Hacía mucho tiempo que el máximo ejecutivo de un gran banco no dejaba el cargo sin ser expulsado o con un puñal en la espalda.
El alejamiento de John Mack en enero de su puesto como director ejecutivo de Morgan Stanley –aunque mantendrá la presidencia– también contrastará con la desagradable telenovela que culminó en la destitución de su predecesor, Philip Purcell, en 2005. Sin embargo, el sucesor de Mack, James Gorman, que forjó la corredora para personas del banco junto con Citigroup, trae consigo ecos del viejo debate en torno a lo que debería ser Morgan Stanley. Como líder natural, Mack fue muy valioso para el banco durante los turbulentos días del otoño pasado en los que, para muchos, Morgan Stanley parecía la siguiente ficha que caería del dominó.
También ayudó a estabilizar el banco, principalmente desde el punto de vista institucional, tras la complicada salida de Purcell. Es cierto, Mack también fue el responsable de que Morgan Stanley asumiera mayores riesgos, expandiéndose en derivados, hipotecas y hedge fund, áreas de las que se está retirando en la actualidad. Pero ahora que ha devuelto los fondos asistenciales del Gobierno, y ante la cercanía de su cumpleaños número 65, parece un momento propicio para su marcha.
Su sucesor, sin embargo, cuenta con una amplia experiencia en actividades de corretaje y de gestión de patrimonio, pero escasa en banca de inversión. La permanencia de Mack como presidente del consejo aportará cierto peso institucional, y su mandato ha reconciliado la doble personalidad de Morgan Stanley mejor que en ocasiones pasadas.
Pero la crisis financiera demostró la necesidad de que las figuras relevantes estuvieran al corriente de los tejemanejes en las áreas de mayor riesgo de sus empresas.
Además, el mayor logro de Gorman, la sociedad conjunta con Smith Barney que cerró en junio, es un trabajo a medio hacer al que le espera una difícil integración por delante. Completar eso, al mismo tiempo que demuestra su valor como directivo de banca de inversión, deja mucho margen para posibles contratiempos.
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