Por Peter Hakim Y los cuatro senadores, todos con posiciones de liderazgo en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, tienen razón. La OEA está pobremente dirigida, sus finanzas son precarias, y adolece de una visión orientadora. Ha mostrado deficiencias en el manejo de sus responsabilidades fundamentales, incluyendo la defensa de la democracia, los derechos humanos y la libertad de prensa. Injustamente, sin embargo, los senadores olvidaron mencionar algún logro o fortaleza de la OEA, y tampoco hicieron notar que los citados problemas no son nuevos. El fundador de Inter-American Dialogue, Sol Linowitz (un antiguo embajador ante la OEA), presentó a la Organización como “ignorada, olvidad e irrelevante”, y esto fue hace ya una generación. Es difícil recordar un tiempo en que la OEA haya gozado de una gran consideración.
Los senadores también omitieron de su relato algunos hechos cruciales sobre los trabajos internos de la organización. La OEA es una creación de 34 gobiernos, incluido el gobierno de EE.UU, y está capacitado para ponerse en acción sólo cuando todos están sustancialmente de acuerdo. La OEA puede ser únicamente tan efectiva como los gobiernos quieren que lo sea. Más que cualquier otra cosa, los problemas de hoy de la OEA reflejan las profundas divisiones entre las naciones Latino Americanas y entre ellas y los EE.UU.
La mayoría de los gobiernos no se toman en serio a la OEA. Algunos son directamente hostiles. Irritado por una decisión de la Comisión de Derechos Humanos de la OEA, Brasil mantuvo a su representante en casa por los pasados 18 meses. Argentina no ha designado un embajador ante la OEA desde hace tres años. Durante algún tiempo, Venezuela ha sido una presencia disruptiva en la organización. Incluso financiando el 60% del presupuesto de la OEA y siendo su anfitrión, los Estados Unidos han adoptado un rol bastante reflexivo. Algunos lo consideran AWOL (ausente sin irse).
Los senadores podrían haber hecho lo mejor para la OEA, dirigiendo su foco el gobierno de EE.UU. y urgiéndolo a asumir una presencia más activa en la organización. Algunos temas críticos que debieron plantear a la Casa Blanca y al Departamento de Estado son:
- ¿Está EE.UU. asignando a sus mejores diplomáticos a la OEA? ¿Está animando a otros países a hacer lo mismo?
- ¿Está tomando EE.UU. parte en forma enérgica y constructiva en las iniciativas políticas de la OEA?
- ¿Está EE.UU. trabajando para contruir un soporte junto a otras naciones para los cambios necesarios en estrategia, finanzas y adminsitración? ¿Qué más podría hacer?
La OEA, después de todo, es fundamental para la diplomacia de EE.UU. en la Región. El Gobierno de EE.UU. no participa en otras organizaciones regionales. Y la Cumbre de las Américas, que reune a los líderes elegidos de la región cada tres o cuatro años, está ahora también amenazada por la falta de acuerdo entre EE.UU. y Latino América sobre cómo involucrar a Cuba. La disolución de lazos institucionales entre América Latina y EE.UU. no sería buena para ninguno de los dos.
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