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2015/06/24

WikiLeaks: EEUU espió a presidentes franceses

La Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos espió a los presidentes franceses Jacques Chirac, Nicolas Sarkozy y François Hollande, dijo WikiLeaks en un comunicado de prensa publicado ayer, citando a reportes de inteligencia clasificados y documentos técnicos.
La revelación fue informada inicialmente por el diario francés Liberation y por el sitio de noticias en internet Mediapart, que dijo que la NSA espió a los presidentes desde al menos el 2006 hasta mayo del 2012, el mes en que Hollande asumió el mando de manos de Sarkozy. (Reuters)
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2013/11/14

TPP: Wikileaks filtra claves de texto de propiedad intelectual y en Chile se analiza impacto

ONGs advierten que esta tratativa afecta a la ley de propiedad intelectual que rige en Chile desde 2010.

Por Gonzalo Cerda M.


El hermetismo y secreto que han marcado la negociación del Trans Pacific Partnership (TPP) ayer fue vulnerado. Wikileaks publicó el texto completo del la negociación del capítulo de propiedad intelectual, una de las materias consideradas “sensibles” por quienes han participado de las tratativas.

El capítulo que fue analizado y distribuido el 30 de agosto en la 19ª ronda de negociaciones en Bandar Seri Begawan, Brunei, aborda aspectos como, por ejemplo, los plazos de protección donde se pretende establecer plazos aún más altos llegando a 95, 100 y 120 años en ciertos casos específicos.

Esta filtración se produce sólo a días de la que ha sido calificada como la cumbre decisiva de jefes negociadores, que se desarrollará en Salt Lake City entre el 19 y 24 de noviembre y da cuenta de las posiciones que tienen los 12 países miembros respecto a este capítulo en particular.

Otro aspecto que se encuentra presente en la negociación es el que dice relación con las medidas tecnológicas de protección, en el que el TPP establece penalidades que van más allá del TLC negociado entre Chile y EEUU, estableciendo el criterio de “motivos razonables para saber” para sancionar la elusión de un medida, extiende la sanción a terceros y obliga a sancionar penalmente prácticamente cualquier forma de elusión o facilitamiento de medidas tecnológicas, como pueden ser el sistema de división de zonas de los DVD o el desbloqueo de celulares o consolas de videojuegos.

De hecho, este acuerdo ha sido criticado duramente por “sus amplios efectos sobre los medicamentos, servicios de internet, libertades civiles y patentes biológicas”.

Riesgos en el acuerdo


En Chile, ex directores de la Direcon, han cuestionado los supuestos beneficios que traería para el país suscribir este acuerdo, dado que el país cuenta con acuerdos comerciales con casi la totalidad de los miembros. Este cuestionamiento ha sido respaldado por ONGs. Según Claudio Ruiz, director la ONG Derechos Digitales, el texto muestra que la negociación “fundamentalmente, apunta a la extensión de los plazos de protección del derecho de autor y patentes de medicamentos; responsabilidad de los ISP en la baja de contenidos de Internet, prohibición de las importaciones paralelas y duras penas para quienes transgredan Medidas Tecnológicas de Protección o TPM, entre otras tantas medidas que siguen dando razones para la movilización global en contra del tratado”.
Direcon: "El gobierno no se hace cargo del documento"

Imagen foto_00000004"El Gobierno de Chile no se hace cargo del documento filtrado por Wikileaks". De esta forma, la Dirección General de Relaciones Económicas Internacionales (Direcon), salió al paso de la filtración del documento. Mediante una declaración pública, la entidad señaló que el texto "se suma a otros divulgados anteriormente durante la negociación del TPP, como si fueran oficiales".

Además, "precisamos que los únicos documentos de negociación oficiales son aquellos que se discuten en las mesas de trabajo junto con los otros 11 países que forman parte de este proceso. Como se sabe, los 12 países que participan del TPP han tenido que asumir una obligación de confidencialidad en relación con los textos de negociación. Así fue el caso de Chile cuando el gobierno de la época tomó este compromiso en el año 2009, siendo también el caso de todos los demás países que actualmente integran esta negociación".

