Por Patricio Navia
(La Tercera. Chile).-
Las reformas tributarias son como las renovaciones de las casas. Son
complejas, molestas, llenas de sorpresas y potencialmente peligrosas.
Por eso, cuando se hacen, es mejor planificarlas bien, reduciendo la
incertidumbre y tratando de construir acuerdos amplios que eviten los
malos ratos y que permitan llegar a feliz término en un tiempo
razonable. No hay nada peor que empezar una renovación de la casa y no
terminarla. Nada más complicado que entrar a picar antes de concordar
cuáles van a ser los arreglos y qué cambios se harán.
Sea como sea que termine la reforma tributaria que anunció por
cadena nacional el 26 de abril el Presidente Piñera, los costos
superarán con creces a los beneficios que produzca las modificaciones a
los impuestos.
Primero, la clase política demostró su incapacidad para negociar
acuerdos. Si la política es el arte de lo posible, el debate sobre la
reforma tributaria demostró que nuestra clase política está más
interesada en apuntar con el dedo las incapacidades, errores o malas
intenciones de los adversarios que en encontrar soluciones para las
necesidades urgentes de la sociedad.
Segundo, los valiosos meses que consumió el debate desviaron la
atención de otros proyectos que precisaban avanzar en el Congreso y que
ahora se verán entorpecidos por la campaña municipal y por la ya
desatada carrera presidencial. El debate tributario fue un cuello de
botella para proyectos sobre los que había más consenso y, por lo
tanto, tenían mejores chances de convertirse en ley.
Tercero, la reforma tributaria abrió una discusión que no seguirá
abierta en la próxima campaña presidencial. Los candidatos
presidenciales volverán a poner sobre la mesa la discusión sobre cómo
reformar los tributos para poder financiar mejor una reforma
educacional que mejore la calidad y amplíe la cobertura.
Tanto el gobierno como la oposición se acusarán mutuamente por la
incapacidad para alcanzar un acuerdo. Habrá buenos y malos argumentos
en ambos lados. Pero esta reforma tributaria ha producido más
frustración que frutos.
Después que gobierno y oposición anunciaran su compromiso con
mejorar la calidad de la educación, la clase política fue incapaz de
ponerse de acuerdo. Como resultado, el debate tributario seguirá
abierto en la campaña presidencial cuando todos los candidatos tengan
incentivos para prometer irresponsablemente que ellos sí serán capaces
de hacer lo que la clase política en su conjunto fue incapaz de lograr
en el invierno de 2012.
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