2011/10/31

El sinceramiento económico que viene en Argentina

 
 
 
 
 
 
 
 

 

La crisis externa y presiones sobre el erario público obligarían a la Presidenta a  moderar el gasto y aceptar el alza del dólar, creen economistas. Persistirían, sin embargo, el intervencionismo y la inflación de dos dígitos.

por Mauricio Rodriguez K
Este jueves se cumplió un año del fallecimiento del ex Presidente argentino Néstor Kirchner, pero eso no quiere decir que el modelo económico del país vecino se haya ido con él. De mantenerlo se ha encargado su esposa,  Cristina Fernández, quien el domingo ganó holgadamente un segundo período presidencial, al ser electa en las urnas con un 54% de los votos.

Y aunque algunos medios transandinos han esbozado la noción de que en este nuevo mandato la señora K podría alentar un "cambio de modelo" económico, a juicio de economistas lo que viene es un sinceramiento de las políticas de gasto fiscal, dada la actual crisis externa, pero no una mayor alteración del enfoque poco ortodoxo e intervencionista de los años recientes.

La amplia -y anticipada- victoria electoral tiene su principal explicación en el alto crecimiento económico del país, que este año debiera llegar a 8,2% -según el pronóstico oficial-, en los recursos que ello le ha significado a la administración y en la fuerte política de subsidios y apoyos fiscales derivada de tales ingresos.

Aunque genera distorsiones en varias áreas de la economía, ese armado no es algo que la Casa Rosada quisiera variar mayormente, dicen los expertos.

Durante su campaña, la Presidenta Fernández prometió "profundizar el modelo, lo que sugiere una continuidad de las actuales intervenciones y políticas económicas heterodoxas", manifiesta Alberto Ramos, analista para Argentina del banco Goldman Sachs.

Pero se presume una ralentización del ritmo como se ejecuta el gasto público, a partir de las presiones que las transferencias sociales ya están generando en el presupuesto público, y "también con el objetivo de ahorrar para financiar en buena forma programas que aseguren el favor del electorado para los comicios de 2013 (parlamentarios) y 2015 (presidenciales), dice una hipótesis", señala el economista asociado del Grupo Security, Aldo Lema.

MENOR GASTO, MENOS CRECIMIENTO
"Al mirar el calendario electoral, vemos que el próximo año no hay elecciones en Argentina, además, que el escenario externo se anticipa difícil. Por eso, no debiéramos ver políticas económicas muy activas en una primera etapa del segundo período de Cristina", explica Lema. "El deseo del kirchnerismo de mantenerse en el poder es tan fuerte, que estarían dispuestos a sacrificar poder político en pro de tener municiones guardadas para las elecciones de 2013 y 2015, tal como ocurrió con el gasto tan expansivo que vimos en 2008 y 2009", agrega. "Pero esto no es un cambio de modelo, sino que una estrategia, un manejo táctico", advierte Lema.

Sucede que "el peso de los subsidios en el presupuesto ha ido creciendo rápidamente y se espera que llegue a representar un 4% del PIB este año, contra un 3% del PIB en 2009", dice Ramos. En ese sentido, no descarta que en este segundo período, el gobierno "tome medidas para focalizar la entrega de subsidios y, eventualmente, incrementar precios y tarifas reguladas para aliviar estas presiones".
El Fisco exhibió en septiembre un superávit primario de US$ 106 millones, frente a US$ 762 millones de hace un año, con un alza del gasto primario del 39,7%, frente al 27,5% de los ingresos.

En opinión de Guillermo Calvo, académico argentino de la U. de Columbia, la solución a la tensión social es condición sine qua non para enfrentar las próximas elecciones. "El ajuste fiscal tendrán que hacerlo si quieren llegar a la campaña exitosamente", indica.

Como resultado de eso y del contexto internacional, se prevé que en 2012 Argentina tendría un crecimiento bastante menor al reciente, del orden de 4%. El gobierno es un poco más optimista, pero igual predice una ralentización marcada respecto de 2011: el presupuesto 2012 se expandirá 5,1%.

MÁS INTERVENCIONISMO
Pero fiel a su estilo, aseguran los economistas, las políticas que no impliquen gasto van a continuar en la línea de hasta ahora. "Si tuviera que adivinar qué van a hacer, diría que seguirán haciendo más de lo mismo, más intervencionismo", dice Calvo. "Eso ya lo estamos viendo, con las nuevas regulaciones de que los productores de petróleo y minerales tienen que repatriar sus fondos. Seguirán con esta clase de medidas porque les ha funcionado, entre comillas. No tienen una ideología económica clara; el intervencionismo les ha andado", acota.

El efecto de ello, dice Calvo, es que se genera "la expectativa de que se van a poner más restricciones en el futuro y lo único que eso va a hacer es acelerar la salida de capitales. Con la inflación que ya tienen, una situación fiscal bastante dudosa y ahora, encima, expectativas de salida de capital, el Banco Central va a tener problemas serios para intervenir, para evitar una corrida", anticipa. Entre las intervenciones se encuentra una serie de regulaciones y tarifas fijadas que distorsionan los precios relativos, como el costo de la energía y de los servicios públicos.

INFLACIÓN Y TIPO DE CAMBIO
Sin embargo, de todas esas distorsiones, la más notoria es la inflación, que ha sido estimulada por el fuerte gasto del Fisco y que deriva en un IPC de más de 20%, según las estimaciones privadas.

La gran afinidad del ex ministro de Economía y ahora vicepresidente, Amado Boudou, con "la combinación de políticas heterodoxas y populistas", dice Ramos, no ofrece grandes perspectivas de moderación de precios. "Boudou ha pateado para el lado el desequilibrio clave de Argentina: la arraigada inflación de dos dígitos", añade.

Así, en el corto plazo, la desaceleración del gasto público pudiera reducir las fuerzas inflacionarias, pero "si el escenario externo se debilita, podríamos ver una disposición a tolerar un alza del tipo de cambio que se había resistido hasta ahora para validar bajas tasas de interés", sostiene Lema, lo cual, a su vez, estimularía esas presiones.

El tipo de cambio es otro de los factores sobre los que el mercado intenta definir el rumbo. "En el corto plazo debiéramos ver un alza significativa, acompasándose con el movimiento de las otras monedas en la región, como el del peso chileno o el real", afirma Lema.

"El rápido ritmo de apreciación real del peso argentino, si no se ajusta, podría elevar significativamente los riesgos para la economía en 2012", argumenta Sebastián Vargas, de Barclays Capital.

Las autoridades han usado el tipo de cambio, hoy en 4,2 pesos por dólar, como el ancla nominal para evitar una mayor escalada de los precios, lo cual ha conducido a esa apreciación. Pero ahora "la depreciación de las monedas de la región, en particular el real, ha exacerbado la pérdida de competitividad de Argentina, con lo cual las autoridades debieran acelerar el ritmo de caída del peso en el curso de 2012", explica Ramos.
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