2011/12/19

La Atenta Mirada del Directorio

¿Es razonable aceptar que el directorio fue víctima de un engaño de la administración? No, cuando la simple lectura de las memorias bastaba para sospechar de la existencia de una gruesa capa de maquillaje.

Hasta ahora, las responsabilidades del escándalo de La Polar han sido centradas en cinco ejecutivos, los cuales fueron formalizados durante la semana pasada, quedando tres de ellos en prisión preventiva y los dos restantes con reclusión nocturna domiciliaria. Próximamente habrá nuevos imputados, esta vez empleados de rango medio, quedando para una eventual tercera etapa el rol del directorio de la compañía, que faltó gravemente a sus deberes.

Alegar desconocimiento de las prácticas de los ejecutivos –argumento que sin pudor han usado todos los involucrados en este fraude– no exculpa al directorio. De hecho, éste debe firmar los estados financieros de la compañía, asumiendo la responsabilidad de responder acerca de la veracidad de su contenido. Es por ello que uno de los mandatos es el deber de informarse.

Pues bien, La Polar fue “vendida” como una empresa modelo, de gran eficiencia y performance sobresaliente, lo cual le permitió en numerosas oportunidades levantar recursos del mercado de capitales. Las supuestas cifras de crecimiento de sus clientes y la sostenida expansión de sus utilidades, llevó a los fondos de pensiones y a todo tipo de inversionistas a adquirir sus papeles, financiando una empresa que en realidad siempre tuvo pérdidas, tal como señaló César Barros, actual presidente de la compañía.

Ganándole al Mercado

¿Es razonable aceptar que el directorio fue víctima de un engaño de la administración? No, cuando la simple lectura de las memorias bastaba para sospechar de la existencia de una gruesa capa de maquillaje.

Antes de pretender ser blanco de un milagro ininterrumpido, es pertinente cuestionar la veracidad de las cifras reportadas por una administración que curiosamente se mantuvo sin cambios –salvo Meszaros– desde que ingresó Southern Cross a la propiedad. ¿Cuántas empresas pueden jactarse de tener casi cero rotación en 11 años? Ahora se sabe que la inamovilidad de Alcalde, Moreno y Farah fue calculada en $8.000 millones.

El directorio debió suponer que no es creíble que a partir de 1999, esta compañía haya tenido una expansión brutal e ininterrumpida, superando largamente el desempeño de otras gigantes del retail, como Falabella. Peor, si se considera que en 1998 La Polar estaba prácticamente quebrada, siendo adquirida en 1999 por el fondo de inversión Southern Cross, de los socios Raúl Sotomayor y Norberto Morita.

Sencillamente no es factible que en poco más de diez años, la cartera de La Polar representara el 85% del tamaño de Falabella, duplicando a Ripley y superando en 70% a Cencosud. Todo ello, pese a tener ventas muy por debajo de sus competidoras. No cuadra, y el directorio debió indagar.

Tampoco es comprensible el auge de La Polar durante la crisis económica de 2009, año en que la demanda interna se desplomó 5,9%. Ciertamente, este ajuste afectó a la industria del retail, con la sola excepción de los clientes de La Polar, que siguieron aumentando.

Tildar de “Joyita” a esta empresa es, a la luz de las cifras, un epíteto demasiado mezquino. Pues se trata de una firma que, a partir de la entrada de Southern Cross, sólo creció, fue inmune a las crisis, hizo en 11 años lo que Falabella tardó un siglo. Y todo bajo la atenta mirada del directorio.

No hay que olvidar que éste es responsable de la contratación de la administración. También del modelo de negocios, de la estructura organizacional, del control de gestión, así como de la política de remuneraciones e incentivos a los ejecutivos. En síntesis, es el responsable del éxito o fracaso de una empresa.

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