
La historia ejecutiva y personal de Claudio Muñoz es sorprendente. Partió como becario de la entonces CTC y con esfuerzo y dedicación terminó ocupando el sillón del gerente general y, mas tarde, viajando a España para liderar la expansión de Telefónica en el mundo empresarial latinoamericano. Ahora vuelve a sus tierras y anuncia el estilo que imprimirá a su presidencia de la compañía en Chile: mucho trabajo y poca parafernalia. Asi es Muñoz. Conozca su historia. Por Sandra Burgos; foto, Verónica Ortiz.
La mañana del 27 de febrero, Claudio Muñoz se dio cuenta de que la decisión de volver a Chile estaba más que justificada. A través de la señal internacional de TVN se enteraba de la catástrofe provocada por el terremoto en la zona centro-sur del país. Para alguien que está a 12 mil kilómetros de distancia, “se produce dentro de ti una cosa que es muy difícil de explicar: estás viendo que tu país sufre, que tu familia, tus amigos, están pasando por un momento complicado, y te hace pensar: qué estoy haciendo en España cuando ha pasado algo tan grande en mi país”, nos confesaría días después en una conversación en los jardines del hotel Hyatt.
Así, el regreso a Chile era inminente. El martes 20 de abril, tras ingresar al directorio de Telefónica Chile y ser elegido presidente de la compañía, se acababa para Claudio Muñoz un período trascendental en su carrera. Dejaba atrás cinco años de ejercer como director de Telefónica Empresas América y de ser el presidente de la empresa proveedora de servicios mayoristas de telecomunicaciones a nivel global Telefónica Internacional Whosale Services.
El terremoto no provocó la decisión, pero sí resultó un factor que se situó justo en el medio del proceso. Porque ya en diciembre último, Muñoz había sostenido –como todos los años– una conversación con su jefe, el presidente de Telefónica Latinoamérica, José María Alvarez-Pallete, sobre sus aspiraciones laborales. En ese momento, le planteó una reflexión familiar: sentía que había llegado el momento de regresar a Chile. “Tengo espectaculares recuerdos de estos años en España, la verdad es que lo hemos disfrutado y nos hemos acostumbrado, pero llega un momento en que quieres volver… te debo confesar que yo no quería que Chile para mis hijos fuera el país de los abuelos, yo quería que fuera su país”.
De Rancagua a Beauchef
Sin saberlo ni quererlo, la carrera de Claudio Muñoz para alcanzar la presidencia de Telefónica Chile comenzó desde que dejó a los 17 años su natal Rancagua, para instalarse en una pensión de Avenida Ejército, muy cerca de lo que sería por años su casa de estudios: las aulas de calle Beauchef, el centro operativo de la escuela de Ingeniería Civil de la Universidad de Chile.
“Cuando me vine a Santiago se produjo una cosa que a mi me encanta, y es que cuando sales de esa zona de comodidad y te vas a una zona nueva, las personas crecemos, porque te obliga a desarrollarte más rápido. Rápidamente tienes que adaptarte y te tiene que ir bien, porque ¿qué sentido tiene hacer un esfuerzo de familia para farrearlo?”, reflexiona. No sería, en todo caso, la única prueba que le tocaría rendir… vendrían muchas más en el camino, incluyendo algunas que asegura hubiera preferido nunca vivir.
En la Universidad de Chile se dio cuenta de que lo suyo era el mundo empresarial. “Quería poder hacer cosas que tuviesen algún resultado. Me gustaba mucho, por ejemplo, el tema de investigación operacional, de optimización, de cómo hacer que las cosas se ejecutaran de forma más efi ciente. Me gustó mucho el tema del comportamiento organizacional: cómo hacer que, entendiendo que las tecnologías son importantes, al fi nal del día los equipos humanos son los que marcan la diferencia”.
