“En la Democracia, se gana y se pierde”
“En la Democracia, se gana y se pierde”. Con esta expresión me encontré el día de hoy al leer como habitualmente lo hago, la prensa mexicana. Se hacía referencia a la discusión que hoy en día preocupa a todos los mexicanos y que en caso de que no sea así, debería de preocupar: LA REFORMA HACENDARIA.
Nuevamente caemos en los absurdos que en nada ayudan a esta democracia que tantas veces oímos que existe, pero que sin embargo a veces no se encuentra palpable o pareciese irreal; no hay acuerdos entre los principales partidos políticos, se acusa de negociaciones previas e incluso abandonan la tribuna con el argumento de que son asuntos que ya tienen un “final escrito”; pero en el fondo del debate, estamos los mexicanos, aquellos mexicanos que ansiamos una reforma que nos beneficie, que nos lleve a condiciones económicas más prósperas y con miras a un futuro que no refiera por algún motivo a la pobreza.
En una verdadera democracia, todos debemos ganar y me refiero a todos los gobernados que apostamos y creemos en esa forma de gobierno, e incluso aquellos que consideran que no es una forma perfecta y que sin embargo creen en México y apuestan parte de su patrimonio en un beneficio colectivo a través de los impuestos que sufragan, con las esperanzas de construir un país mejor y que les brinde las condiciones necesarias para planear su futuro y el de sus familias.
En este momento es cuando más necesitamos a nuestros representantes, aquellos funcionarios que han sido designados por nosotros, a través del voto libre para velar por nuestros intereses. Por ello, no deberán sobreponerse caprichos partidistas o políticas contrarias al gobierno actual, por encima de los intereses del pueblo y de su beneficio; siempre es el momento para reflexionar y encaminar nuestra actuación en un bienestar colectivo y de la nación en su conjunto.
La reforma fiscal ha sido modificada en diversos aspectos que atienden a las necesidades de la población; para ello, ha sido necesario llegar a acuerdos con las distintas representaciones políticas que deben velar por los intereses generales; sin embargo, cabe cuestionarse si las modificaciones conseguidas atienden a improvisaciones sin análisis y reflexión en cuanto al futuro de México, es decir: una reforma fiscal no puede concretarse con improvisaciones de último momento, ya que las consecuencias podrían ser catastróficas.
Más allá de una política meramente recaudadora de ingresos, deberá concretarse la reforma en regular prácticas que contribuyan a simplificar el pago de los contribuyentes, en ejercer las facultades de comprobación con aquellos contribuyentes que no respondan a su obligación de manera proporcional y equitativa, crear condiciones propicias para que México sea un país que pueda recibir inversión, así como velar por que la carga fiscal se distribuya como deba ser, es decir, no dejar nada a improvisaciones y ocurrencias de último momento.
Sin duda alguna, habrá una diversidad de opiniones y puntos de vista respecto de cada uno de los aspectos que comprende la reforma planteada, pero sin embargo, deberán de armonizarse y alinearse con los objetivos originalmente propuestos, sin caer en políticas meramente recaudadoras o que obedezcan a prácticas no asertivas que en nada le vienen bien a México en estos momentos. Se trata de construir, de consensuar, de ceder y de amar al país en el presente y en el futuro, el cual le pertenece a nuestros hijos y a las siguientes generaciones.
A este país le vienen bien acciones como las del pacto por México, que ha sido impulsado por nuestro actual Presidente de la República, acciones que generen unidad y consenso entre los diversos actores políticos que intervienen en el curso y desarrollo del país. Es evidente que la unidad trae consigo resultados positivos y ciertamente siempre se reflejará en acciones a favor de la colectividad.
@Fschutte
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