Respecto de la posición en la que queda Chile dentro del proceso de negociación, desde Direcon señalaron que "las posiciones que Chile ha planteado en las diferentes áreas que se negocian en el TPP, incluyendo el área de la propiedad intelectual, son reflejo de un trabajo permanente, conjunto y coordinado entre los distintos ministerios y agencias competentes, tanto a nivel de sus autoridades como de expertos con años de experiencia en sus respectivas especialidades y en negociaciones de acuerdos comerciales. A ello se une un constante diálogo con la sociedad civil en general y con grupos o sectores de interés vinculados a ciertas temáticas del TPP en particular y con el Congreso y sus comisiones de Relaciones Exteriores y de Hacienda".

Finalmente, refuerzan la idea de que "como Gobierno hemos participado de las negociaciones del TPP, y lo seguiremos haciendo, teniendo en consideración las diferentes sensibilidades que puedan existir, y buscando, como siempre, obtener los mayores beneficios para Chile y sus ciudadanos".


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2011/11/28

El impacto de Wikileaks en Latinoamérica


Las suspicacias, tensiones y rivalidades entre Estados Unidos y América Latina quedaron expuestas con la filtración de documentos confidenciales de la diplomacia estadounidense. Las revelaciones fueron polémicas y, en algunos países, influyeron procesos electorales e impactaron fuertemente en las relaciones diplomáticas.

Uno de los países donde la filtración generó mayor impacto fue Ecuador. Wikileaks reveló un cable del Departamento de Estado que hacía un análisis de la Policía ecuatoriana, dando a entender que había corrupción en su cúpula, de lo cual el Gobierno estaba al tanto. La respuesta fue drástica: el presidente Rafael Correa declaró persona no grata a la embajadora de EE.UU., Heather Hodges, y el 5 de abril de 2011 la expulsó. La decisión fue calificada de “apresurada” por varios sectores. Dos días después, EE.UU. respondió: expulsó al embajador en Washington, Luis Gallegos. Y se suspendieron las reuniones bilaterales.

“Lo grave es que Wikileaks dice que tienen informantes dentro de la Policía y las FF.AA. y, si tenían información de actos de corrupción, debieron pedir una reunión con el Canciller. Esto es espionaje, por favor”, declaró Correa”.

Las tensas relaciones diplomáticas hicieron temer un bajón comercial, pues EE.UU. es nuestro principal socio económico, que no se concretó. El impacto de los cables fue tal que llevó las relaciones a un punto crítico y hasta hoy no asumen los sucesores de los embajadores expulsados. En el país divulgaron los cables EL COMERCIO (que recibió 1334 telegramas) y El Universo (343).

Tras el escándalo, la Cancillería implementó medidas especiales para evitar filtraciones de información sensible, e inició gestiones para que Wikileaks le entregara los cables, sin éxito.

Las secuelas en México

El embajador de EE.UU. en México, Carlos Pascual, reportó a su gobierno que el Ejército mexicano no había considerado información sobre la ubicación del narcotraficante Arturo Beltrán, que había sido proporcionada por EE.UU., acusándolo de poca efectividad. A la vez, alabó el desempeño de la Secretaría de Marina en el operativo donde murió Beltrán, y calificó a Genaro García, secretario de Seguridad Pública , de “perdedor”.

El Embajador mencionó en otros cables que el Gobierno federal solicitaba en cada reunión “ayuda desesperada” en materia de seguridad. Sostuvo que los diálogos de seguridad con México podrían verse afectados por la caída del porcentaje de aprobación de Felipe Calderón, las preocupaciones económicas...

Uno de los cables citaba directamente al presidente Calderón en una conversación con Dennis Blair, director de Inteligencia de EE.UU., donde manifestaba su preocupación por la influencia del presidente Hugo Chávez, tanto en los asuntos internos mexicanos como en América Latina. Sugirió, incluso, que Chávez podría haber financiado la campaña del opositor Partido de la Revolución Democrática (PRD), en las elecciones de 2006. Esa percepción no dejó indiferentes a los legisladores mexicanos, quienes reclamaron la injerencia.