A Telefónica –o mejor dicho, a la Compañía de Teléfonos de Chile– llegó en 1986 como becario del departamento de Estudios, área clave en la transformación de la entonces CTC de una fi rma estatal a una privada. Desde que puso un pie en la compañía, se distinguió por su forma de hacer las cosas. Aplicado, a veces mateo, se concentraba enormemente en los desafíos que le proponían. Esa cualidad y su empatía con los equipos de trabajo fueron pavimentando una carrera de ascensos.
Fue en esos años, en 1992, cuando conoció a Rafael Zamora, su gran amigo, actual director de Estrategia, Desarrollo y Regulación de la compañía quien recuerda: “llegué a la empresa en 1991, a Finanzas. En ese minuto, Claudio Muñoz no estaba para nada en mi radar, pese a que los dos habíamos estudiando en la Chile. Lo conocí a raíz de un concurso interno para postular a una jefatura de la subgerencia de Finanzas que él dirigía. Claudio era joven, tenía 29 años y estaba partiendo su carrera de ejecutivo.
La mañana del 27 de febrero, Claudio Muñoz se dio cuenta de que la decisión de volver a Chile estaba más que justificada. A través de la señal internacional de TVN se enteraba de la catástrofe provocada por el terremoto en la zona centro-sur del país. Para alguien que está a 12 mil kilómetros de distancia, “se produce dentro de ti una cosa que es muy difícil de explicar: estás viendo que tu país sufre, que tu familia, tus amigos, están pasando por un momento complicado, y te hace pensar: qué estoy haciendo en España cuando ha pasado algo tan grande en mi país”, nos confesaría días después en una conversación en los jardines del hotel Hyatt.
Así, el regreso a Chile era inminente. El martes 20 de abril, tras ingresar al directorio de Telefónica Chile y ser elegido presidente de la compañía, se acababa para Claudio Muñoz un período trascendental en su carrera. Dejaba atrás cinco años de ejercer como director de Telefónica Empresas América y de ser el presidente de la empresa proveedora de servicios mayoristas de telecomunicaciones a nivel global Telefónica Internacional Whosale Services.
El terremoto no provocó la decisión, pero sí resultó un factor que se situó justo en el medio del proceso. Porque ya en diciembre último, Muñoz había sostenido –como todos los años– una conversación con su jefe, el presidente de Telefónica Latinoamérica, José María Alvarez-Pallete, sobre sus aspiraciones laborales. En ese momento, le planteó una reflexión familiar: sentía que había llegado el momento de regresar a Chile. “Tengo espectaculares recuerdos de estos años en España, la verdad es que lo hemos disfrutado y nos hemos acostumbrado, pero llega un momento en que quieres volver… te debo confesar que yo no quería que Chile para mis hijos fuera el país de los abuelos, yo quería que fuera su país”.
De Rancagua a Beauchef
Sin saberlo ni quererlo, la carrera de Claudio Muñoz para alcanzar la presidencia de Telefónica Chile comenzó desde que dejó a los 17 años su natal Rancagua, para instalarse en una pensión de Avenida Ejército, muy cerca de lo que sería por años su casa de estudios: las aulas de calle Beauchef, el centro operativo de la escuela de Ingeniería Civil de la Universidad de Chile.
“Cuando me vine a Santiago se produjo una cosa que a mi me encanta, y es que cuando sales de esa zona de comodidad y te vas a una zona nueva, las personas crecemos, porque te obliga a desarrollarte más rápido. Rápidamente tienes que adaptarte y te tiene que ir bien, porque ¿qué sentido tiene hacer un esfuerzo de familia para farrearlo?”, reflexiona. No sería, en todo caso, la única prueba que le tocaría rendir… vendrían muchas más en el camino, incluyendo algunas que asegura hubiera preferido nunca vivir.
En la Universidad de Chile se dio cuenta de que lo suyo era el mundo empresarial. “Quería poder hacer cosas que tuviesen algún resultado. Me gustaba mucho, por ejemplo, el tema de investigación operacional, de optimización, de cómo hacer que las cosas se ejecutaran de forma más efi ciente. Me gustó mucho el tema del comportamiento organizacional: cómo hacer que, entendiendo que las tecnologías son importantes, al fi nal del día los equipos humanos son los que marcan la diferencia”.
