2009/08/10

"Made in Argentina": el objetivo-país detrás del freno a las importaciones

La presidenta Cristina Fernández no ha tenido tapujos en promover el proceso de reindustrialización que está llevando a cabo en Argentina.

A través del aumento de los impuestos a la importación de ciertos productos o la otorgación de préstamos para promover la producción local, la mandataria enfrenta el enorme impacto económico que ha tenido la crisis financiera global en el vecino país.Después de crecer a tasas superiores al 6% desde 2003, la nación creció sólo 2% en el primer trimestre y en el año apenas superaría el 0%. Pero ¿es necesario cerrar las fronteras? Una vez más, Argentina se dirige contra la corriente.

La crisis: el empujónEl proceso de reindustrialización nació durante el mandato del presidente Néstor Kirchner, en mayo de 2003. Según su esposa, la actual mandataria Cristina Fernández, esta fecha marca el inicio de “un tipo de cambio competitivo, tarifas desacopladas y planes de promoción”.Sin embargo, ha sido bajo el liderazgo de Cristina que se han adoptado las iniciativas más agresivas.

Ante la caída del crecimiento y el aumento del desempleo por culpa de la peor crisis financiera desde la Segunda Guerra Mundial, su respuesta ha sido el incremento paulatino de los aranceles de ciertos productos para proteger a la industria nacional y regional.La semana pasada, la Cámara de Diputados aprobó un proyecto para proteger la industria electrónica de Tierra del Fuego. La iniciativa grava a los equipos importados, aumenta el IVA de sobre estos artículos del 10,5% al 21%, al tiempo que reduce del 21% al 7% el impuesto para los bienes producidos en Tierra del Fuego.

El proyecto, que debe ser discutido en el Senado, incluye a los celulares, notebooks (excepto los nacionales), GPS y artículos de uso doméstico, como secadores de pelo y estufas eléctricas.La recaudación anual que espera el gobierno es de 3.000 millones de pesos argentinos, de los cuales 500 millones serán para Tierra del Fuego, y el resto se destinará a equilibrar las cuentas nacionales.

Los críticos aseguran que el potencial aumento de precios afectaría a los consumidores y a que se arriesga una ampliación de la brecha digital entre ricos y pobres.Esto se suma al anuncio que realizó el gobierno en junio de que otorgaría un préstamo por US$ 70 millones a la automotriz estadounidense General Motors para que fabrique en su planta argentina un nuevo modelo de auto.

Una de las condiciones del crédito es que el auto debe ser fabricado íntegramente con componentes argentinos, para estimular la industria de partes y piezas para autos.En su visita oficial a Venezuela este martes, Fernández y los cerca de 70 empresarios que la acompañan intentarán que Venezuela reanude las importaciones de automóviles argentinos, en momentos en que el mandatario Hugo Chávez ordenó la paralización de la importación de 10 mil vehículos colombianos debido a las tensiones diplomáticas entre ambos países.

En 2008, Venezuela importó autos por cerca de US$ 6.000 millones, pero este año las compras han estado casi congeladas. Entre 2007 y 2008, Argentina exportó a Venezuela un promedio de 21.000 vehículos.Contra la corriente Cristina está intentando retomar una estrategia que floreció en Latinoamérica en los años ’30, conocida como “industrialización por sustitución de importaciones” (ver recuadro).

En esta cruzada, la presidenta cuenta con el apoyo de la industria y los gremios locales. “Es necesario defender el proceso de reindustrialización de Argentina, sobre todo en el actual contexto de una crisis internacional, donde los países más desarrollados intentan colocar excedentes manufactureros a cualquier costo en todos los mercados posibles”, dijeron hace pocos días la Confederación General del Trabajo (CGT) y la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAEM).

La presidenta Cristina Fernández cuenta con la CGT, controlada por el oficialista peronismo, pero también ha fortalecido vínculos con la poderosa Unión Industrial Argentina y otras cámaras al alentar la reconstrucción del sector manufacturero. Sin embargo, el apoyo local contrasta con las crecientes críticas de sus vecinos. En la Cumbre del Mercosur en Asunción, Uruguay aseguró que “la situación en materia de restricciones al comercio recíproco es insostenible, en particular para los socios de pequeño tamaño económico”.

En esa misma cita, la mandataria se reunió con su par brasileño Luiz Inacio Da Silva, quien le manifestó la “preocupación” de su gobierno por el efecto que tienen las medidas de restricción que Argentina impuso sobre las importaciones brasileñas. Las compras a Brasil han caído 42,1% en lo que va del año, sobre todo en productos como autos y partes, teléfonos celulares y calzado. Una vez más, Argentina se aísla del resto de la región.

La experiencia previa
En los años ’30 nació en Latinoamérica una tendencia conocida como “industrialización por sustitución de importaciones” (ISI).


Como reacción a la Gran Depresión, muchos países cerraron sus fronteras al comercio internacional, lo que afectó a las naciones de la región, que exportaban materias primas e importaban la mayoría de los bienes industriales que consumían. En este escenario, los gobiernos de países como Argentina, Brasil, Chile y México recurrieron a la imposición de aranceles altos, con el fin de mantener los productos extranjeros fuera del país y proteger las industrias nacientes, responsables de satisfacer la demanda interna.

La fórmula recibió sustento teórico en los ’50, de la mano del primer secretario general de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), el argentino Raúl Prebisch, y el economista brasileño Celso Furtado.Pese a que hubo algunos casos exitosos de desarrollo, como sucedió con las industrias automotrices de Brasil y México, en términos generales la experiencia no fue positiva, debido a la ineficiencia de las fábricas locales y a los altos costos de la importación de tecnología y productos intermedios.

De hecho, algunos economistas culpan a la sustitución de importaciones por el rezago económico de la región frente al sudeste asiático, por ejemplo. Fue la estrategia opuesta, es decir, la industrialización a través de las exportaciones, lo que permitió el florecer económico de los tigres asiáticos (Singapur, Taiwán, Hong Kong y Corea), aseguran.

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