2010/09/19

La economía de América latina avala el optimismo

Nuestra región aprovechó esta década para incrementar su tasa de ahorro, acumular reservas y reducir su deuda.

PorRicardo Arriazu ECONOMISTA



El desempeño económico de América latina durante la última década fue bastante impresionante y se reflejó en una elevada tasa de crecimiento de la producción de bienes y servicios, la disminución de la tasa de inflación promedio de la región, las mejoras en la tasa de ahorro e inversión, la disminución del desempleo y del endeudamiento externo, mejores saldos de la balanza comercial externa y el fortalecimiento del valor de la mayoría de las monedas de la región en relación al dólar estadounidense. Detrás de este comportamiento se esconden tendencias que vislumbran un desempeño futuro aun más promisorio, pero se ocultan también algunos peligros.


La mejora en la tasa de crecimiento de la región en realidad se inició en la década de 1990, cuando la tasa de crecimiento promedio del PBI (3,3%) más que duplicó la de la década anterior. Esta tasa de crecimiento se redujo marginalmente durante la última década (al 3,2%), pero esta declinación está explicada en su totalidad por el impacto de la crisis mundial que se inició a mediados de 2008. Este elevado crecimiento alcanzó a casi todos los países de la región (la única excepción es Haití) y alcanzó su pico en Panamá y en Perú (Chile perdió su liderazgo en esta década).


Nuestro país registró una elevada tasa de crecimiento, aun incluyendo la recesión del período 2001-2002, y el crecimiento en Brasil fue un poco inferior al promedio de la región, y menor al de la Argentina. Este comportamiento favorable de la región se acentúa cuando observamos el PBI medido en dólares corrientes. En este caso, la tasa de crecimiento acumulada durante la última década (casi 120%) supera ampliamente la de la década anterior (80%) y triplica la de la década de 1980. Sin embargo, la medición en dólares altera completamente el ranking de tasas de crecimiento en la región: Ecuador muestra la mayor tasa de crecimiento durante la última década (289%), seguido de cerca por Brasil, Colombia y Perú, mientras que nuestro país ocupa el último lugar (21%). En esta medición, la tasa de crecimiento en Brasil supera a la de nuestro país en una proporción de casi 10 a 1. Este sorprendente resultado claramente refleja la devaluación del peso argentino en 2002 y la apreciación del real durante los últimos años, y explica en gran medida por qué las empresas brasileñas adquieren con facilidad las empresas argentinas.


Como resultado de este comportamiento, el PBI conjunto de América latina supera en la actualidad los 4,5 billones de dólares, valor que se compara con los 5,2 billones de China y de Japón, representando el 7,38% del PBI mundial y una ganancia de participación en ese PBI mundial del 0,41%.


Sin embargo, estas cifras no dicen toda la verdad, puesto que este magnífico comportamiento en términos de dólares está explicado en gran medida por la apreciación de las monedas de la mayoría de los países de la región, favorecidas por una importante mejora de los términos del intercambio (el famoso “viento de cola”).


Cuando la medición se efectúa en términos de lo que se denomina Paridad de Poder de Compra (en las que las mediciones se efectúan utilizando los mismos precios en todos los países, en lugar de usar los precios que rigen en cada país) los números cuentan una historia ligeramente distinta: la expansión acumulada del PBI de la región se reduce a poco más de la mitad y el ritmo de crecimiento por década es casi idéntico. Más aún, la región pierde participación relativa en relación al resto del mundo cuando se mide el PBI por habitante.
Cabe entonces preguntarse cuáles son las señales que nos indican un futuro más promisorio. La respuesta es bastante sencilla: América latina aprovechó la reciente bonanza internacional para incrementar su tasa de ahorro, para acumular reservas y para reducir el endeudamiento externo, en lugar de gastar toda la mejora de ingresos y pedir prestado como hizo normalmente en el pasado. Esto le permitió sortear la reciente crisis económica mundial con una baja del PBI de apenas 1,8%.


Durante la última década, la tasa de ahorro de la región se elevó del 17,45% del PBI al 20,83% (de 394 mil millones de dólares a 906 mil millones), mientras la tasa de inversión se elevó del 19,97% al 20,82%.


Este comportamiento permitió eliminar el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos (este saldo fue positivo en casi todos los años de esta década y sólo se transformó en negativo cuando Brasil decidió expandir su gasto interno).


Esta reducción de vulnerabilidades, el incremento de la tasa de ahorro, la mejora en la economía mundial y los enormes descubrimientos de petróleo en Brasil nos permiten ser optimista para el futuro.


La economía mundial se está recuperando, los precios internacionales de las materias primas se mantienen en precios relativamente elevados, los mercados de capitales se están normalizando y están comenzando a canalizar más fondos hacia países emergentes, y Brasil parece estar encarando con algún grado de prudencia su futuro como “país petrolero”.
¿Dónde yacen los peligros? La actual tasa de crecimiento supera al crecimiento de la capacidad productiva y el crecimiento del consumo supera al del PBI, por lo que una falta de armonización de estas variables puede volver a generar problemas inflacionarios y de sector externo; la tasa de inversión es aún insuficiente para garantizar una tasa de crecimiento que genere los empleos que se necesitan para incorporar al mercado laboral a una creciente población; las mejoras en productividad siguen siendo bajas; el crecimiento del volumen de las exportaciones durante la última década fue inferior al de las importaciones, por lo que la mejora en las cuentas externas está exclusivamente explicada por los elevados precios internacionales.


Hemos dado los incipientes -pero importantes- primeros pasos en la dirección correcta. Ahora necesitamos consolidarlos.

No hay comentarios.: