2007/10/01

Carlos Slim, en la senda de Bill Gates

El magnate mexicano, que según algunas estimaciones recientes es el hombre más rico del mundo, recibe su inspiración de los artistas y asegura que seguirá “pintando” hasta su muerte. Ahora, su atención se dirige cada vez más hacia la beneficencia.

El cielo se ha oscurecido, una tormenta descarga granizos del tamaño de uvas y Carlos Slim, sentado ante una mesa de comedor en una de sus casas de un vecindario rico de Ciudad de México, lucha con su teléfono móvil. “No sé cómo hacerlo”, comenta en una entrevista.

Slim, que según algunas estimaciones se ha convertido este año en el hombre más rico del mundo –Forbes aún lo sitúa en segundo lugar pero se espera que lo eleve al escalón más alto en su próxima lista– está en un aprieto porque usó el celular para tomar una foto y trata de enviarla a otro teléfono.Mientras hurga en las teclas, salta a la vista que Slim, de 67 años, no es Bill Gates.

En una conferencia de prensa en marzo, recibió una pregunta técnica sobre telecomunicaciones de una periodista, la escuchó educadamente, hizo una pausa y respondió: “Señorita, no tengo ni la más remota idea de sobre qué me está hablando”.Pero Slim ha demostrado ser un formidable empresario. Lidera un imperio que engloba desde bancos, aseguradoras, supermercados y tiendas minoristas, hasta restaurantes, empresas mineras, tabaqueras y cementeras, así como a Telmex y América Móvil, sus gigantes de las telecomunicaciones.

Dominio de la telefonía

Telmex domina la telefonía fija en México, con más del 90% del mercado. También es extremadamente rentable: todos los años genera beneficios suficientes como para pagar el precio original de adquisición. América Móvil ha aumentado el número de suscriptores una media de 65% anual desde 2000, según Slim, y en la actualidad cuenta con más de 125 millones de clientes.

Gran parte de ese crecimiento se debe a la aparentemente infalible habilidad de este empresario para encontrar compañías infravaloradas y con una gestión débil, comprarlas y cambiarlas por completo. Sin embargo, sus detractores aseguran que nunca habría llegado a ser el hombre más rico del mundo de no ser por dos elementos clave. El primero es la compra de Telmex en 1990 como parte de un programa de privatizaciones. Sus detractores afirman que retrasó la competencia en el sector durante varios años.

El segundo elemento clave son los precios que cobra a sus clientes. Según un informe de la OCDE, de entre sus países miembros México cuenta con algunos de los precios más altos en el sector.Slim desestima ambas críticas.

En innumerables ocasiones ha mencionado la tarifa básica de US$ 14 al mes de Telmex como una evidencia de que sus precios para la línea fija son competitivos. También expone que el uso de teléfonos móviles en México es más barato que en otros muchos países. Para subrayar esta afirmación, pide a su asistente que le traiga la última lista de precios globales. “¿Ves? Once centavos el minuto”, indica. “Somos más baratos que la media para Latinoamérica, Europa y el resto de los países desarrollados”.Slim ha perfeccionado la rutina de las tablas a lo largo de los años.

El problema es que mira una columna basada en los contratos de abonados, que representan una proporción minúscula de sus clientes; el resto emplea servicios de prepago, una innovación que reivindica haber inventado, y que cuesta alrededor de US$ 0,35 el minuto.Gustos conservadoresMientras los mexicanos siguen debatiendo sobre los monopolios y los precios, no cabe duda de que su participación en el sector ha jugado un papel decisivo a la hora de convertirle en un hombre muy rico. Con más de 200 compañías bajo su control (dice que perdió la cuenta del número exacto) su imperio constituye más de un tercio de la capitalización de la bolsa de México.

Según Forbes, que en su última revisión fijó su fortuna en US$ 53.200 millones, el valor de la red de Slim se incrementó el año pasado en US$ 19.000 millones.Los gustos de Slim son esencialmente conservadores. Es conocido por no poseer yates ni villas de lujo de los que presumen otros multimillonarios de México. Su casa, en otro lugar de la capital, es la que ha ocupado durante 36 años. Slim insiste en que no le importa ser el hombre más rico del mundo. “Esto no es un partido de fútbol”, indica. Tampoco le preocupa la riqueza per se. “Procedo de una familia rica.

Siempre he tenido dinero”.LiderazgoA Slim, viudo, no parecen preocuparle los riesgos de la sucesión. Ya ha confiado el liderazgo de sus principales empresas a sus hijos, y asegura confiar en que el imperio resistirá incluso después de retirarse por completo. Tampoco admite que vaya a hacerlo. “Es como los pintores”, explica. “Los artistas no dejan su trabajo porque hayan creado un bello cuadro. Continúan pintando hasta su muerte”.Hace poco decidió aumentar las contribuciones a las fundaciones benéficas de sus compañías de US$ 4.000 millones a US$ 10.000 millones.

También se ha unido a Bill Clinton, el ex presidente de Estados Unidos, en varias empresas filantrópicas, y apoya los esfuerzos de Nicholas Negroponte, del MIT, para suministrar computadores a los niños en países en vías de desarrollo.


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