Pese a que el embajador Pascual aclaró que los cables no reflejaban la política oficial de su país, sino comunicaciones informales, a solo dos meses de las filtraciones el presidente Calderón dejó en evidencia el daño causado. “Los embajadores quieren levantar sus propias agendas ante sus jefes, le han hecho mucho daño a la relación. Su ignorancia se traduce en una distorsión de lo que ocurre en México”, enfatizó Calderón.

Las presiones mexicanas se hicieron sentir el 19 de marzo: la secretaria Hillary Clinton informó que Pascual renunciaba a la embajada para evitar factores distractivos en la relación bilateral.

Baldazo electoral en Perú

En Perú, mientras tanto, los cables llegaron en medio del proceso electoral que definiría el nuevo presidente. Al conocer que la prensa difundiría los cables, la embajadora de EE.UU. en Lima, Rose Likins convocó a su oficina a los candidatos a la Presidencia para darles cuenta de los cables que pudieran incomodarlos.

En esa reunión, Likins le dijo al entonces candidato Humala que un cable de 2005 daba cuenta de que Fernando Rospigliosi, ex ministro del Interior del gobierno de Alejandro Toledo (2001 y 2006), había pedido a la embajada hacer lo posible por evitar que el “ultranacionalista” ganara las elecciones de 2006, en las que triunfó finalmente Alan García.

Junto con el ex director de la Defensa, Rubén Vargas, sugirieron varias formas de frenar el avance del candidato; entre otras que “la embajada considerara financiar un programa comunicacional anti Humala”. Esto puso a Humala en el centro de la noticia por varios días. Muchos cables se centraban en el político y contaban aspectos de sus relaciones con Venezuela, mostrando la preocupación de EE.UU. por el vínculo de Humala con el bloque chavista.

Los otros candidatos —Alejandro Toledo, Keiko Fujimori y Luis Castañeda— también fueron retratados por los cables, que revelaron detalles de sus reuniones a puerta cerrada con los funcionarios de EE.UU. Luego de la primera vuelta, las publicaciones se centraron en los ganadores: Fujimori y Humala. Aunque, según analistas, los cables no revelaron asuntos cruciales.

La diplomacia brasileña prefirió ignorar los cables

Los telegramas en Brasil fueron revelados en los días que antecedieron a la prisión del líder de Wikileaks en Londres, Julián Assange.
En esa ocasión, el presidente Lula da Silva manifestó su apoyo a las revelaciones de los telegramas, aunque la diplomacia brasileña —imitando a la americana—, se negara a responder a los temas que serían publicados.

Refiriéndose a Assange, el presidente Lula dijo: “El muchacho estaba apenas colocando aquello que él leyó. Y si él leyó es porque alguien lo escribió. El culpable no es quien lo divulgó, el culpable es quien lo escribió. Por lo tanto, en vez de culpar a quien divulgó, culpe a quien escribió la tontería, porque, si no, no habría el escándalo que hay”.

A partir de dos cables que revelaron que la secretaria de Defensa Hillary Clinton había puesto empresas brasileñas en su lista negra por intentar negociar con Irán, O Globo descubrió que a pesar de los esfuerzos del Gobierno brasileño de abrir un canal directo con el mercado iraní, las empresas brasileñas no conseguían concluir los negocios porque incluso los bancos públicos no aceptaban hacer la transacción de los papeles por temor a represalias americanas.
Pero la divulgación de los cables de Wikileaks no dañó las relaciones entre Brasil y EE.UU.

Sí obligó al ex ministro de Defensa, Nelson Jobim, a dar explicaciones sobre conversaciones que tuvo con el entonces embajador americano, Clifford Sobel. Según el diplomático estadounidense, Jobim era un crítico tenaz de la diplomacia brasileña y habría dejado en claro eso en conversaciones con él.
Uno de los documentos que más repercusión tuvo revelaba que, en conversaciones con el ex embajador, Jobim acusó al embajador Samuel Pinheiro, entonces segundo al mando de la Cancillería, de odiar a EE.UU. La divulgación produjo malestar en el Régimen..

Jobim negó públicamente las declaraciones y, con un integrante de su gobierno en la mira, Lula, aunque apoyaba a Wikileaks, dijo que prefería dar crédito al Ministro de Defensa.