A Telefónica –o mejor dicho, a la Compañía de Teléfonos de Chile– llegó en 1986 como becario del departamento de Estudios, área clave en la transformación de la entonces CTC de una fi rma estatal a una privada. Desde que puso un pie en la compañía, se distinguió por su forma de hacer las cosas. Aplicado, a veces mateo, se concentraba enormemente en los desafíos que le proponían. Esa cualidad y su empatía con los equipos de trabajo fueron pavimentando una carrera de ascensos.
Fue en esos años, en 1992, cuando conoció a Rafael Zamora, su gran amigo, actual director de Estrategia, Desarrollo y Regulación de la compañía quien recuerda: “llegué a la empresa en 1991, a Finanzas. En ese minuto, Claudio Muñoz no estaba para nada en mi radar, pese a que los dos habíamos estudiando en la Chile. Lo conocí a raíz de un concurso interno para postular a una jefatura de la subgerencia de Finanzas que él dirigía. Claudio era joven, tenía 29 años y estaba partiendo su carrera de ejecutivo.
Como los dos éramos de Beauchef y, en general, los industriales de la Chile tenemos una especie de código, rápidamente entramos en sintonía y llegamos a un acuerdo para que me quedara en el puesto. Ahí empezamos una carrera juntos, con un trabajo intenso que fue armar todo el tema de control de gestión en un momento clave, ya que la compañía llevaba pocos años privatizada y no se tenía un modelo de control de gestión que apoyara el crecimiento. Claudio fue el encargado de liderar ese proceso, pero a medida que pasaron los años fue tomando varias responsabilidades: de subgerente pasó a ser gerente de Contraloría –yo asumí como subgerente–, que sumaba las áreas de Contabilidad y Auditoría. Un par de años después, asumió como vicepresidente de Control de Gestión y otras funciones más y yo tomé la gerencia”.
Zamora recalca que en esos años el ser vicepresidente vestía de un estatus especial. Se instalaban todos juntos en los pisos superiores de la sede. Fue en ese momento cuando Claudio Muñoz mostró el tipo de liderazgo que lo caracteriza hasta el día de hoy. “Nuestra gerencia de Control de Gestión estaba en el piso 21 de la torre, al cual en aquel entonces le pusieron como sobrenombre la llama de la libertad, porque no se apagaba nunca, trabajábamos muchas horas, nos amanecíamos. Cuando fue nombrado vicepresidente, nunca se quiso mover del piso 21, lo que marca su modo de ser muy sencillo: a él le gustaba estar con su gente”.
Los años duros
En 1999, tras una conversación en Miami con el entonces presidente de la fi rma española, Juan Villalonga, Claudio Muñoz llegó a la gerencia general de CTC. Por ese entonces, la compañía era un todopoderoso de las comunicaciones, con una fuerte posición en el mercado de telefonía fi ja y un fl oreciente negocio móvil.
Pero ese mismo año el gobierno dictó el decreto tarifario que más efectos ha provocado en los resultados de la fi rma, con una fuerte caída en las tarifas y en los cargos de acceso que las móviles debían pagarle por la interconexión. Era el espaldarazo gubernamental para los celulares y un golpe violento para el negocio fijo tradicional.
Rafael Zamora lo evoca como un período muy duro. “Pero si un gerente general debe serlo, a él le tocó el mejor período para ser formado profesionalmente”. El propio Muñoz lo reconoce: “fue una etapa difícil. Evidentemente, uno nunca puede separar lo profesional de lo humano, y la situación obligaba a reestructurar la compañía. Había que hacerlo con cuidado, con respeto. Y desde luego yo soy un profundo convencido de que lo que me tocó hacer en esos años, que no fue fácil, es lo que permitió tener una compañía que pudo seguir creciendo y desarrollándose”.
-Te tocó desvincular a mucha gente conocida…
-Despedir a una persona es una experiencia extremadamente difícil, hay quienes esto lo asocian a una separación, a un divorcio, a la pérdida de un ser querido... pero era fundamental hacerlo y aquí no vale decir que porque es amigo de tal no lo tocamos. Desde un principio dijimos que no podía haber vacas sagradas.
