2013/01/26

El turbulento viaje del Boeing 787


Boing 787Boeing se ha encontrado en el ojo del huracán después de que su avión estandarte, el 787 Dreamliner, presentara recientemente fallas importantes en las unidades que ya operan en el mundo. Las implicaciones de lo que revelen las investigaciones que siguieron podrían ser determinantes para la compañía y para la industria aeroespacial.

El primer mes de 2013 ha sido un turbulento inicio de año para Boeing. Su avión estandarte, el 787 Dreamliner, fue protagonista en una serie de incidentes en los que la aeronave se vio obligada a realizar aterrizajes de emergencia, esto debido a fallas en componentes de su instrumentación.

A partir de estos eventos, autoridades de aviación comercial alrededor del mundo, tanto de Europa como de India, Estados Unidos y Japón, determinaron que las aeronaves pertenecientes a esta familia 787 debían permanecer en tierra, esto en tanto que se llevaban a cabo las investigaciones pertinentes para encontrar la razón de estas fallas. Y hasta el momento, el destino de estos aparatos aún es incierto.

Desde su presentación en 2009, el 787 de Boeing ha causado revuelo en la aviación comercial a nivel global, y varias aerolíneas y empresas pronto realizaron pedidos de esta aeronave, construida en un 80% con materiales compuestos de fibra de carbono en lugar de aluminio, lo que de acuerdo al fabricante estadounidense le permite ahorrar un 20% de combustible, lo que suena tentador en momentos en los que este insumo sigue una tendencia a la alza.

Sin embargo, las expectativas generadas alrededor del nuevo avión, muchas de ellas propiciadas por la misma Boeing para generar interés dentro de la industria, resultaron en una carga muy pesada para la compañía. El proyecto del Dreamliner como tal representaba un reto cuya sola realización atraía la atención del sector aeroespacial y del  público.

Hasta antes de los incidentes, había 798 pedidos pendientes, y ciertamente los eventos recientes representarán un retraso más en las entregas que, de cualquier forma, habían fallado en cumplir su calendario notoriamente en los últimos tres años.

Pero más allá de esto, las fallas en el Dreamliner representan problemas mucho más complicados, esto en caso de que los resultados de las investigaciones que actualmente llevan a cabo los reguladores aéreos en el mundo revelaran problemas mayores que los de un simple corto circuito.

Escalas inesperadas


El 7 de enero de 2013, la batería en un 787 estacionado en Boston, Estados Unidos, se incendió, lo que llevó a que la Administración Federal de Aviación (FAA por sus siglas en inglés) ordenara una revisión de los sistemas críticos del avión. La situación se agravaría el 16 de enero, cuando otro Dreamliner se vería obligado a realizar un aterrizaje de emergencia en Japón, después de que se activaran las alarmas que alertaban por humo en un compartimiento eléctrico.

Finalmente, la FAA determinaría que todos los aviones 787 registrados en los Estados Unidos suspendieran sus operaciones. Esto motivó a que autoridades de otros países siguieran el ejemplo y, para el 17 de enero, todos los aviones de este modelo alrededor del mundo fueron estacionados en tierra por un tiempo indefinido.

Las pesquisas iniciales arrojaron que los causantes del problema eran las baterías de ion de litio y motores eléctricos en lugar de los tradicionales controles hidráulicos, esto debido a que los sistemas que operan con dichas baterías son de menor tamaño y más ligeros, lo que en teoría ayudaría al avión a reducir su uso de combustible.

Por supuesto, falta averiguar el por qué estas baterías se incendiaron, y los hechos que revelen las investigaciones en torno a este asunto serán determinantes para el futuro del Dreamliner y su viabilidad comercial. Sin embargo, estos resultados no sólo afectarían al avión insignia de Boeing.

Hasta el momento, la sobrecarga de las baterías de ion de litio, que hubiera indicado un error humano en lugar de un (mucho más grave) defecto de fabricación o diseño, ha sido desechada por la National Transportation Safety Board (NTSA), encargada de la verificación de la seguridad en los medios de transporte en Estados Unidos. 

Esto ha llevado a que tanto la NTSA como la FAA y los reguladores internacionales amplíen su análisis a toda la unidad de potencia auxiliar, y es ahí donde residiría un problema mucho más grave para Boeing. Para encontrar la verdadera razón de la falla, se tendría que indagar no solamente en un fabricante de toda la unidad, sino en las diferentes compañías que fabricaron los diferentes componentes del avión. 

Y es que el 787 Dreamliner no solamente fue un parteaguas en cuanto a su diseño y uso de combustible, sino también en su construcción. En tanto que los aviones se ensamblan en su totalidad en las instalaciones de Boeing en Everett, la compañía aeroespacial subcontrató a 900 firmas en todo el mundo para conseguir el 70% de los componentes del aparato. 

Al ampliar este esquema de "outsourcing", Boeing redujo la complejidad y los costos para manufacturar los nuevos aviones, pero al mismo tiempo, el encontrar defectos o problemas de una sección de avión en específico resulta más complejo. Y para muestra basta un botón: tan sólo en la unidad de potencia auxiliar, se pueden encontrar piezas manufacturadas por GS Yuasa Corporation, de Japón, la firma Thales de Francia y la estadounidense UTC Aerospace Systems.

El resultado más benéfico para Boeing sería el de una batería defectuosa, en tanto que el peor implicaría que se determinara que el uso de estas baterías en los aviones comerciales tuviera fallas inherentes, por lo que el sistema eléctrico del Dreamliner tendría que rediseñarse, además de hacer arreglos fundamentales en las unidades que ya se han entregado.

A la salida de esta edición, los reguladores encargados de la investigación aún no determinan cuál es la causa de las fallas en las baterías de ion de litio. En tanto, Boeing y las autoridades aéreas alrededor del mundo están ansiosos de que el avión levante el vuelo de nuevo, en específico la FAA, quien ya había aprobado al 787 para su operación.

Por otra parte, si se determinara que la solución al problema de las baterías de ion de litio implica un rediseño en las aeronaves, representaría también un inconveniente para otras firmas como Airbus, que también ha implementado el uso de estos componentes en su A380 Superjumbo Jet.

Mientras tanto, en todo el mundo se encuentran expectantes ante los resultados que arrojen las investigaciones en torno al 787 Dreamliner, el estandarte de Boeing que, de salir avante de esta situación, representaría un adelanto de gran importancia para la industria aeroespacial y de la aviación comercial.
Por: Gustavo Ernesto Pérez Ramírez

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