¿Cómo reaccionaron los gobiernos a la divulgación?

El presidente de México, Felipe Calderón, a través de su cuenta en Twitter dijo dar una “condena categórica a la revelación ilegal de documentos que se atribuyen a la diplomacia estadounidense”.

En Ecuador, el gobierno del presidente Rafael Correa tuvo una reacción ambigua y contradictoria: inicialmente alabó los cables revelados por Wikileaks. Incluso, el subsecretario de la Cancillería, Kinto Lucas, ofreció la posibilidad de darle asilo a Julián Assange, si este lo solicitaba. No obstante, los siguientes días cuando los cables empezaron a afectar su imagen, el Régimen les restó credibilidad.

La prensa del país supo extraoficialmente de una cacería de brujas en el Régimen para determinar si es que alguien estaba filtrando información.
Los telegramas difundidos en Ecuador tuvieron relación con política interna, elecciones, comercio, economía, ambiente, crimen organizado...

Entre tanto, en Argentina, donde el Gobierno modificó sobre la marcha su posición ante las sucesivas filtraciones.

Su primera reacción fue responder con ataques retóricos a Washington, pero luego optó por callar y no comentar las revelaciones de los telegramas, que fueron revelados por medios considerados referenciales en cada país.

Distinta fue la reacción del Gobierno brasileño, que apoyó a Wikileaks. “El muchacho estaba apenas colocando aquello que él leyó”, dijo el presidente Lula sobre el líder de la organización, Julián Assange.

En Perú, el gobierno de Alan García no tomó partido, pese a que algunos cables se referían al “ego enorme” del entonces presidente, y los gobiernos de Costa Rica y Nicaragua no hicieron declaraciones oficiales.

El Gobierno chileno le bajó el perfil a las filtraciones y consideró que no ponía en riesgo la relación diplomática ni la seguridad interna. Ya lejos de la Presidencia, Bachelet desmintió las supuestas declaraciones sobre la inestabilidad emocional de la presidenta de Argentina, Cristina Fernández.

Argentina: El G-20 analizó una posible expulsión

Los cables revelaron que el G-7, grupo que reúne a los siete países más poderosos del globo, quedó descontento con la participación de la presidenta Cristina Fernández, en la cumbre del G-20 de 2008, en Washington. Incluso, junto a España y Holanda, el grupo habría evaluado expulsar a Argentina. Pese al potencial impacto político de la revelación, no hubo consecuencias en la agenda.

Venezuela: Los derechos civiles fueron relegados

El estallido del ‘Cablegate’ no desató un mayor efecto. Un telegrama destacó el decálogo para mantener la revolución socialista, titulado ‘Los 10 principios del chavismo’. Otro cable concluye que “la mayoría de los ciudadanos, que dependen de la esplendidez de su petroestado, parecen darle más prioridad a los ‘derechos sociales’ y a la autopreservación, que a los abstractos derechos civiles”.

Chile: Los telegramas no pasaron de la anécdota

Los cables emitidos en Santiago fueron más bien anecdóticos. Una de las declaraciones más polémicas reflejadas en los telegramas fue la de Michelle Bachelet sobre la presidenta Cristina Fernández. La entonces presidenta le habría dicho, en enero del 2010, a Arturo Valenzuela, secretario de Estado para América Latina, que su par argentina era “inestable”, lo cual fue negado por Bachelet.

Costa Rica: El Comando Sur adiestró a policías antimotines

Los cables revelaron que la CIA financió a la agencia de Inteligencia costarricense en operaciones contra el narcotráfico, y que el Comando Sur adiestró a policías para contener protestas contra el tratado de libre comercio que ambas naciones firmaron. Pese al poco impacto político, la filtración sí permitió al diario La Nación confirmar las sanciones económicas de EE.UU. a Costa Rica.

Las reacciones de cuatro mandatarios, tras conocer los cables filtrados

Rafael Correa, Presidente ecuatoriano: “La embajadora Heather Hodges ha sido la enemiga en casa”.

Felipe Calderón, Presidente de México: “Los embajadores quieren levantar sus propias agendas”.

