2013/04/22

Argentina puede evitar la catástrofe


Por HAL SINGER
Argentina está entrando en una espiral que la puede llevar al caos. El culpable es la equivocada política económica del gobierno, cortoplacista, cargada de sesgos políticos, que aviva las llamas de la inflación, ahoga las inversiones y desencadena fugas de capital en respuesta a cada mala decisión que se toma. La situación se deteriora día a día, pero Argentina no está sujeta irreversiblemente a sufrir las consecuencias de este caos. Si su gobierno actúa decisivamente, puede aún evitar este descenso a en una espiral destructiva.

El régimen de la Presidente de Argentina Cristina Fernández de Kirchner, ha copiado los métodos de una Venezuela socialista, repetidas veces a través de los años, tácticas de economía de empobrecimiento: primero, se apodera de Aerolíneas Argentinas, la empresa de líneas aéreas más grande del país, y luego en 2011, confisca arbitrariamente a YPF, la compañía petrolera; también anuncia restricciones al intercambio comercial, que requiere de los importadores un permiso por cada producto ingresado; y ordena a supermercados a congelar los precios por varios meses.

Sumado al empobrecimiento que generan, las restricciones de comercio por parte de la Sra. Kirchner, crearon una ronda de quejas en la Organización Mundial del Comercio, de México, Estados Unidos, la Unión Europea y Japón. También se esperan represalias de comercio por parte de Brasil y otros países.

Febrero fue un mes particularmente malo para el país. El Banco Mundial etiquetó a Argentina como “el país más proteccionista del mundo”. El Fondo Monetario Internacional por su parte censuró a Argentina por sus reportes deshonestos respecto de las estadísticas de inflación del país.
Si Argentina no paga su deuda, arderá Troya – y el pueblo argentino tendrá que pagarlo.
No olvidemos las repercusiones económicas que acompañaron al incumplimiento del pago en el 2001: Las inversiones internacionales abandonaron el país, el peso se devaluó rápidamente (causando un aumento en el costo de las importaciones y un aumento desmedido de la inflación), y la Argentina fue excluida del mercado internacional por varios años. El desempleo alcanzó un 25 por ciento, surgió un gran descontento civil como resultado y decenas de miles de argentinos recogían cartón en las calles para revender a las plantas de reciclaje. Los alimentos y medicamentos Argentinos eran rechazados por algunos países, por miedo a que arribaran dañados por tanto caos.

El incumplimiento de pagos puede crear un efecto dominó en otros países cercanos al incumplimiento, conduciendo a una recesión global. El incumplimiento por parte de Islandia en el 2009 ha sido considerado un factor crucial en el agravamiento de la crisis global financiera.

La destrucción forjada por el incumplimiento de pagos es mucho peor que el costo de la hipotética lucha de juicios derivados del rechazo de las propuestas de unilaterales de restructuración, en la que Argentina sostiene que podría descarrilar una victoria por parte de los acreedores “holdouts”. Sería sorprendente si Argentina, como parte de sus anteriores acuerdos con acreedores, no condicionara el pago a los llamados “exchange bondholders” en cuanto a sus derechos a buscar mejores términos, en el evento de un subsiguiente acuerdo con los “acreedores”. En suma, mantener como rehén a los tenedores de bonos para evitar el pago a otros acreedores, no lleva a nada: solamente prolonga la agonía del país y promueve el aislamiento de Argentina del resto del mundo.

Argentina tiene amplios recursos para extinguir sus deudas. A fines de Marzo de 2013, el país tenía reservas de $40 mil millones, y su deuda pública representaba el 40% del PBI. En el contexto de las reservas internacionales de Argentina, los $1,3 miles de millones adeudados a sus acreedores, son una cifra manejable.

Argentina está en una crítica encrucijada y debe elegir entre su supervivencia económica, y una efectiva e inexorable miseria. Sin embargo, aún tiene el poder de elegir el camino correcto. Si soluciona la disputa con los acreedores podría restaurar la confianza de los inversores para prestar o invertir en la Argentina, e inmediatamente se abrirían las puertas a más inversiones extranjeras, y se reducirían los costos de capital del país. Posibles futuros interesados están observando este proceso.

Para asegurar un crecimiento económico a largo plazo, Argentina debería deshacerse de las restricciones cambiarias y comerciales, el congelamiento de precios, compensar adecuadamente a inversores por los activos re apoderados, y cumplir las reglas de información del FMI. En el corto plazo, y para evitar una segura ruina económica, Argentina debería comenzar por honrar sus deudas.

La Presidente Kirchner ha usado a los acreedores como un emblema para sostener su agenda populista, retratándolos como “fondos buitres extranjeros”, aun cuando muchos de ellos son inversores y pensionados individuales. Se ha aprovechado de esta línea de argumentos por largo tiempo. Ha llegado el momento de que actúe en forma adulta y haga el duro trabajo de reconstruir el país.

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