2010/09/23

Banca dice adiós a los excesos

El compromiso adquirido por el G-20 para endurecer los estándares de capital de la banca ya es una realidad. Su nombre: Basilea III

Inesperadamente, el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, que reúne a los gobernadores de los Bancos Centrales y a otros supervisores de 27 países avanzados y emergentes, desbloqueó hace dos semanas las negociaciones sobre las exigencias de capital de las entidades financieras, una de las prioridades de la reforma financiera que estableció el G-20 desde el estallido de la crisis, cita El Semanario en su edición digital de hoy.

El acuerdo, llamado Basilea III y pactado el domingo 12 de septiembre, endureció los estándares de capital de la banca respecto a los que hay actualmente en vigor bajo el marco de Basilea II.

Y aunque todavía puede sufrir modificaciones antes de que en noviembre se celebre la próxima cumbre del G-20 en Seúl, no se esperan cambios sustantivos, por lo que de esa reunión salió una de las más importantes reformas financieras, derivada de las lecciones aprendidas de la actual crisis.

En esencia, Basilea III no sólo aumenta los requerimientos de capital de la banca, sino que mejora su calidad, dando una mayor importancia y peso al capital básico, o common capital, constituido por las acciones ordinarias con voto y las utilidades retenidas (antes conocido como Core Tier 1).

Actualmente, la normativa de Basilea II exige que el mínimo de capital básico sea de 2% de los activos ponderados por el riesgo asumido en cada operación.

Pues bien, el Comité de Basilea elevó el requisito de capital básico hasta 4.5% de los activos.

Sin embargo, el ratio efectivo de capital básico bajo las nuevas reglas será aún mayor, de 7%, considerando las provisiones anticíclicas que se conformarán en los tiempos de bonanza y que serán el primer escudo protector de las entidades para encarar las pérdidas de los shocks financieros en tiempos de crisis.

Por tanto, el requisito de un mínimo de capital de 7% es regulatorio y se debe observar su cumplimiento de modo que, cuando en tiempo de dificultades el ratio de capital básico caiga por debajo de 7%, los supervisores no podrán forzar a las entidades a recaudar capital en el mercado, pero sí a que reduzcan el reparto de dividendos o el pago discrecional de bonos a los altos ejecutivos.

Con esta medida se busca matar dos pájaros de un tiro: por un lado, restringir los préstamos en las épocas de auge para suavizar el boom crediticio que los caracteriza.

Por el otro, que el costo de esa restricción recaiga sobre los socios capitalistas o sus principales gestores, que durante el pasado boom recurrieron a prácticas abusivas y estructuras perversas de incentivos al premiar la toma irresponsable de riesgos que les reportó jugosas ganancias particulares.

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José Miguel Moreno
23/09/10 :: 05:45

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