Hugo Chávez, Presidente de Venezuela: “Cómo irrespetan hasta a sus aliados, cuánto espionaje”.

Luis Inacio Lula da Silva, Ex presidente de Brasil: “El muchacho (J. Assange) solo estaba colocando lo que leyó”.


www.elcomercio.com

2010/12/09

The WikiLeaks Battle: Should Information Be Shared or Censored?

Julian Assange, the Australian founder of WikiLeaks, the controversial website that has been posting classified government documents, is now being held without bail in the U.K., awaiting extradition to Sweden for questioning regarding an alleged rape. But sensational news aside, his site's recent release of confidential U.S. State Department cables has implications for businesses and corporations with sensitive information to shield, according to experts at Wharton and the University of Pennsylvania.

"WikiLeaks is a fascinating microcosm of a larger trend -- that the Internet allows freer flow of information, including things we want to be available and things we don't," says Wharton professor of legal studies and business ethics Kevin Werbach. While premeditated leaks and other types of unauthorized disclosures are nothing new, he adds, digital technology makes it much easier for "one disgruntled individual" to unleash massive troves of information almost instantaneously.

For many, the WikiLeaks case has opened up a fundamental debate over privacy of information versus public access on the open web. In a column on The Guardian's website on December 6, John Naughton wrote: "The most obvious lesson [of the WikiLeaks case] is that it represents the first really sustained confrontation between the established order and the culture of the internet. There have been skirmishes before, but this is the real thing." Indeed, while Assange is behind bars, WikiLeaks and other "mirror sites" that have sprung up to distribute its material are threatening to release a code that would unleash more sensitive, uncensored data from governments and corporations if Assange is killed or convicted. On December 8, the site said the arrest would not stop it from posting new revelations, and WikiLeaks subsequently published a new set of cables about the British government's decision to release convicted Libyan Lockerbie bomber Abdel Baset Ali al-Megrahi.

For companies, the WikiLeaks case may ultimately serve as a parable on guarding sensitive information. Joseph Turow, professor of communication at the University of Pennsylvania's Annenberg School for Communication, says the State Department cables released by WikiLeaks, while controversial, are perhaps more well-thought-out than most internal corporate communications. "If I were a CEO, this would not make me feel comfortable. I would be very concerned that this would happen in my company," he says. "The cables that have been released look incredibly tame compared to the e-mail that people send around corporations."

Bad Publicity and Trade Secrets

Bruce Schneier, an author of books on cyber-security and founder of BT Counterpane, a security firm, argues that WikiLeaks rose up because of an excessive amount of classification of information and a weak press that "acts like a stenographer" for the government. He adds that the U.S. government is now experiencing what the music and entertainment industries have endured during the past several years -- digital distribution networks that sprang up as alternatives to the systems that recording labels and producers tried to control.

Although WikiLeaks has been disseminating information for 18 months, much of it about the Iraq and Afghanistan wars, Werbach notes that the state department communiqués seem to have raised the site's profile and generated a strong reaction. For example, credit card companies, PayPal and Amazon decided to cut off links that helped fund WikiLeaks, apparently under pressure from government officials. "It's dangerous when [the] government tells private companies that certain content should be kept off the network," he notes. It is also "reasonable for companies to be thinking about whether WikiLeaks crossed the line in its most recent disclosures."

Andrea Matwyshyn, Wharton professor of legal studies and business ethics, says society is struggling to find a balance between control of information and disclosures that may help the nation "better plot its own trajectory." Governments and corporations should focus less on WikiLeaks and more on the initial source of disclosures, she notes, because "once [information] goes out into the wild blue yonder of the Internet, getting it back from cyberspace is impossible."

Indeed, Australian Foreign Minister Kevin Rudd, who was identified as a "control freak" in the cables, says it is not Assange who is responsible for the unauthorized release of more than 200,000 diplomatic documents. "The bad people in this little exercise are the people who gave the information to him, because they are the people who breached the trust. They deserve to be chased and prosecuted," Rudd told reporters. Army Pfc. Bradley Manning has confessed in online chats that he downloaded classified documents from Army networks -- including U.S. State Department cables -- and gave them to WikiLeaks. He is being held at the U.S. Marine Corps brig at Quantico, Va. and faces 52 years in prison on charges of passing unauthorized information from military computers.

