La tasa de empleo tanto en Estados Unidos como en la Unión
Europea (UE), considerados por décadas los mayores polos de crecimiento y
desarrollo del mundo, se mantiene por debajo de los niveles de hace más
de cuatro años y la precariedad aumenta, en tanto que las compañías han
logrado recuperarse en gran medida.
Así lo concluye la
Organización Internacional del Trabajo (OIT) en los anexos de su informe
anual sobre el empleo en el mundo que dedica a esas dos economías
consideradas avanzadas.
Sin embargo, en ninguno de los dos casos
se ofrecen datos que se puedan celebrar: EEUU necesita crear cerca de 4
millones de empleos para retornar a los niveles previos a la crisis
financiera y económica, lo que ni siquiera toma en cuenta que "el número
de personas que buscan un trabajo crece aproximadamente en 1,5 millones
anuales.
El 42,5 por ciento de los desempleados lo son de largo plazo (de 27 a más semanas).
Del
otro lado del Atlántico, en la mayoría de países comunitarios, el paro
no deja de aumentar desde finales de 2010, con sólo 10 de los 27 socios
que han visto una reducción en sus niveles de desempleo, según el
estudio de la OIT.
De manera general, la categoría de 15 a 24 años
sufre del doble de desempleo con respecto a otros grupos de edad y ha
alcanzado picos históricos en los países del sur de Europa.
Únicamente Alemania y Luxemburgo han conseguido reducir el desempleo juvenil desde 2007.
En
lo relativo a la precariedad, el organismo técnico de Naciones Unidas
afirma que hay 42 millones de trabajadores a tiempo parcial en la UE, de
los que al menos el 20 por ciento quisiera trabajar más horas por
semana.
"En Grecia y España la incidencia del trabajo a tiempo
parcial involuntario alcanza el 58 y el 49 por ciento, respectivamente",
señalan los analistas.
Con este panorama se observa un aumento
del riesgo de pobreza y de contestación social en 17 de 24 países de la
Unión evaluados.
Mientras esto ocurre en el mercado laboral, la
OIT revela que los beneficios de las empresas en EEUU han vuelto a los
niveles de la precrisis en gran medida porque hicieron más eficiente su
producción a través de la reducción de costes, "lo que permitió aumentar
las ganancias".
A pesar de esta recuperación, "la inversión no ha
respondido" y la procedente de fuentes de negocio privadas se mantiene
un 20 por ciento por debajo de lo que estaban antes de la crisis.
Del
lado europeo, "la actividad de inversiones se mantiene débil con una
relación de inversión frente al Producto Interior Bruto (PIB) "un 16 por
ciento por debajo de su media histórica y sólo un poco por encima de su
nivel más bajo de todos los tiempos".
Este aspecto resulta
crucial en el análisis de la OIT por cuanto "la generación de empleo es
altamente dependiente de las inversiones", concluyen los autores.
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