Los problemas de esa época incluyeron una demanda interpuesta en su contra por los representantes de las AFP por el llamado caso Terra, cuando CTC vendió su negocio de conexión a Internet a la empresa matriz. “Eso fue muy duro para Claudio; imagínate que los directores te demandan, poniendo en tela de juicio tu accionar y desempeño profesional. Fue un momento terrible para él”, recuerda Zamora.
Entre 1999 y 2005 se sucedieron años complicados, pero también de una profunda transformación de la compañía. Fue entonces que Claudio Muñoz decidió apostar las fichas a la banda ancha. La empresa se transformó y comenzó a generar ingresos por un negocio que comenzaba a crecer poco a poco.
Las maletas, a Madrid
Cuando Telefónica Chile comenzaba a ver la luz al final del túnel, vino un nuevo cambio de planes para Muñoz: José María Alvarez-Pallete le ofreció ir a España a asumir nuevas responsabilidades ejecutivas, esta vez a nivel corporativo y también como responsable de una subsidiaria.
Alvarez-Pallete narra la gestación del cambio: “a Claudio le ofrezco venirse a España cuando el anterior ejecutivo al mando de Telefónica Empresas América, Eduardo Caride, regresa a su país como presidente de Telefónica Argentina. Cuando Caride se va, abro el puesto para que los mejores talentos se postulen”, explica.
¿Qué buscaba Telefónica? Una persona que conociera profundamente el negocio, las redes de telecomunicaciones, los impactos económicos de los acuerdos, los activos involucrados y que, además, tuviera empatía para trabajar tanto puertas adentro –serían miles de vendedores a su cargo en todos los países– como hacia afuera, como líder de una organización eminentemente comercial.
“Abrimos el proceso y el mejor candidato era Claudio. El era gerente general de la compañía en Chile, había llevado el segmento empresas en un país y tenía profundo conocimiento del grupo Telefónica, porque llevaba varios años trabajando en la compañía”, define el ejecutivo español.
Para Muñoz personalmente era un desafío, porque suponía dejar una posición cómoda como gerente general en Chile. “Yo le dije que tomara la apuesta porque si lo hacía bien, en el futuro regresaría con honores a su país”, asegura Alvarez-Pallete.
Partió a España. Comenzó como director de Empresas América, responsable exclusivamente del negocio de compañías en el mundo fijo. Sin embargo, en 2006 el grupo Telefónica cambió y pasó a tener una mirada integrada fijo-móvil, por lo cual debió ampliar su pool de actividades y considerar también las responsabilidades del área móvil.
“Claudio tuvo un record de integración de equipos humanos y comercial muy importante, porque en estos cinco años el segmento de empresas ha crecido regularmente a dos dígitos cada año”, añade Alvarez-Pallete.
“En estos 5 años no sólo cambió Telefónica; cambié yo también y aprendí a ver una dimensión mayor de la tecnología, y lo que pretendo hacer es usar esto en Chile. Mi trabajo es ver cómo aprovechamos esto y que Chile siga avanzando y podamos resolver problemas usando la tecnología”, aclara Muñoz.
Su amigo Rafael Zamora también percibe esa evolución. “Después de que Claudio se va a España nos volvimos a encontrar un año y medio después y ya se empezaba a percibir una persona con una visión mucho más global, mucho más lejos del concepto de Chile. Un ejecutivo multinacional, con una visión más integral del negocio y mucho más global de pensamiento”, revela.
El retorno a Chile
En diciembre del año pasado comenzó a gestarse el regreso de Emilio Gilolmo a España. Fue entonces que José María Alvarez-Pallete decidió postular a Muñoz para el cargo de presidente de Telefónica Chile. “Abrimos la vacante y se presentan varios candidatos, porque aquí las cosas no se adjudican a dedo. Yo propongo a Claudio, porque la política de expatriados de Telefónica parte de la base que quien ha hecho un sacrificio personal, se ha ido a un país y lo ha hecho excelentemente bien, tiene que tener la oportunidad de regresar con honores”.