In addition to preventing bad publicity, Matwyshyn points to the importance of a proactive strategy to protect corporate trade secrets in the courts. She notes that a company does not really know if its information is a trade secret until it is forced to challenge a suspected violator in court. Rulings on whether a legitimate trade secret has been breached depend heavily on whether a company can prove that it valued a piece of intellectual property enough to take adequate steps to protect it from leaking outside the organization.

Companies "fail chronically" to establish a system-wide approach to the protection of information and rely, too often, on technology-based security solutions, Matwyshyn says. "They think that if they have a strong IT department they are covered. That's the wrong approach, because information flows need to be monitored not only through information technology, but holistically throughout the entire organization."

Wharton management professor Lawrence Hrbeiniak says that the WikiLeaks disclosures have prompted him to think about the strategic implications of outsourcing -- for better or worse. He notes that one WikiLeaks release was a so-called "hit list" of government and private sector facilities around the world -- including vaccine and essential medicines plants, mines and industrial facilities -- that, if attacked, could harm the U.S. population. "Outsourcing for governments and companies has benefits, but it also increases one's dependency [on] or vulnerability [to] those who control what the governments or companies need," he says. "WikiLeaks suggests this vulnerability for governments, but the same implications exist for companies. Extreme dependency on others can increase their power and control over us."

A 'Cyborg Dynamic'

Top managers need to have the mindset that information security is important and work collaboratively across internal divisions to preemptively plug sources of potential leaks, Matwyshyn and other experts say. In the case of the diplomatic cables, the State Department decided that for the sake of convenience, employees would be able to use thumb drives which resulted in "default permission" to copy materials, according to Matwyshyn. "And this person copied it and walked out the door."

Even employees restricted by confidentiality agreements break those contracts with results that can have ramifications beyond the employee-employer relationship, Matwyshyn notes. Organizations that depend on keeping secrets need to develop systemic processes covering information sharing. She observes that a duality is taking place throughout business in approaches to corporate information. On the one hand, the rise of social media has made companies eager to embrace the Internet to connect with new customers and build a greater presence in communities. "For marketing purposes," Matwyshyn says, "technology and outreach is a boon." At the same time, she continues, a "cyborg dynamic" is developing. Companies are increasing the use of technology internally. As they become more mechanized, and less human, they rely on the integration of computer systems to secure sensitive information, which she notes "may or may not be operating optimally."

Matwyshyn argues that computer-based information systems need "human backstops" who are able to look at the larger picture of information security on an ongoing basis to determine where information flows are being used and where they might need to be redirected. She suggests corporations develop new systems for information sharing from the top down through the collaboration of the chief technology officer, chief security officer, the CEO and other officer-level positions. Working together, high-level executives should be able to develop integrated and thoughtful information sharing policies along with the corporate culture to enhance and enforce the rules. "These are decisions that need to come from the top and create a culture of information care within an organization -- not only for its own information but for the security of consumer information the organization possesses."

Businesses now possess huge amounts of customer data that is vulnerable to premeditated, as well as accidental, disclosure, Matwyshyn points out. Consumers, she notes, are growing increasingly alarmed about letters they receive from companies indicating that their private information has been breached. In the past decade, 45 states have created statutes requiring companies to notify consumers of the possibility that their secure information may have been breached. "The arrival of a widespread regime of law is unprecedented in its speed," she says, reflecting "a consumer outcry and heightened concerns over control." Consumers want to be able to share the information to gain better access to products and services, but they also want that information contained, leading to what academics call the "privacy paradox."

"Consumers are looking for a regime of trust and the ability to have some kind of input on their data usage. Essentially, [they want to] have a stronger contractual regime around the licensing of their information," says Matwyshyn, who adds that it is possible to imagine a time when companies would be liable for damages for lapses in protecting consumer information. "But consumers aren't really interested in seeking damages. They simply want to control their information."

