Tras la expropiación a Repsol de un 51% de YPF, la presencia de
Eskenazi en el capital de la empresa se ha convertido en un elemento de
incertidumbre. El Grupo Petersen compró en 2008 un 25% de YPF mediante
un acuerdo que incluye un préstamo y que condiciona su devolución a la
percepción de los dividendos de la propia petrolera argentina.
"La única esperanza, desde nuestro punto de vista, es que una
compañía con un bolsillo abultado, como Petrobras o CNOOC, entre en la
estructura de propiedad tras la posible salida de Petersen", considera
Barclays en un informe.
Esta solución sería "la mejor manera de reanimar la producción" y
lanzar el necesario plan de inversión para la extracción de recursos,
señala. "En la actual estructura de propiedad, parece que vaya a ser
difícil" acometer las inversiones previstas, ya que, una vez expulsado a
Repsol, "ninguno de los accionistas tiene la capacidad para invertir
con fuerza", añade.
La opción de reemplazar a los Eskenazi por una gran petrolera
internacional forma parte, a juicio de los analistas de Barclays, de los
"usos racionales" que podrían darse a partir de ahora a YPF.
El informe también considera adecuado designar a un "tecnócrata"
como consejero delegado de YPF, lo que permitiría a la petrolera hacer
frente a las exigencias crediticias del entorno y acceder a mercados de
"dura competencia".
PAGAR EN BONOS.
Barclays cifra entre 4.000 y 5.000 millones de dólares (3.000 y
3.800 millones de euros) la compensación que, más tarde que pronto,
podría abonar el Gobierno argentino a Repsol por la expropiación de YPF.
"Es probable que no ocurra pronto", señala.
Para ello, los analistas creen que el pago podría hacerse a través
de bonos de la Administración de Seguridad Social argentina (Anses), en
vez de en efectivo. Además, ven improbable que el Gobierno argentino
lance la OPA por el 100% de YPF que Repsol reclama.
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