De la mano con las marcas más famosas en el mercado colombiano, Avena Quaker y Promasa (hoy de su propiedad), la compañía Alimentos Polar busca un mayor posicionamiento en el país.
La estrategia de crecer se hará durante los próximos tres años e irá de la mano con inversiones por 50 millones de dólares, anunció Yeiro Muñoz, gerente de logística y abastecimiento de esta subsidiaria de la venezolana Empresas Polar, que opera en Colombia y Venezuela.
El empresario reconoció que con o sin Tratado de Libre Comercio (TLC) la empresa está comprometida con el sector agrícola, pues entre sus metas tiene la de satisfacer –como mínimo– el 85 por ciento de sus necesidades de maíz blanco, con producto sembrado en Colombia.
Además, su incursión en el mercado de alimentos balanceados para mascotas le hará fuerte contrapeso a las marcas que hasta ahora han dominado este segmento.
¿Cuál es el rumbo inmediato que lleva Polar en Colombia?
Ya llevamos 15 años en Colombia. Tenemos un complejo agroindustrial en Facatativá (Cundinamarca), que lo compone una planta de fabricación de arepas listas, una de harina de maíz precocido, una de avenas y una cuarta, inaugurada hace poco, que produce alimentos balanceados para mascotas.
¿Cómo ha crecido en este tiempo?
Con fusiones y adquisiciones; las más visibles en Colombia han sido las marcas (y los activos) de avenas Don Pancho y Quaker y Promasa, marca de harina para arepas, de amplio reconocimiento en Colombia. También, internamente, con inversiones de sus accionistas.
¿Cómo está su posición en el mercado?
En el de maíz precocido tenemos una participación del 45 por ciento del mercado; en avenas, el 60 por ciento del mercado.
Además, tenemos alianzas estratégicas con otras empresas del sector agroindustrial que ofrecen complementos a los productos, por ejemplo, la sal o el queso que acompaña las arepas. Vale la pena destacar que la marca Avena Quaker, este mes, cumplió 130 años en el mercado y hoy es propiedad de Alimentos Polar.
¿Y en balanceados para mascotas?
Arrancamos ‘en firme’ a mediados de este año con la marca Don Can y ahora, en septiembre, Don Gourmet. Son dos marcas que arrancaron con una muy buena acogida en el mercado.
Entramos a este porque es un mercado interesante; además, le sumamos una amplia experiencia en Venezuela: 50 años con balanceados para ganado y 10 con mascotas.
¿Tienen planes de inversión en el inmediato futuro?
Sí. En los próximos tres años, y con el fin de duplicar la facturación actual, invertiremos 50 millones de dólares.
El plan es crecer en cada uno de nuestros sectores; por ejemplo, ocuparemos toda la capacidad de producción de las plantas.
Es importante destacar estos planes frente a las necesidades de lograr materias primas a precios competitivos frente al mercado internacional (como el maíz blanco).
¿Estos planes van de la mano con la generación de empleo en el país?
Si hablamos de duplicar la facturación, incrementaremos los puestos de trabajo. En este momento –en Colombia–tenemos una nómina de 700 personas entre personal administrativo y de producción.
¿Cómo ve el TLC entre los Estados Unidos y Colombia?
Con o sin tratado, estamos comprometidos con el agro colombiano. Queremos que el 85 por ciento de nuestra demanda de maíz blanco (por ejemplo) sea abastecida por los productores colombianos.
Eso es parte de nuestro plan agrícola que hemos puesto en marcha en el país.
‘PEDIMOS AL GOBIERNO QUE RECONSIDERE LOS ARANCELES’
La arepa más cara se paga en Colombia, frente a otros países consumidores de harina de maíz blanco.
Alimentos Polar considera que, a pesar de que consume el total de la producción nacional de maíz, para satisfacer su demanda debe importar el cereal, pero pagando un arancel del 40 por ciento.
“Este sorprende a la luz del tratamiento que el Gobierno le da a rubros tales como el maíz amarillo y el trigo, que se manejan con franjas de precios”, dice.
Esta situación –dice el vocero de la compañía– reduce el consumo de maíz blanco y compromete la viabilidad de la cadena.
Ahora, al lograrse una reducción de este impuesto, se lograría tener un a materia prima más barata y, por ende, un precio por kilo (para el consumidor) más bajo.
Por ejemplo, un kilo de harina de maíz cuesta, al convertir a pesos colombianos, 1.173 en Suráfrica, 1.410 en Venezuela, 1.512 en Suráfrica y 1.350 en México.
En Colombia se pagan 2.800 pesos. ¿La razón? El alto costo que para los agroindustriales les representa la materia prima (maíz blanco).
Juan C. Domínguez
Economía y Negocios
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