
Holanda apuesta por una intensa relación comercial con América Latina, dejando atrás la visión de ayuda al desarrollo como pilar de su política exterior hacia el continente.
Para el ministro de relaciones exteriores de Holanda, Uri Rosenthal, las cosas están claras: América Latina es un continente que experimenta un desarrollo económico acelerado, y, sus indicadores ya no necesitan de la ayuda holandesa.
Es la médula del documento que en pocas horas se discutirá en el Parlamento de los Países Bajos, en La Haya. Los parlamentarios debatirán sobre el cambio de rumbo anunciado meses atrás por el gobierno del primer ministro Mark Rutte respecto de la relación con América Latina, la cual pasa por el cierre de embajadas en varias países del hemisferio, entre ellos Nicaragua, Guatemala, Bolivia, Ecuador y Uruguay.
A cambio: el fortalecimiento de los consulados y embajada en Brasil, y, en Panamá la creación de lo que podría entenderse será la base de la diplomacia holandesa para América Latina, la madre nodriza de La Haya para el hemisferio latinoamericano.
En Colombia tendrá lugar “un programa de transición de la ayuda al desarrollo existente hacia un fortalecimiento de las relaciones económicas”.
“Es una visión basada en el hecho que América Latina es un continente que está creciendo, tiene mejor salud económica y no tiene tanta necesidad de programas de cooperación al desarrollo para combatir la pobreza, miseria y satisfacer las necesidades básicas de las personas”, explica Ivan Briscoe, experto para América Latina del Instituto Clengendael, con sede en La Haya.
Briscoe contextualiza que “la idea que domina esta política es que ahora hay que cambiar la estructura de las relaciones, apoyar los países de América Latina en sus esfuerzos de integrarse más en la economía global, y , mirando particularmente a una parte del continente que es América Central, apoyar la región en su combate contra la inseguridad y la criminalidad”.
La parlamentaria democristiana, Katheleen Ferrier, asume un tono más crítico: “Para decirle francamente: veo que se apunta demasiado a lo económico, solamente”.
Según Ferrier “es verdad que América Latina significa posibilidades muy grandes en términos económicos, pero hay mucho más. Hay relaciones históricas, culturales, que son importantes y que deben ser valorizadas. Una de las preguntas principales es: ¿Qué impresión da Holanda cuando cierra nueve embajadas en el mundo, y, de éstas, cinco se encuentran en América Latina? Quiero tener una respuesta del gobierno, porque sostienen que América Latina, en lo económico y comercial, es un continente muy importante”.
Briscoe: “ Una parte importante de la sociedad civil en Holanda se pregunta por el cierre de varias embajadas. Muestra cómo la visión de Holanda está cambiando, se está destacando más el despertar económico del continente que los problemas históricos de siempre: pobreza, desigualdad, exclusión, con la idea de que se están resolviendo”.
Recuerda Briscoe que “para justificar esta nueva política hubo un documento muy importante que se produjo hace dos años, cuando se dijo que la política de ayuda al desarrollo de Holanda necesitaba focalizarse más en unos pocos países con grandes necesidades. Si miramos a la nueva política de asistencia, vemos que son 15 países, la mayoría en África, que reciben el dinero y los recursos de ayuda. Es la base filosófica de la nueva estrategia. En el norte de Europa vemos la tendencia de cortar la ayuda a los países de América Latina, de los flujos de ayuda al desarrollo. Gran Bretaña hizo lo mismo y la Comisión Europea, algo muy importante, anunció que está cortando la ayuda al desarrollo a 19 países del mundo, 11 de los cuales son de América Latina”.
“Más nos estamos acercando a lo que es un oportunismo diplomático, alejándonos de una visión diplomática”, agrega la parlamentaria Ferrier. “Desde el parlamento digo: hay más que comercio con América Latina. Hay que buscarlas y debemos enfatizar los profundos lazos que existen entre Holanda y América Latina. En un mundo multipolar, Europa necesita compañeros fuertes, y América Latina podría ser un aliado de Europa fuerte. El gobierno holandés debe de ver esto”, señala.
De acuerdo con el documento de la cancillería holandesa, “la ayuda al desarrollo para Bolivia, Nicaragua y Guatemala finaliza”. El documento destaca que “América Latina ha desarrollado y aumentado su importancia política y económica. La influencia geopolítica y económica de Brasil es determinante como un nuevo actor de peso en el mundo. En la relación con América Latina se le dará especial énfasis al apartado económico y de comercio. Muchos países latinoamericanos representan excelentes oportunidades para las empresas holandesas”.
