2010/09/13

¿Es el dinero lo que motiva a Tony Blair? ¿O sólo quiere estar en el centro de las cosas?

Por Philip Stephens



El ex primer ministro británico Tony Blair plantea un dilema. Su memoria ha desatado torrentes de invectiva de sus enemigos (críticos es una palabra demasiado suave) entre las elites metropolitanas. Pero las copias de A Journey vuelan de los estantes a medida que la "gente real" abre sus billeteras para leer la versión de Blair de los hechos. Después de todo, ganó tres elecciones y puso a Inglaterra de nuevo en la escena internacional. Pensándolo bien, además estuvo hombro con hombro con George W. Bush en Irak.

Parece cómodo. Pero no puede ser agradable que las personas lo llamen a uno criminal de guerra, ¿cierto?. Blair no pestañea. "Siempre he tenido, de verdad, una mejor relación con el país que con la prensa porque la prensa separa en una izquierda y derecha bastante tradicionales. Y la izquierda no me considera suficientemente de izquierda y la derecha me odia porque gano. O gané".

Más allá de críticas y comentarios, el libro interesa. Hay abundante política y políticas, más que en muchas memorias políticas. Va adelantado en algunas cosas, en especial lo que deben hacer los políticos progresistas para adaptarse al cambio; y, desde mi punto de vista profundamente equivocado en otras, como en su lectura de la lucha contra el Islamismo violento.

"Quería escribirlo de un modo distinto, de un modo más abierto". Era hora de que alguien explicara que los políticos también son seres humanos. "Una de las peores cosas que ocurre hoy en política es este asalto contra políticos cuando... hacen algo equivocado, o algo que las personas creen equivocado, o lo que sea, y nadie lo ve desde el otro lado".

Hay algo más en esto que artificio disfrazado de candor o el deseo de hablar directamente a las personas por encima de una prensa hostil. Piensa que tiene algo importante que decir acerca del tumultuoso ritmo de cambio en el mundo, la respuesta de occidente al alza de Asia, el futuro de la política de centro izquierda.

"Quiero que las personas me lean sin intermediarios porque pienso que si lo hacen, al menos entenderán lo que estoy tratando de decir y es un libro bastante prospectivo, porque mucho de lo que estoy diciendo (...) es acerca de dónde estamos ahora y dónde debemos estar".

Blair habría seguido como primer ministro si Gordon Brown, su ministro de Hacienda y rival, no hubiera forzado su alejamiento. ¿Ha superado el no ser primer ministro? Sí. "En realidad no lo echo de menos. La única vez que lo eché de menos fue durante la crisis financiera global".

Pero, agrega, "estoy feliz de hacer las cosas que estoy haciendo (...) me fascina el proceso de paz de Medio Oriente y quiero trabajar en él. Y mi fundación de la fe ahora opera en quince países diferentes. Tengo la iniciativa de gobierno en África, que opera en tres países africanos". Por cierto, también están los discursos pagados, el trabajo de asesoría para un banco y los contratos de consultoría para Tony Blair Associates.

¿Cómo se siente viviendo en aviones privados? La mayor parte del tiempo, protesta, lo pasa en trabajo no remunerado: el rol de enviado del Medio Oriente que unos días antes lo llevó a la Casa Blanca de Obama, su fundación, el trabajo en África... Los discursos y la consultora pagan las cuentas del trabajo pro bono.

No creo que el dinero sea la motivación. Lo que Blair de verdad quiere es seguir en el centro de las cosas; ser un jugador. El dinero viene por añadidura.

Me gustaría decir que la conversación se volcó a Irak y tuve éxito en poner a Blair contra la pared hasta que se arrepintió. No lo hice. De todos modos, ha escuchado las acusaciones demasiadas veces como para cambiar su respuesta ahora: "actuamos sobre la información que teníamos entonces, también actuamos con un cierto sentido de urgencia tras el 11 de septiembre. Creo que la gente se olvida de eso".

Por supuesto, lamenta la pérdida de vidas, pero no dirá que lamenta la decisión de ir a la guerra. "Solíamos tener la política de apoyar a Saddam para que fuera un freno en Irán, y miren lo que pasó: no funcionó, así como armamos algunos de los mujahidines para atacar a los rusos - no funcionó, aprendamos la lección".

El tiempo se acaba. El recuento de Blair de su pugna con Gordon Brown captó más titulares que Irak. El único punto que hace ahora es que la lucha tenía que ver más con la dirección del gobierno del Nuevo Laborismo que acerca de quién debía ser primer ministro. "Creo que hay que dejar claro que hubo un desacuerdo político. Las personas solían escribir esta relación como si fuera un enfrentamiento personal sobre un empleo - para mí no era así", dice.


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