En marzo de este año, Telefónica le comunica a Claudio Muñoz que volvía a Chile como presidente de la compañía.
¿Cuál será su desafío? José María Alvarez-Pallete lo expone: “el gran reto de Claudio es el posicionamiento de Telefónica Chile desde el punto de vista de la oferta, en el fijo, en el móvil, en las pymes y en las empresas. El reto también de Claudio será terminar la red de fibra óptica que estamos haciendo en el barrio de los Benedictinos, que es pionero en toda la región, y ver si vale la pena masificarlo. El reto de Claudio también viene por reconstruir las zonas devastadas por el terremoto con tecnología de punta; en este caso, fibra de transmisión y la mejor velocidad de acceso. Y la gran oportunidad de Claudio es que conoce al grupo, sabe mover las palancas dentro de él y sabe a quién llamar si necesita algo, porque han sido compañeros suyos”.
-¿Qué misión te encargó Telefónica en Chile?
-Lo que el grupo me ha pedido es desarrollar a Telefónica. Les gustaría que los ayudara a cumplir la meta que se ha trazado el grupo a nivel global: ser el líder de la economía o mundo digital. Yo vengo a eso, a consolidar el liderazgo de Telefónica en el mundo digital y a trabajar con todos los actores que quieran sumarse a esto.
-¿Cuál te gustaría que fuera tu sello dentro de Telefónica?
-Lo que yo quiero es aprovechar lo que me ha pasado, mi experiencia, para sumarme a lo que se está haciendo en Chile. Fundamentalmente, en cómo vinculamos más a esta Telefónica con el cambio tecnológico que se está produciendo en el mundo.
-¿Qué es lo que más echarás de menos de España?
-Aparte del jamón y la tortilla de patatas… Yo aprendí en estos cinco años a querer a España. Me encantó el país, es diverso, precioso, al final echas de menos eso, estar ahí en un café de la Castellana comiendo un pincho de jamón o de tortilla. Voy a echar de menos sentarme con mis amigos y dedicarle tiempo a la conversación. Yo creo que a los chilenos nos hace falta un poquito eso, soltarnos, mirar menos el reloj, relajarnos un poco, aprender a vivir más el momento. Espero no echar de menos esa sencillez y transparencia de los españoles, y espero también que Chile haya cambiado en eso. Voy a tener que mirar si estamos más humildes, si estamos más abiertos, menos jerarquizados. Encontrarme con los poderes establecidos, la verdad es que no me gusta. Me gusta el mundo normal, no el de la apariencia y las jerarquías, porque lo considero falso y la verdad es que eso en España me enseñaron mucho: que los apellidos, las cunas, las historias importan poco, lo que importa es cómo la gente es, se comporta, aprecia. Y eso me gustó.
Es el estilo Claudio Muñoz.
www.capital.cl
Zamora recalca que en esos años el ser vicepresidente vestía de un estatus especial. Se instalaban todos juntos en los pisos superiores de la sede. Fue en ese momento cuando Claudio Muñoz mostró el tipo de liderazgo que lo caracteriza hasta el día de hoy. “Nuestra gerencia de Control de Gestión estaba en el piso 21 de la torre, al cual en aquel entonces le pusieron como sobrenombre la llama de la libertad, porque no se apagaba nunca, trabajábamos muchas horas, nos amanecíamos. Cuando fue nombrado vicepresidente, nunca se quiso mover del piso 21, lo que marca su modo de ser muy sencillo: a él le gustaba estar con su gente”.
Los años duros
En 1999, tras una conversación en Miami con el entonces presidente de la fi rma española, Juan Villalonga, Claudio Muñoz llegó a la gerencia general de CTC. Por ese entonces, la compañía era un todopoderoso de las comunicaciones, con una fuerte posición en el mercado de telefonía fi ja y un fl oreciente negocio móvil.