Briscoe matiza: “ América Latina se presenta como el continente en ebullición y movimiento, que no necesita más de la ayuda al desarrollo. Pero a pesar de las cifras maravillosas de crecimiento, América Latina sigue sufriendo problemas de desigualdad, exclusión, gran pobreza. Los problemas de desarrollo, en ciertos contextos que conllevan a extrema violencia, inestabilidad, ataques contra periodistas, activistas de derechos humanos, y problemas sociales de gran tamaño. Y esta es la realidad de América Latina. América Central está en un extremo con altas tasas de homicidio en Honduras, 70 veces más altas que las tasas de homicidio en el norte de Europa, para dar una idea del terror y miedo en el que vive la gente allí, lo mismo que en Guatemala y El Salvador, al igual que en México. Hay necesidades muy grandes”.
Ferrier agrega: “La cuestión de los derechos humanos es muy importante. Había expresado mi preocupación al haberse producido el cierre de las embajadas en Nicaragua y Guatemala, sabiendo que justamente en esos países Holanda juega un papel muy central para los derechos humanos. Lo mismo que en Colombia. Para mí es una preocupación muy grande. Por lo menos el gobierno ha dicho que va a desarrollar una visión y una política hacia América Central, con el enfoque de los derechos humanos. La conservación de la naturaleza de América Latina también debe ser una prioridad”.
En el documento del canciller Uri Rosenthal se lee que “la violencia derivada del crimen organizado es un factor desestabilizador en varios países de la región. Holanda establecerá un nuevo programa para América Central, basado en los pilares de la seguridad, estabilidad, derechos humanos y democracia. El programa será de impacto regional y deberá ayudar a combatir la inseguridad, criminalidad y desestabilización de América Central”.
Briscoe, del Instituto Clengendael: “La sociedad holandesa se pregunta si la nueva política realmente va a poder responder a las necesidades. Hay un nuevo programa para América Central, es cierto, pero para muchas ong´s y otras organizaciones, es triste que después de muchas décadas de ayuda sistemática de Holanda, se estén cerrando las embajadas en Nicaragua y Guatemala, dos países que continúan con grandes necesidades. Veremos si la decisión holandesa de cortar el grifo, ahora mismo, ha sido apropiado o ha sido prematuro”.
www.rnw.nl
Para el ministro de relaciones exteriores de Holanda, Uri Rosenthal, las cosas están claras: América Latina es un continente que experimenta un desarrollo económico acelerado, y, sus indicadores ya no necesitan de la ayuda holandesa.
Es la médula del documento que en pocas horas se discutirá en el Parlamento de los Países Bajos, en La Haya. Los parlamentarios debatirán sobre el cambio de rumbo anunciado meses atrás por el gobierno del primer ministro Mark Rutte respecto de la relación con América Latina, la cual pasa por el cierre de embajadas en varias países del hemisferio, entre ellos Nicaragua, Guatemala, Bolivia, Ecuador y Uruguay.
A cambio: el fortalecimiento de los consulados y embajada en Brasil, y, en Panamá la creación de lo que podría entenderse será la base de la diplomacia holandesa para América Latina, la madre nodriza de La Haya para el hemisferio latinoamericano.
En Colombia tendrá lugar “un programa de transición de la ayuda al desarrollo existente hacia un fortalecimiento de las relaciones económicas”.
“Es una visión basada en el hecho que América Latina es un continente que está creciendo, tiene mejor salud económica y no tiene tanta necesidad de programas de cooperación al desarrollo para combatir la pobreza, miseria y satisfacer las necesidades básicas de las personas”, explica Ivan Briscoe, experto para América Latina del Instituto Clengendael, con sede en La Haya.
Briscoe contextualiza que “la idea que domina esta política es que ahora hay que cambiar la estructura de las relaciones, apoyar los países de América Latina en sus esfuerzos de integrarse más en la economía global, y , mirando particularmente a una parte del continente que es América Central, apoyar la región en su combate contra la inseguridad y la criminalidad”.
La parlamentaria democristiana, Katheleen Ferrier, asume un tono más crítico: “Para decirle francamente: veo que se apunta demasiado a lo económico, solamente”.
Según Ferrier “es verdad que América Latina significa posibilidades muy grandes en términos económicos, pero hay mucho más. Hay relaciones históricas, culturales, que son importantes y que deben ser valorizadas. Una de las preguntas principales es: ¿Qué impresión da Holanda cuando cierra nueve embajadas en el mundo, y, de éstas, cinco se encuentran en América Latina? Quiero tener una respuesta del gobierno, porque sostienen que América Latina, en lo económico y comercial, es un continente muy importante”.
