Un reciente informe de la consultora internacional Korn/Ferry, casi la mitad de los ejecutivos están insatisfechos con su puesto actual y está sufriendo una baja importante en su moral. ¿Cómo se explica la situación? Ni crisis ni efectos del balance vida-trabajo: los propios cambios en el mercado ejecutivo son los que están provocando el descontento generalizado de los empleados, que ya no quieren ni oír hablar de lealtad y piensan su carrera en función de sus propios hitos de desarrollo.
Falta de confianza en el liderazgo corporativo, poca credulidad en los jefes y altos niveles de estrés, entre otros, son los factores que en los últimos años han minado el histórico "contrato de lealtad" entre ejecutivos y empresas, según se especifica en el estudio Executive Quiz de Korn/Ferry, a empresas de más de 70 países. Casi la mitad de los hombres de negocios consultados (47%) están algo o muy insatisfechos con su puesto actual, el 45% tiene una moral regular o pobre, el 36% no se fía de su director ejecutivo y el 31% no confía en su jefe.
Germán Vidal, senior client partner de Korn/Ferry Argentina, asegura que ha cambiado muy fuertemente el concepto de lealtad hacia la empresa, en un giro que tuvo su punto de inflexión en los últimos años. "Generaciones atrás había un concepto de lealtad con la empresa por el cual los ejecutivos imaginaban su carrera en la misma compañía, que a su vez les prometía empleabilidad por toda su carrera y trabajaba muy fuerte en planes de desarrollo y capacitación. Pero con el tiempo las compañías no pudieron cumplir esa promesa, por lo que del otro lado los ejecutivos cambiaron la palabra lealtad por compromiso", reflexiona Vidal, quien añade que en la actualidad no existe ninguna empresa en el mundo que pueda mantener esa promesa.
Cambios en el mercado
"La alta gerencia no siente un nivel de lealtad y compromiso hacia su empleador como antes. Ellos se han preparado proactivamente para manejar responsabilidades de mayor envergadura, han aprendido idiomas y se han perfeccionado, sin embargo, hoy las empresas, debido a factores macroeconómicos y conyunturales, no han respondido con adecuados planes de sucesión y retención en retribución al mayor expertise y perfeccionamiento de sus ejecutivos", señala Pía Ramírez, directora People&Change, Advisory de KPMG.
De esta manera, las metas personales están tomando más importancia, asegura Carolina Turati, gerente de asesoría de Ernst & Young, por lo que actualmente un ejecutivo piensa su carrera de acuerdo a hitos del propio desarrollo, viendo qué opciones le ofrece su compañía. Si no está satisfecho cambia de empleador.
La ruptura de las estructuras piramidales en las organizaciones, en las que todos sabían qué debían hacer para destacarse y en las que los roles estaban muy bien definidos, ha puesto otra cuota de complejidad. En los actuales esquemas se requieren formas distintas de trabajar y también de ejercer el liderazgo.
"Estructuras más achatadas y ejecutivos con habilidades más transversales es lo que se está pidiendo. Y esto también trae más incertidumbre y crisis, porque los ejecutivos observan que el estilo de liderazgo es más difuso y requieren otras competencias", sostiene Turati.
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