It Boils Down to Trust

In the aftermath of the WikiLeaks furor, Pentagon and State Department officials have said some foreign officials now seem reluctant to trust U.S. officials. "We have already seen some indications of meetings that used to involve several diplomats and now involve fewer diplomats," said State Department spokesman P.J. Crowley. "We're conscious of at least one meeting where it was requested that notebooks be left outside the room."

According to Turow, there is a tension between the need for corporate executives to be able to communicate honestly and openly and the potential fallout if frank discussions are later revealed. He suggests highly sensitive matters should not be committed to writing or should have tight information controls. While companies can adopt best practices for information management, such as limits on the amount of material an individual can download, there is no technology to guard against a determined rogue individual. "In the end, it comes down to the trust of your employees. Their loyalty is what [counts]."

Werbach says the most recent WikiLeaks information releases reflect less focus on scandal than in the past. The cables, he notes, are mostly day-to-day communications that are interesting, but do not seem to represent dangerous secrets. It is likely the U.S. government has more sensitive communications behind tighter security, he adds. Still, "the number of corporate laptops that are stolen and are not encrypted is truly frightening."

And while the volume of leaks of U.S. communications seems large, it is probably only a small fraction of the "daily chatter" in diplomatic networks, Werbach points out. He notes that high level discussions between the President and Chinese leaders or about nuclear strategy are likely protected by tight access. Any organization needs to prioritize the level of information it wants to protect and set up appropriate levels of security, he says. "You can't just put a cone of silence around everything."

http://knowledge.wharton.upenn.edu/

2010/11/30

WikiLeaks abre la valija diplomática

La cruzada continúa. WikiLeaks, un sitio web dedicado a la divulgación de secretos oficiales, ha comenzado la liberación de cerca de 250.000 cables diplomáticos de EE.UU.. Esto sigue a su publicación de miles de archivos militares confidenciales relacionados con las guerras en Irak y Afganistán. Gran parte de la nueva información no es sorprendente: EE.UU. está preocupado por las armas nucleares de Pakistán, los diplomáticos de EE.UU., al igual que sus contrapartes, espían y mienten en el extranjero por su país. El efecto acumulativo causará vergüenza, aunque no un daño duradero.

Caras coloradas son un pequeño precio que pagar por la libertad de información. Hechos completos sobre las acciones de quienes los gobiernan permitirá a los ciudadanos tomar mejores decisiones sobre sus dirigentes, y hacerlos responsables. Cuando las pruebas de malas prácticas de quienes ostentan la autoridad ha sido suprimida, hacerla libremente disponible es un servicio público. Muchas de las revelaciones anteriores de WikiLeaks, como la matanza de civiles desarmados en Irak, caen en esta categoría.

Pero esto no significa que toda la información pertenezca al dominio público. Con el fin de que los Estados conduzcan sus asuntos con eficacia, y garanticen la seguridad de sus ciudadanos, deben quedar algunos secretos. La última revelación WikiLeaks no llega a cruzar esta línea. Pero tampoco pasa de manera inequívoca la prueba del interés público. El material publicado hasta la fecha no reveló ninguna irregularidad.

Una consecuencia podría ser que los diplomáticos sean más cautelosos en la comunicación con sus amos. Sería muy lamentable que este flujo importante de información diplomática fuera víctima de la cruzada de WikiLeaks por la información libre.

Hay dos lados para evitar ese resultado. Los estados no pueden hacer desaparecer la existencia de operaciones tales como WikiLeaks. Por el contrario, deben adaptarse y revisar su manejo de la información. Esto puede significar proteger mejor de un conjunto más reducido de secretos cruciales.

Pero WikiLeaks y su clase también tienen la obligación de utilizar la información que reciben de manera responsable. WikiLeaks subraya que busca minimizar el daño causado por sus revelaciones. Pero su redacción inadecuada de la información afgana puso vidas en riesgo. Eso es censurable.

La mayor preocupación acerca de WikiLeaks es que está estructurado para estar fuera del alcance de cualquier jurisdicción. Esto es comprensible para una organización pequeña que se enfrenta a los poderes del mundo. Pero da a WikiLeaks poder sin rendición de cuentas - que es precisamente contra lo que afirma luchar.

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