2013/02/27

El pacto mundial ONU... lucha contra la corrupción


Gerardo SiggGerardo Sigg 
Luchita o Lucha, Lolita o Dolores! En México, por generalidad nos aproximamos de manera indiferente, como históricamente lo hemos hecho con la muerte -decía Octavio Paz: La indiferencia del mexicano ante la muerte, se nutre de su indiferencia ante la vida, y la música también da cuenta de ello: la vida no vale nada!- ya sea por falta de miedo o falso miedo o el miedo de mostrar el miedo, a la mayoría de los temas relevantes -y también los irrelevantes-, que nos representan y nos marcan como sociedad -todos los ismos, desde el inmediatismo político, el famoso tenemossismo de Ebrard, hasta el proteccionismo empresarial y privado, pasando, por supuesto, por el concepto convertido en precepto, el corrupcionismo!-, los tomamos a broma, a guasa, a burla, los comentamos -y en contadas y escasas ocasiones los debatimos con cierto grado de seriedad y rigor- como si fuera una "monada" que nos representa o representa a quienes nos representan -la lista es demasiado grande para inmortalizarla aquí y además, pecaríamos por omisión-; siempre los tratamos primitivamente -como los primates-, entre las ramas, sin llegar al fondo y asumiendo, o resignándonos, a que eso es así y no cambiará -y en qué manera lo hemos hecho parte de nuestra cultura, para muestra un botón o, mejor dicho, un botín (y no me refiero al Banco Santander): el que no transa no avanza!...ay corazón de mi tierra, no sufras más!-.
Por lo general, los temas de relevancia y trascendencia no los abordamos de manera directa, ni por su nombre y procuramos no plantearlos como problemas o situaciones que deriven en discusiones altisonantes o irritantes -platiquen bonito! decía la abuela, carreñísta de corazón!, cuando los nietos nos enfrascábamos, a nuestra corta edad, en nimiedades y discusiones enfadosas-; el mexicano, en cambio, tiene una inclinación a discurrir sobre temas que le representan situaciones agradables, atractivas, gratas, encantadoras y cautivantes -acercarse de cosas bonitas y encantadoras!, sólo baste ver los programas de televisión, en su gran mayoría, están llenos, dirían los españoles, de tías buenas y gilipolleses!!-, de esta forma, evadimos los temas torales y los perpetuamos en su estado crítico -o en un estado críptico- y, por lo tanto, los dejamos sueltos -uno de dos: los dejamos a la buena de Dios o a la del Mercado- sin respuestas, sin propuestas de solución, en una palabra -bueno, en varias- sin un Proyecto Social y/o de Nación, como pasa con los temas que no nos permiten avanzar -como la fábula, ya conocida por todos, de los cangrejos!-.

En el marco de los pactos internacionales, nacionales, regionales y locales contemporáneos, destaca el Pacto Mundial de la ONU, que, a decir del propio organismo, "diez años después...sigue siendo la mayor iniciativa mundial de sostenibilidad empresarial", y establece, como parte de su decálogo de principios, que: "Las empresas -y los gobiernos, como reciente y atinadamente lo ha asumido e incorporado en su agenda política  la Delegación Milpa Alta- deben trabajar contra la corrupción en todas sus formas, incluyendo la extorsión y el soborno"; ni de guasa, ni en broma -diríamos en México- podemos disentir de este propósito, estamos de acuerdo con él como punto de partida y, a pesar de la imposibilidadmexica de discurrir sobre él de manera sería y responsable, nos debemos preguntar ¿cómo hacerlo realidad? 

En particular y en nuestro quehacer, en relación con el tema del desarrollo urbano sustentable y ordenado -valgan las redundancias por la necesidad de insistir y recalcar-, cómo hacer para construir un organismo -un cuerpo, un instrumento compuesto de órganos interactuantes e interdependientes- cuya finalidad sea la búsqueda, la implantación y materialización del bien común, la construcción de bienes -urbanos- que nos beneficien a todos, que engrandezcan los valores urbanos de la ciudad y su riqueza -urbana, humana, económica, financiera, física, natural, etc.- y, por lo tanto, que vayan paso a paso minando la capacidad corruptiva de sus actores; que se integren dentro de los procesos y sucesos de interacción, de amalgamamiento de los diversos -y, muchas veces, contrapuestos- intereses de la sociedad en su conjunto -públicos y privados, los intereses del Estado Nación-, en los procesos de integración de acciones, programas, proyectos, presupuestos y obras dirigidas hacia la búsqueda -e implantación- y comunión impostergable del bien común. Procesos que nos lleven a escenarios en los que, en la búsqueda del bien común, todos ganemos -o, en el peor de los casos, todos perdamos, pero equitativamente y no como ahora sucede que (casi) todos perdemos y sólo un grupo, muy reducido, sale ganando- y la distribución de dichos beneficios se realice de manera equitativa y para la construcción de una organización socio-económica-urbana más competitiva y sustentable.