Pero ese mismo año el gobierno dictó el decreto tarifario que más efectos ha provocado en los resultados de la fi rma, con una fuerte caída en las tarifas y en los cargos de acceso que las móviles debían pagarle por la interconexión. Era el espaldarazo gubernamental para los celulares y un golpe violento para el negocio fijo tradicional.
Rafael Zamora lo evoca como un período muy duro. “Pero si un gerente general debe serlo, a él le tocó el mejor período para ser formado profesionalmente”. El propio Muñoz lo reconoce: “fue una etapa difícil. Evidentemente, uno nunca puede separar lo profesional de lo humano, y la situación obligaba a reestructurar la compañía. Había que hacerlo con cuidado, con respeto. Y desde luego yo soy un profundo convencido de que lo que me tocó hacer en esos años, que no fue fácil, es lo que permitió tener una compañía que pudo seguir creciendo y desarrollándose”.
-Te tocó desvincular a mucha gente conocida…
-Despedir a una persona es una experiencia extremadamente difícil, hay quienes esto lo asocian a una separación, a un divorcio, a la pérdida de un ser querido... pero era fundamental hacerlo y aquí no vale decir que porque es amigo de tal no lo tocamos. Desde un principio dijimos que no podía haber vacas sagradas.
Los problemas de esa época incluyeron una demanda interpuesta en su contra por los representantes de las AFP por el llamado caso Terra, cuando CTC vendió su negocio de conexión a Internet a la empresa matriz. “Eso fue muy duro para Claudio; imagínate que los directores te demandan, poniendo en tela de juicio tu accionar y desempeño profesional. Fue un momento terrible para él”, recuerda Zamora.
Entre 1999 y 2005 se sucedieron años complicados, pero también de una profunda transformación de la compañía. Fue entonces que Claudio Muñoz decidió apostar las fichas a la banda ancha. La empresa se transformó y comenzó a generar ingresos por un negocio que comenzaba a crecer poco a poco.
Las maletas, a Madrid
Cuando Telefónica Chile comenzaba a ver la luz al final del túnel, vino un nuevo cambio de planes para Muñoz: José María Alvarez-Pallete le ofreció ir a España a asumir nuevas responsabilidades ejecutivas, esta vez a nivel corporativo y también como responsable de una subsidiaria.
Alvarez-Pallete narra la gestación del cambio: “a Claudio le ofrezco venirse a España cuando el anterior ejecutivo al mando de Telefónica Empresas América, Eduardo Caride, regresa a su país como presidente de Telefónica Argentina. Cuando Caride se va, abro el puesto para que los mejores talentos se postulen”, explica.
¿Qué buscaba Telefónica? Una persona que conociera profundamente el negocio, las redes de telecomunicaciones, los impactos económicos de los acuerdos, los activos involucrados y que, además, tuviera empatía para trabajar tanto puertas adentro –serían miles de vendedores a su cargo en todos los países– como hacia afuera, como líder de una organización eminentemente comercial.
“Abrimos el proceso y el mejor candidato era Claudio. El era gerente general de la compañía en Chile, había llevado el segmento empresas en un país y tenía profundo conocimiento del grupo Telefónica, porque llevaba varios años trabajando en la compañía”, define el ejecutivo español.
Para Muñoz personalmente era un desafío, porque suponía dejar una posición cómoda como gerente general en Chile. “Yo le dije que tomara la apuesta porque si lo hacía bien, en el futuro regresaría con honores a su país”, asegura Alvarez-Pallete.
Partió a España. Comenzó como director de Empresas América, responsable exclusivamente del negocio de compañías en el mundo fijo. Sin embargo, en 2006 el grupo Telefónica cambió y pasó a tener una mirada integrada fijo-móvil, por lo cual debió ampliar su pool de actividades y considerar también las responsabilidades del área móvil.
“Claudio tuvo un record de integración de equipos humanos y comercial muy importante, porque en estos cinco años el segmento de empresas ha crecido regularmente a dos dígitos cada año”, añade Alvarez-Pallete.
