2008/01/03

Steve Jobs y la muerte

Steve Jobs, ceador de Apple, cuenta que todas la mañanas se mira frente al espejo y se pregunta: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿haría lo que tengo planeado para hoy?”

En esta época del año uno tiende a estar más abierto a la reflexión, y en estas últimas semanas de paso por Chile me ha sorprendido el rol que la muerte ha jugado en nuestro fin de año.

Lo inusual no ha sido la existencia, sino la reflexión generada en torno de lo hechos, particularmente en el caso de Clemente. Quisiera colgarme de la oportunidad para agregar un nuevo argumento; y es que la muerte no sólo debe ser motivo de tristeza y/o esperanza, lugar importante donde ha estado centrado el debate.

Su presencia, independiente de las creencias particulares, puede ser motor de decisiones heroicas. Más aún, no pensar en ella con sana frecuencia es caer en el espejismo de la vida cierta; pensar que tenemos mucho que perder.

Esta idea me ha acompañado desde niño, para ser preciso desde los seis años. Sin embargo, hace poco más de dos años, Steve Jobs, creador de Apple, interpretó en forma limpia el argumento: “Prácticamente todo, las expectativas de los demás, el orgullo, miedo al fracaso o al ridículo, se desvanecen frente a la muerte, dejando sólo lo verdaderamente importante”. Luego continúa: “recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder.

Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir a tu corazón”. Vale la pena escuchar el discurso completo que realiza para la graduación de Stanford para el año 2005. Si no lo ha hecho, basta con entrar a YouTube y escribir su nombre.

El mensaje es simple: la conciencia de nuestra fragilidad nos ayuda a ser más atrevidos, a dejar de lado temores sin sentido. Gastar más tiempo en pensar y menos tiempo en la rutina. Más tiempo en soñar y menos tiempo en protegernos frente a un peligro que no existe si se compara con lo que nos espera a la vuelta de la esquina.

En el mismo discurso Jobs cuenta que todas la mañanas se mira frente al espejo y se pregunta: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿haría lo que tengo planeado para hoy?” Si la respuesta era “No” por varios días seguidos era señal de golpe al timón.Desmenuzar y analizar cada pieza de nuestras vidas no sólo es una de las cosas más necesarias, sino también una de las cosas más apasionantes que podemos hacer.

Es un momento donde realmente ejercemos nuestra libertad. Recuerdo un gran profesor que tenía una hora al día para “pensar”, donde ni el teléfono ni sus jefes lo podían molestar. El accionar cotidiano de nuestras vidas (y empresas) está lleno de supuestos que nunca hemos querido cuestionar.

La vida es muy corta como para vivir la vida de otros. Si así lo hacemos estamos renunciando a lo único que realmente nuestro: la libertad.

¿Estoy siendo quién quiero ser? debe ser la primera pregunta,

¿estoy arriesgando lo suficiente para lograrlo?, es la segunda.

¿Tiene todo esto alguna relación con políticas públicas?

Creo que sí, y en dos dimensiones. Primero, porque la pregunta sobre quién queremos ser también debemos aplicarla con más frecuencia y profundidad a nuestra sociedad. Pero la hoja de ruta no es suficiente. Sin una generación de jovenes dispuestas a tomar riesgo importante es difícil pensar que el sueño de una sociedad justa sea una realidad próxima.

El miedo al riesgo es real, y viene en parte de ese apego inexplicable al espejismo de una vida segura. “Sigue hambriento, sigue alocado”, dice la ultima frase de Jobs a quienes comienzan su vida profesional.


Felipe Kast

www.eldiariofinanciero.cl

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