2008/12/07

Deberes pendientes con nuestra gente

Los líderes de América latina deben hacer suyas palabras de Carlos Fuentes, referidas a "enriquecer a los pobres".

Por: Ricardo Lagos
Fuente: EX PRESIDENTE DE CHILE

Tuve el privilegio de estar con Carlos Fuentes al iniciarse los festejos por sus ochenta años. Privilegio porque junto al presidente de México, Felipe Calderón, al ex presidente del gobierno español, Felipe González, y a Gabriel García Márquez, entre otros, sentimos que ese instante no sólo nos invitaba a pensar el ser y hacer de este grande de nuestra literatura latinoamericana. También la circunstancia daba pie para pensar en un "dónde estamos y hacia dónde vamos". Y una de las propias frases de Carlos Fuentes en su discurso fue una invitación a mirar en profundo el devenir donde caminamos hoy.

Refiriéndose con amistad a lo que hemos hecho en Chile con las políticas públicas en favor de los más desposeídos, dijo: "No se trata de empobrecer a los ricos, sino de enriquecer a los pobres". Luego reforzó el sentido de su afirmación: "Se requiere un esfuerzo constante para asegurar que el desarrollo económico tome en cuenta los objetivos sociales".

¿Eran aquellas afirmaciones algo ajenas a lo que uno esperaría de Carlos Fuentes, el escritor? Para mí, no. Es cierto que estamos celebrando a un escritor, pero sobre todo a un hombre universal que eligió ser escritor. Celebramos a un maestro de las lenguas y en el fondo de su ser, a un maestro de la política.

Mientras más le he conocido, mientras más se ha ampliado nuestra amistad, he sentido que su gran capacidad esconde también una vocación política de nivel superior, la cual ha sabido ocultar tras su tremenda destreza literaria. Una de las enseñanzas latentes en sus escritos y en su palabra es un desafío también al presente: la solidaridad es el puente que debemos tender entre la libertad y la igualdad.

Si Fuentes ha visto a México como nadie, fue más allá de México, en Panamá, en Chile, en Argentina donde, desde temprana edad, descubrió lo que es América latina y aprendió en el gigantesco libro de nuestro continente lo que ya le había enseñado la experiencia de su propio y singular país: la riqueza de la diversidad, y, más aún, la diversidad como base de nuestra identidad latinoamericana.

La identidad que América latina asienta en su propia y feliz diversidad nos proyecta ahora, a inicios del siglo XXI, como ejemplo ante un mundo que de pronto parece querer fragmentarse a partir de distintas identidades culturales. Orientales y occidentales, cristianos y musulmanes, liberales y socialistas, y la secuela de entredichos y agresiones que tienen lugar en nombre de esas diferentes fidelidades y categorías, ponen en riesgo el desarrollo y aun la propia paz del planeta.

Y así también lo hace, cómo no, ese fundamentalismo de mercado que aleja a las instituciones públicas cuando tienen lugar la codicia y la consiguiente desigual distribución de los beneficios, pero las llama con urgencia cada vez que se trata de socializar pérdidas a gran escala.

Estamos viviendo momentos refundacionales no sólo en el orden económico sino más allá. En lo inmediato la urgencia determinada por la crisis económica obliga a resolver con rapidez cómo salir de ella. Pero no por urgencia habrá que ser precipitado.

Lo que reclamamos desde el Sur es una nueva estructura financiera capaz de responder a los poderes de hoy, a las realidades sociales de hoy y a las demandas aún no resueltas. Y allí tenemos la posibilidad de hacernos escuchar. Hace mucho tiempo que América latina no tenía la oportunidad de una representación como la existente en el Grupo de los 20. Allí, con Argentina, Brasil y México podemos levantar un discurso derivado de las propias experiencias sufridas bajo los ordenamientos de instituciones como el FMI. Hay que decirlo, sus demandas fueron muy duras en un momento y no contemplaron las consecuencias sociales de sus exigencias.

En este continente, desde la diversidad de nuestros proyectos nacionales, sabemos que el camino no puede ir por allí. Por cierto, hay que defender la conducción macroeconómica seria y se nos respetará si sabemos buscar los equilibrios entre nuestras tareas nacionales y nuestras obligaciones externas.

Pero la clave de los nuevos ordenamientos se debe dar teniendo en cuenta -siguiendo a Fuentes- cómo hacemos más rica la vida de los pobres. Y esa riqueza tiene nombres muy específicos y políticas muy claras.

Es aquella determinada por una educación no sólo con cobertura amplia, sino también con calidad. Es un sistema de salud abierto a atender a quien necesita atención médica y sepa prevenir enfermedades, más allá de los recursos que tengan las personas. Es la existencia de un sistema de seguridad social donde la vejez no sea una tragedia. Es el resguardo para tener una protección en los ingresos cuando ataca el desempleo.

Esos son los temas. Y con ellos la agenda también de futuro. El resguardo del medio ambiente, el acceso al conocimiento, la protección de quienes han debido migrar a otras geografías. Son tiempos donde todo se entrelaza y si no, que lo diga el impacto que la disminución de remesas está teniendo en países como El Salvador o Ecuador.

Además, si somos capaces de construir una plataforma de sensibilidad común con España, ahora también presente en el G-20, se abre la perspectiva de tener un enfoque iberoamericano cuyo eje ordenador sea la búsqueda de la "cohesión social", ese principio hoy compartido por todos.

Estamos en un momento, como dijimos en México junto a Carlos Fuentes, donde la vida se nos hace tangible desde la única manera que merece ser vivida: con examen, con sentido crítico, con esperanza de que las cosas pueden ser mejores y, asimismo, con conciencia de las dificultades que a hombres y mujeres nos cabe enfrentar cada vez que nos ponemos en marcha hacia mundos más justos y más igualitarios.

http://www.clarin.com/diario

No hay comentarios.: