Algunos se adelantaron a su época, otros jamás registraron su invención. Por una u otra razón, los siguientes ingenieros, científicos, músicos y empresarios no recibieron los millones de dólares que cualquiera imaginaría amasarían dentro de su fortuna por ser el nombre detrás de famosos, populares y emblemáticos productos.
A continuación presentamos a cinco de los desafortunados:
1. Mouse

Autor: Douglas Engelbart
En 1968, ante un grupo de expertos de informática, el ingeniero presentó lo que actualmente se conoce como el mouse. Sin embargo, Engelbart -que falleció el 2 de julio de 2013- se adelantó a su época: desde la década de los ’80, cuando el uso del dispositivo explotó gracias a la proliferación de los computadores, la patente ya se había vencido, por lo que no percibió ingresos por ser su creador. Por lo menos su trabajo sí fue reconocido, ya que en 1997 recibió el premio Turing de las Ciencias de la Computación.
2. LEDs

Autor: Nick Holonyak Jr.
El estadounidense inventó el primer LED en 1962, cuando trabajaba para General Electric. Ese año incluso predijo que esa tecnología reemplazaría a las ampolletas de Thomas Edison. Al igual que el caso anterior, el llamado “padre del diodo emisor de luz” creó su emblemático producto décadas antes de su uso masivo, por lo que actualmente se gana la vida dictando clases en la Universidad de Illinois.
3. Post-It

Autores: Spencer Silver y Art Fry
Se declaran “acomodados”, pero no ricos. Claro que es una percepción subjetiva. Silver y Fry inventaron los Post-It en 1968, por pura casualidad, mientras trabajaban para 3M. La compañía lanzó el producto al mercado en abril de 1980 y todo lo que vino después es historia: los Post-It son uno de los cinco artículos de oficina más vendidos en EEUU.
4. Aguja de tocadiscos de zafiro

Autora: Marie Killick
Si bien la ingeniera en sonido inventó esta tan utilizada aguja de tocadiscos de zafiro, no logró obtener la licencia de la misma. A pesar de varios años de procesos judiciales, Killick no recibió ingresos por su producto. Recién en 1958 ganó una demanda contra la firma de electrónica Pye, pero ésta quebró al año siguiente.
5. Máquinas de karaoke

Autor: Daisuke Inoue
En este caso, no es que la patente se venciera, sino que a su creador jamás se le ocurrió registrarla. El músico y empresario japonés tocaba la batería en un bar, mientras los asistentes cantaban con un micrófono. Como una noche Inoue no alcanzaría a llegar a un evento, grabó la melodía de las canciones. Desde principios de los ’70 el karaoke se empezó a volver popular.
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