La lucha contra la corrupción -la Luchita contra la corrupción, paratropicalizar lo más posible el pacto de la ONU, pa’ mexicanizarlo lo más posible, pues!, para hacerlo lo más chilango posible-, la lucha contra las acciones que corrompen -que alteran y trastocan, en conjunto y realizadas por el conjunto de la sociedad- los pactos sociales, la lucha en contra de las acciones que echan a perder, depravan, dañan y pudren y, por lo tanto, hacen que huelan mal los acuerdos, leyes y programas que nos rigen en materia de desarrollo urbano, ordenamiento territorial y ecológico del DF, esa lucha! debe formar parte de la agenda política y social local, debe ser una lucha -aunque empiece como Luchita- para fortalecer y materializar acciones y entes de transparencia y rendición de cuentas gubernamentales y sociales y para el fortalecimiento de los esquemas de mejoramiento y modernización administrativa, en fin, debe ser una lucha que CO-ROMPA -en y por el conjunto de la sociedad, rompa con- la corrupción.

Existen muchas razones políticas -y administrativas- de fondo para romper socialmente con la corrupción a través de la creación de nuevos instrumentos y órganos administrativos -dentro de un marco de legalidad, competitividad, equidad y sustentabilidad- para la gestión del desarrollo urbano sustentable, el ordenamiento territorial y, por supuesto, ecológico de la Ciudad de México. Quizás, sólo uno de los problemas estructurales, pero el más evidente e impactante, radica en la alta densidad y dispersión de la legislación en materia de desarrollo urbano, inmobiliario y de la construcción, y su aplicación y autorización, en la Ciudad de México. Dicha legislación, tan profusa y dispersa, ha fortalecido, históricamente, ámbitos de regulación y gestión saturados por la ausencia de transparencia, la falta de rendición de cuentas, la desarticulación de competencias y, por lo tanto, de responsabilidades, la ineficacia e ineficiencia de sus procesos -mostrando, como alternativa, la incentivación de "otros" esquemas de gestión- y la dificultad de lograr un seguimiento y control lineal de dichos procesos, complejos y desperdigados en muchas manos y autorizaciones. La centralización administrativa ha demostrado, en muchas ocasiones, no sólo ineficiencia e ineficacia, sino también, esquemas de promoción de corrupción del conjunto de la sociedad -sintetizado por el también clásico de la cultura e historia nacional: la solución somos todos  y vulgarizado enla corrupción somos todos!-, de los actores que intervienen en la promoción del desarrollo urbano y del ordenamiento territorial y ecológico de la Ciudad de México.

Los procesos de DESCENTRALIZACIÓN ADMINISTRATIVA -vía la ciudadanización de sus organismos y en estricta observancia de la ley- y de CENTRALIZACIÓN POLÍTICA -vía el fortalecimiento en el diseño de los pactos, acuerdos, leyes, reglamentos y programas que nos rigen y, el control, evaluación y rendición de cuentas de los órganos e instituciones públicas, sociales y/o privadas que los aplican y administran-, permiten, por un lado, integrar a la estructura de gestión del territorio de la ciudad, organismos y entes ciudadanizados y descentralizados administrativamente, constituidos por equipos operativos de muy alta especialización, basados en la innovación, eficacia, modernización y, por supuesto, en la integración de los procesos de gestión urbana, en un marco de actuación por la búsqueda y materialización física, espacial y humana del bien común -y basándonos en la relevancia de la consideración esencial que supone que el desarrollo humano y económico cada vez están más vinculados al desarrollo y mejoramiento de la ciudad-, en una relación social y gubernamental de transparencia y rendición de cuentas y a través de la incorporación estructural de un esquema de gestión del territorio que enriquezca la creación de estructuras económicas legales que mejoran y promueven la riqueza de la ciudad y el fortalecimiento de su capital humano. Y, por otro lado, para el fortalecimiento de la centralización de las actividades y decisiones públicas del gobierno, fortaleciendo su posicionamiento como órgano de regulación y control, mejorando el manejo y distribución de los recursos públicos -humanos, materiales, energéticos, etc.- en aquellas actividades que requieren de la intervención gubernamental, para el garante del interés general y en el ejercicio de sus atribuciones sustantivas; asimismo, para el fortalecimiento y recuperación de la credibilidad en sus funciones, en un esquema de distribución de responsabilidades y actividades prioritarias y en un esquema de eficiencia en el manejo de los recursos urbano-administrativos.

La lucha contra la corrupción, debe prever incentivar y fomentar el desarrollo económico de la Ciudad, la implantación de un modelo de gestión urbano descentralizado, el fortalecimiento de los procesos económicos de la gestión de su territorio, la construcción de entes y/u organismos integrados por grupos de especialistas y expertos, para la promoción del más alto grado de especialización y de responsabilidad social, CO-ROMPIENDO las estructuras del modelo de prebendas y beneficios privados, que en la actualidad opera e integrando un nuevo modelo descentralizado de Eficiencia, Responsabilidad y de Estricto Apego a la Legalidad, en manos de ciudadanos responsables, íntegros y en permanente acción y Lucha contra la Corrupción.

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