablemente esté entre ambas tasas (oficial y blue), en la medida en que el nuevo gobierno logre asegurar un ordenamiento fiscal.
Argentina necesita retomar el impulso en su crecimiento económico; esto le permitirá entre otras cosas, aumentar sus ingresos fiscales, disminuir su déficit y financiar de forma sostenible expansiones de gasto social, lo que además le otorga gobernabilidad. Pero retomar el crecimiento económico no es fácil en un contexto en que los precios de commodities están cayendo, lo que afecta directamente a Argentina debido al precio de la soja (su principal commodity exportable). Ante ese escenario externo complicado, se diluye la posibilidad de que sea en el corto plazo la economía internacional la que impulse el crecimiento en Argentina, y se requieren reformas estructurales internas que impulsen la productividad y la inversión. Tampoco es una tarea fácil, de acuerdo a las proyecciones del FMI, la tasa de inversión en Argentina estaría fluctuando cerca del 15% entre 2016 y 2020. Bastante lejos del 20% de 2014. Impulsar la inversión requerirá reglas del juego claras y eliminar distorsiones de precios relativos. Esto último no es nada de fácil, porque afecta precisamente a los beneficiados por estas distorsiones de precios.
Estos tremendos desafíos requieren un buen manejo político, implementación gradual y de cara a la ciudadanía. Los beneficios a mediano y largo plazo parecen generar consenso; pero, sin duda, los ajustes impactarán a la ciudadanía que debería ver reducir los subsidios y diversas ayudas estatales que hoy reciben. Crecer a veces duele. Sin embargo, si logran salir adelante, bien podría ser el segundo triunfo de Macri y sus efectos serán percibidos más allá de las fronteras del país trasandino. ¡Gran tarea económica y política por delante! •••

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