Se pudo ver a Horst Paulmann conversando animadamente con Andrónico Luksic, quien estaba a unos cuantos puestos de distancia, y a Juan Cuneo hablando con Nicolás Ibáñez mientras entraban a la sala.
Un grupo de cerca de 60 elegidos se desmarcaron del programa oficial del World Economic Forum el jueves tipo 6 de la tarde. Uno a uno, por una línea especial ubicada en el pasillo de CasaPiedra, los empresarios VIP chilenos y brasileños fueron entrando a un salón lateral para tener un encuentro privado con los presidentes Lula y Bachelet, y sus ministros.
Bastante trabajo tuvieron los organizadores tratando de bloquear a varios no invitados que insistían en colarse al encuentro más exclusivo de este foro económico. Pero los que no tuvieran la credencial blanca -que algunos bautizaron como la cédula "de los ángeles"- tenían que esperar afuera. Pero algunos, como Susan Segall, del Council of the Americas, tras varios intentos lograron convencer a los guardias e ingresar al lugar.
En el salón, una enorme mesa redonda los esperaba con puestos asignados (ver infografía). Se pudo ver a Horst Paulmann conversando animadamente con Andrónico Luksic, quien estaba a unos cuantos puestos de distancia, y a Juan Cuneo hablando con Nicolás Ibáñez mientras entraban a la sala.
También llegaron las delegaciones oficiales. El Presidente Luiz Inácio Lula da Silva y sus 7 ministros junto con la Presidenta Michelle Bachelet, sentada al lado de los ministros Andrés Velasco, Karen Poniachik y Marcelo Tokman.
Partió hablando la Presidenta sobre los acuerdos alcanzados, pero en un momento le tiró "un palo" a su contraparte brasileña diciéndole que esperaba que aumentara la inversión de Brasil en Chile porque la de nuestro país superaba la de la nación carioca. Las risas provocadas en los asistentes deben haber marcado a Lula, ya que cuando tomó la palabra le recordó a Bachelet que las exportaciones chilenas a su país eran más dinámicas que las brasileñas al nuestro.
Durante los 20 minutos que duró el discurso de Lula -mientras pocos chilenos utilizaron los audífonos de traducción, demostrando su conocimiento del portugués-, el Presidente brasileño demostró ser tan afectuoso como su par venezolano, Hugo Chávez, y en seis oportunidades le tocó el hombro a la Presidenta, además de tomarle la mano cariñosamente. Habló de un gasoducto hasta Venezuela, que abría oportunidades de integración a Chile y Argentina, hasta de la estrella del momento, el etanol.
Más tarde, Pablo Skaf, líder de la misión empresarial que acompañó a Lula, alabó las habilidades empresariales chilenas y mencionó nuestra hospitalidad, los vinos y hasta los pescados. Y para demostrar cuánto querían estrechar los lazos comentó que había inaugurado una exposición cultural denominada Salvador Allende, lo que provocó más de algún carraspeo entre los asistentes.
Se les dio la palabra a los empresarios brasileños que quisieran hacer preguntas... pero sólo hubo un largo e incómodo silencio. "Pensábamos que los empresarios brasileños eran menos tímidos que los chilenos", dijo el ex presidente de Icare Alfredo Moreno. Y no, nuestros empresarios no perdieron la oportunidad de plantear sus quejas al Presidente Lula. Partió Enrique Cueto recordando que en sus discursos el Presidente Lula había mencionado muchas veces la palabra integración, pero que la apertura de Brasil en materia de aviación era muy restringida. Siguió Eliodoro Matte, quien dijo que los exportadores chilenos enfrentaban medidas paraarancelarias y cuotas y que, por ejemplo, no podían proveer más del 5% del total de cartulina de Brasil. El tercero fue Ricardo Claro, que pidió explicar los alcances del acuerdo del etanol cerrado entre Brasil y EE.UU.
Lula reconoció la mala gestión que caracterizaba a su país en materia aeronáutica y dijo que estaban trabajando en una nueva propuesta y que estaba consciente de los problemas de quienes no tenían un avión presidencial como él para llegar a Europa. Para Matte hubo generalidades. Después explicó con cifras, que le iban pasando sus ministros, el acuerdo del etanol.
Los chilenos quedaron bastante satisfechos con la intervención de Bachelet, especialmente cuando dejó claro que Chile quería integración, pero que no estaba dispuesta a someterse a un gobierno que le podía cerrar la llave o no respetarle los contratos, en referencia al problema del gas con Argentina. Incluso le perdonaron que en la charla abierta haya hablado del "pid" (sic) per cápita en vez del PIB per cápita.
La reunión debió cortarse porque Lula y su comitiva seguían a Argentina. Los chilenos, en tanto, también se dividieron y algunos de ellos se fueron directo al hotel Hyatt, donde el ex Presidente Lagos organizaba una cena con el empresariado local e internacional presente en nuestra capital.
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