2010/09/22

China debe cambiar para seguir su ascenso

"En el caso de China, hay falta de equilibrio, coordinación y sustentabilidad en el desarrollo económico".

¿Quién se atreve a hacer una evaluación tan pesimista de la economía más dinámica del mundo antes de una reunión de extranjeros influyentes en el corazón de la misma China? La respuesta es el primer ministro Wen Jiabao en el "Davos de verano" la semana pasada en Tianjin. Está en lo cierto. Cuando casi todo el mundo cree que China es invulnerable, ¿qué podría salir mal? Como dijo Andy Grove de Intel: "Sólo los paranoicos sobreviven". Wen es sabio al tener igual cautela.

Sin embargo, como también señaló Wen, "los dos últimos años han hecho que China surja como uno de los primeros países en lograr una recuperación económica, y mantener un desarrollo económico estable y relativamente rápido, bajo circunstancias extremadamente difíciles y complejas". Wen añadió: "Debemos nuestros logros (…) a la implementación del paquete de estímulo". Como resultado, la economía creció 9,1% en 2009 y 11,1% en el primer semestre de 2010.

Este éxito ha seguido tres décadas de crecimiento muy rápido. En términos de paridad de poder adquisitivo, el producto interno bruto per cápita ha aumentado casi diez veces desde que comenzó la "reforma y apertura" bajo Deng Xiaoping en 1978. Es un registro notable, pero no sin precedentes. La tasa de "acercamiento" de China a EE.UU. no es tan diferente a la de Japón antes de mediados de los "70 y a la de Corea del Sur entre comienzos de los "60 y la crisis financiera en 1997.

Lo que es diferente, sin embargo, es la escala del país y su pobreza inicial. El PIB per cápita (en paridad de poder adquisitivo) de China era de apenas 4% de los niveles de EE.UU. en 1978. Incluso ahora, es menos de una quinta parte. Este último está en la posición de Japón en 1950 y de Corea del Sur en 1978. Para que China alcanzara el PIB per cápita relativo de Japón antes de que el crecimiento se frenara, disfrutaría de otros 25 años de veloz expansión económica, emergiendo por lejos la mayor economía del mundo.

¿Qué podría detenerlo? Algunos apuntan al rápido crecimiento monetario, burbujas de crédito, alzas en los precios de los activos y deudas incobrables. Pero estoy de acuerdo con Jonathan Anderson, de UBS, un respetado analista de la economía china, en que esta preocupación es exagerada. El crecimiento del crédito ya se está normalizando. Wen afirma que el coeficiente de adecuación de capital y la relación de los préstamos morosos se sitúan en 11,1% y 2,8%, respectivamente, ambos en territorio seguro. Más importante, mientras el gobierno siga siendo solvente y se mantenga el crecimiento, el sector financiero debe ser incapaz de crear una crisis inmanejable. Un país que se urbaniza aceleradamente con una economía que crece 8%-10% anual crecerá para salir de las crisis, entre otros absorbiendo exceso de capacidad.

La opinión pesimista más interesante proviene de Michael Pettis de la Escuela de Administración Guanghua de la Universidad Peking*. La característica del crecimiento chino es que es "desequilibrado", como resalta Wen: es muy dependiente de la inversión como fuente de demanda e impulsor de la oferta. Es, en cierto sentido, la economía más "capitalista" en la historia.

Así, entre 1997 y 2009, la inversión bruta aumentó de 32% al 46% del PIB, mientras que el consumo doméstico se redujo de 45% del PIB a sólo 36%. Este debe ser el porcentaje más bajo de consumo de cualquier economía importante. En un país con cientos de millones de personas pobres, es incluso chocante. Mientras tanto, la tasa de aumento de la inversión ha sido el principal motor del crecimiento. En la década de 2000, la "productividad total de los factores" -aumentos en la producción por unidad de insumo- también fueron importantes. Pero la contribución de la mayor eficiencia se ha ido desvaneciendo.

Esto, sostiene el profesor Pettis, es una "versión remozada" del modelo de desarrollo asiático que vimos en Japón y Corea del Sur en décadas anteriores. Las características de este enfoque orientado a la producción son: una transferencia de hogares a la manufactura, a través de bajas tasas de interés para el ahorro, salarios contenidos y un tipo de cambio deprimido; una inversión muy alta; un crecimiento rápido de las exportaciones y elevados superávits externos. China es "Japón y más": la tasa de inversión es más alta, el superávit comercial mayor, la tasa de consumo menor y la intervención del tipo de cambio más grande.

Este ha sido un modelo de desarrollo extraordinariamente exitoso, pero, señala el profesor Pettis, con el tiempo se encuentra con las limitaciones de un "enorme exceso de inversión y capital mal asignado". Y continúa: "En todos los casos en que puedo pensar ha sido muy difícil cambiar el modelo de crecimiento porque demasiado de la economía depende de subsidios ocultos". Además, la escala de China cambiará el precio de las importaciones, en particular de las materias primas, en su contra, acelerando la declinación de los beneficios.

En China, se necesita una tasa de inversión creciente para mantener una tasa de crecimiento económico determinada. En algún momento, la inversión dejará de aumentar y el crecimiento se desacelerará. China enfrentará entonces el desafío japonés: cómo sostener la demanda a medida que la tasa requerida de inversión colapsa. Si, por ejemplo, la inversión bruta necesaria para sostener una tasa de crecimiento de 10% es de 50% del PIB, la tasa de inversión necesaria para mantener el 6% de crecimiento podría ser sólo el 30% del PIB. Con su dependencia de la inversión como fuente de demanda, cualquier disminución en el crecimiento esperado amenaza con una recesión enorme.

Una respuesta podría ser otra oleada de inversión impulsada por el gobierno, sin importar lo bajo de los retornos. La respuesta más atractiva es un crecimiento del consumo más rápido. Hay evidencia de eso durante los últimos dos años. Pero, como señala el profesor Pettis, para que el consumo crezca constantemente más rápido que el PIB, la renta disponible de los hogares también debe hacerlo. Sin embargo, si queremos que esto ocurra, deben desplazarse ingresos desde el sector empresarial. Esto implica una reducción de las ganancias, a través de mayores tasas de interés, salarios reales más elevados o un tipo de cambio más alto. Pero eso aumenta el riesgo de un colapso de la inversión, con graves consecuencias para la demanda. Como argumenta el profesor Pettis, en China "El crecimiento es alto (…) porque el consumo es bajo". Reequilibrar la economía hacia el consumo doméstico podría socavar la capacidad de sostener el crecimiento en sí. Si es así, China está en una rueda de ardilla de inversión.

China es el caso más impresionante de la historia de una economía que acorta distancias con las desarrolladas. Eso es en parte porque es tan desequilibrado. Mientras más se demore el rebalanceo, más doloroso será el ajuste. La economía china en dos décadas a partir de ahora tendrá que ser mucho menos impulsada por la inversión que la de hoy. ¿Con cuánta facilidad y velocidad se llegará allí? Son preguntas enormes.

*"Consumo chino y el "sorpasso" japonés", mpettis.com.


DiarioFinanciero.com

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