“En estos 5 años no sólo cambió Telefónica; cambié yo también y aprendí a ver una dimensión mayor de la tecnología, y lo que pretendo hacer es usar esto en Chile. Mi trabajo es ver cómo aprovechamos esto y que Chile siga avanzando y podamos resolver problemas usando la tecnología”, aclara Muñoz.
Su amigo Rafael Zamora también percibe esa evolución. “Después de que Claudio se va a España nos volvimos a encontrar un año y medio después y ya se empezaba a percibir una persona con una visión mucho más global, mucho más lejos del concepto de Chile. Un ejecutivo multinacional, con una visión más integral del negocio y mucho más global de pensamiento”, revela.
El retorno a Chile
En diciembre del año pasado comenzó a gestarse el regreso de Emilio Gilolmo a España. Fue entonces que José María Alvarez-Pallete decidió postular a Muñoz para el cargo de presidente de Telefónica Chile. “Abrimos la vacante y se presentan varios candidatos, porque aquí las cosas no se adjudican a dedo. Yo propongo a Claudio, porque la política de expatriados de Telefónica parte de la base que quien ha hecho un sacrificio personal, se ha ido a un país y lo ha hecho excelentemente bien, tiene que tener la oportunidad de regresar con honores”.
En marzo de este año, Telefónica le comunica a Claudio Muñoz que volvía a Chile como presidente de la compañía.
¿Cuál será su desafío? José María Alvarez-Pallete lo expone: “el gran reto de Claudio es el posicionamiento de Telefónica Chile desde el punto de vista de la oferta, en el fijo, en el móvil, en las pymes y en las empresas. El reto también de Claudio será terminar la red de fibra óptica que estamos haciendo en el barrio de los Benedictinos, que es pionero en toda la región, y ver si vale la pena masificarlo. El reto de Claudio también viene por reconstruir las zonas devastadas por el terremoto con tecnología de punta; en este caso, fibra de transmisión y la mejor velocidad de acceso. Y la gran oportunidad de Claudio es que conoce al grupo, sabe mover las palancas dentro de él y sabe a quién llamar si necesita algo, porque han sido compañeros suyos”.
-¿Qué misión te encargó Telefónica en Chile?
-Lo que el grupo me ha pedido es desarrollar a Telefónica. Les gustaría que los ayudara a cumplir la meta que se ha trazado el grupo a nivel global: ser el líder de la economía o mundo digital. Yo vengo a eso, a consolidar el liderazgo de Telefónica en el mundo digital y a trabajar con todos los actores que quieran sumarse a esto.
-¿Cuál te gustaría que fuera tu sello dentro de Telefónica?
-Lo que yo quiero es aprovechar lo que me ha pasado, mi experiencia, para sumarme a lo que se está haciendo en Chile. Fundamentalmente, en cómo vinculamos más a esta Telefónica con el cambio tecnológico que se está produciendo en el mundo.
-¿Qué es lo que más echarás de menos de España?
-Aparte del jamón y la tortilla de patatas… Yo aprendí en estos cinco años a querer a España. Me encantó el país, es diverso, precioso, al final echas de menos eso, estar ahí en un café de la Castellana comiendo un pincho de jamón o de tortilla. Voy a echar de menos sentarme con mis amigos y dedicarle tiempo a la conversación. Yo creo que a los chilenos nos hace falta un poquito eso, soltarnos, mirar menos el reloj, relajarnos un poco, aprender a vivir más el momento. Espero no echar de menos esa sencillez y transparencia de los españoles, y espero también que Chile haya cambiado en eso. Voy a tener que mirar si estamos más humildes, si estamos más abiertos, menos jerarquizados. Encontrarme con los poderes establecidos, la verdad es que no me gusta. Me gusta el mundo normal, no el de la apariencia y las jerarquías, porque lo considero falso y la verdad es que eso en España me enseñaron mucho: que los apellidos, las cunas, las historias importan poco, lo que importa es cómo la gente es, se comporta, aprecia. Y eso me gustó.
Es el estilo Claudio Muñoz.
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