El presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, mantuvo ayer la tasa de interés de referencia sin cambios en 1% y se resistió a las presiones de inversionistas, políticos y economistas para tomar medidas adicionales para contener el riesgo de contagio de la crisis fiscal de Grecia al resto de la región.
La decisión provocó inquietud en los mercados que esperaban una señal de que la autoridad estaba dispuesta a cualquier medida para contener un colapso.
Las bolsas en Europa cayeron ayer por tercer día consecutivo y el euro retrocedió a su nivel más bajo frente al dólar en catorce meses.
La semana pasada el BCE había suspendido los requisitos de calificación de crédito para comprar bonos del gobierno griego. El mercado esperaba ahora que el BCE eliminara las restricciones para la compra de bonos de gobiernos de la región, para asegurar la liquidez y evitar los temores a que se paralice el mercado del crédito. Las leyes europeas no permiten que el BCE compre bonos directamente de los gobiernos tal como lo han hecho la Reserva Federal de Estados Unidos y el Banco de Inglaterra durante la crisis financiera. Sin embargo, Trichet señaló ayer que la idea ni siquiera fue discutida durante la reunión.
Los inversionistas esperaban, además, la reactivación de las medidas de préstamos de emergencia, y un mayor relajamiento de las reglas para los colaterales.
La única receta del
BCE es la austeridad
Trichet afirmó que España y Portugal no tienen los mismos desafíos que Grecia, país que necesitó un rescate internacional la semana pasada. En cambio, instó a los gobiernos europeos a intensificar los esfuerzos para recortar el déficit fiscal.
La máxima autoridad monetaria europea está intentando convencer a los inversionistas de que la crisis en los mercados de la zona euro será contenible una vez que el gobierno griego recurra al plan de ayuda por 110 mil millones (US$ 140 mil millones) e implemente su plan de austeridad.
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