Briscoe: “ Una parte importante de la sociedad civil en Holanda se pregunta por el cierre de varias embajadas. Muestra cómo la visión de Holanda está cambiando, se está destacando más el despertar económico del continente que los problemas históricos de siempre: pobreza, desigualdad, exclusión, con la idea de que se están resolviendo”.
Recuerda Briscoe que “para justificar esta nueva política hubo un documento muy importante que se produjo hace dos años, cuando se dijo que la política de ayuda al desarrollo de Holanda necesitaba focalizarse más en unos pocos países con grandes necesidades. Si miramos a la nueva política de asistencia, vemos que son 15 países, la mayoría en África, que reciben el dinero y los recursos de ayuda. Es la base filosófica de la nueva estrategia. En el norte de Europa vemos la tendencia de cortar la ayuda a los países de América Latina, de los flujos de ayuda al desarrollo. Gran Bretaña hizo lo mismo y la Comisión Europea, algo muy importante, anunció que está cortando la ayuda al desarrollo a 19 países del mundo, 11 de los cuales son de América Latina”.
“Más nos estamos acercando a lo que es un oportunismo diplomático, alejándonos de una visión diplomática”, agrega la parlamentaria Ferrier. “Desde el parlamento digo: hay más que comercio con América Latina. Hay que buscarlas y debemos enfatizar los profundos lazos que existen entre Holanda y América Latina. En un mundo multipolar, Europa necesita compañeros fuertes, y América Latina podría ser un aliado de Europa fuerte. El gobierno holandés debe de ver esto”, señala.
De acuerdo con el documento de la cancillería holandesa, “la ayuda al desarrollo para Bolivia, Nicaragua y Guatemala finaliza”. El documento destaca que “América Latina ha desarrollado y aumentado su importancia política y económica. La influencia geopolítica y económica de Brasil es determinante como un nuevo actor de peso en el mundo. En la relación con América Latina se le dará especial énfasis al apartado económico y de comercio. Muchos países latinoamericanos representan excelentes oportunidades para las empresas holandesas”.
Briscoe matiza: “ América Latina se presenta como el continente en ebullición y movimiento, que no necesita más de la ayuda al desarrollo. Pero a pesar de las cifras maravillosas de crecimiento, América Latina sigue sufriendo problemas de desigualdad, exclusión, gran pobreza. Los problemas de desarrollo, en ciertos contextos que conllevan a extrema violencia, inestabilidad, ataques contra periodistas, activistas de derechos humanos, y problemas sociales de gran tamaño. Y esta es la realidad de América Latina. América Central está en un extremo con altas tasas de homicidio en Honduras, 70 veces más altas que las tasas de homicidio en el norte de Europa, para dar una idea del terror y miedo en el que vive la gente allí, lo mismo que en Guatemala y El Salvador, al igual que en México. Hay necesidades muy grandes”.
Ferrier agrega: “La cuestión de los derechos humanos es muy importante. Había expresado mi preocupación al haberse producido el cierre de las embajadas en Nicaragua y Guatemala, sabiendo que justamente en esos países Holanda juega un papel muy central para los derechos humanos. Lo mismo que en Colombia. Para mí es una preocupación muy grande. Por lo menos el gobierno ha dicho que va a desarrollar una visión y una política hacia América Central, con el enfoque de los derechos humanos. La conservación de la naturaleza de América Latina también debe ser una prioridad”.
En el documento del canciller Uri Rosenthal se lee que “la violencia derivada del crimen organizado es un factor desestabilizador en varios países de la región. Holanda establecerá un nuevo programa para América Central, basado en los pilares de la seguridad, estabilidad, derechos humanos y democracia. El programa será de impacto regional y deberá ayudar a combatir la inseguridad, criminalidad y desestabilización de América Central”.
Briscoe, del Instituto Clengendael: “La sociedad holandesa se pregunta si la nueva política realmente va a poder responder a las necesidades. Hay un nuevo programa para América Central, es cierto, pero para muchas ong´s y otras organizaciones, es triste que después de muchas décadas de ayuda sistemática de Holanda, se estén cerrando las embajadas en Nicaragua y Guatemala, dos países que continúan con grandes necesidades. Veremos si la decisión holandesa de cortar el grifo, ahora mismo, ha sido apropiado o ha sido prematuro”.
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