Mostrando las entradas con la etiqueta Barak Obama. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Barak Obama. Mostrar todas las entradas

2015/01/19

Obama llega a su cuenta pública anual fortalecido por resurgimiento económico

El discurso del presidente, cauteloso en 2014, se ha vuelto ahora más positivo.

Por B. López-Palop / A. Murga
Obama dará su sexto discurso sobre el Estado de la Unión mañana en el Congreso estadounidense.
En la víspera de su sexto discurso anual del Estado de la Unión, el presidente Barack Obama está dando un giro a su discurso, dejando atrás la cautela y apostando por elogiar la recuperación económica estadounidense.

Si durante gran parte de 2014 templó su mensaje sobre la economía indicando que había mejoras, pero que los beneficios de la recuperación aún no llegaban a millones de personas, en las últimas semanas ha adoptado un tono alcista. "El resurgimiento económico es real. No dejen que nadie les diga lo contrario", ha señalado recientemente el mandatario, que a dos años de terminar su período estaría intentando dejar asentado su legado económico de recuperación post crisis.
Buenas cifras

Mientras el Banco Mundial volvió a recortar la semana pasada su proyección de crecimiento en 2015 para la mayoría de las economías, desarrolladas y emergentes por igual, la entidad destacó la sólida recuperación de EEUU, que aparece como una de las pocas luces que siguen brillando en el panorama global.

Con una tasa de desempleo de 5,6% en diciembre, la más baja desde 2008, las empresas añadieron otros 252.000 empleos el último mes de 2014.

El precio promedio de los combustibles en su menor nivel desde mayo de 2009, está liberando más recursos para que los hogares estadounidenses puedan gastar. Y aunque el mercado de valores se ha debilitado un poco en los últimos días debido a la caída del petróleo, el índice Dow Jones estableció un récord al cerrar en 18.053 el día después de Navidad.

Gracias a estos positivos indicadores, el presidente afrontará mañana su discurso con buenas cifras de aprobación. El respaldo a su gestión avanzó cinco puntos a 47% en diciembre, a medida que los estadounidenses perciben las mejoras económicas, según Pew Reserch Center.

Para su discurso de mañana, se espera el mismo optimismo. En contra de la tradición, sin embargo, no se esperan grandes anuncios, ya que durante las primeras semanas del año fue adelantando los temas que ocuparán la agenda del gobierno este año, con la intención de atraer más atención sobre cada asunto en particular.
Voces críticas

Con algunas voces críticas entre los republicanos y en su propio Partido Demócrata subrayando el estancamiento de los salarios y la creciente brecha entre ricos y pobres, aliados de la Casa Blanca han advertido que un mensaje presidencial demasiado triunfalista podría ser contraproducente, si no reconoce que muchos ciudadanos aún afrontan dificultades. "Tiene que explicar por qué hay problemas y qué se puede hacer al respecto", dijo a AP Lawrence Mishel, economista y presidente del Instituto de Política Económica, de tendencia liberal.

"Todavía estamos ante una situación muy cambiante y existe la preocupación de que cualquier día los indicadores vayan en una dirección diferente", dijo la directora de comunicaciones de la Casa Blanca, Jennifer Palmieri, según AP. Pero, "ahora se siente que tenemos un terreno sólido debajo de nosotros".
Funcionarios de la administración han apuntado que una de las claves de su mensaje sería que la mejora de la clase media es posible si hay esfuerzo conjunto de trabajadores y empresas, consignó Reuters.
Acuerdo con Cuba

En política exterior, se espera que dé señales de continuismo y utilice los atentados en París para ilustrar la lucha contra el extremismo, pero a su manera, por la vía diplomática más que militar. Además, el restablecimiento de relaciones diplomáticas y el levantamiento de algunas sanciones a Cuba y el acuerdo de cambio climático con China le dan impulso para defender su estrategia de resolución de problemas a largo plazo.
Imagen foto_00000002

www.df.cl

2014/11/21

Obama impedirá deportación de millones de inmigrantes

El Presidente Obama prsenta su plan para inmigracion en Estados Unidos (20 noviembre 2014)
Las claves
  • Obama dirigió una frase concisa a los republicanos que lo critican: "aprueben un proyecto de ley" y alegó que la negativa de la mayoría republicana en la cámara baja a votar un proyecto de ley migratoria aprobada por el Senado en 2013 causa un gran perjuicio a la nación.
El documento

Plan de acción del Presidente Obama para la inmigración

(The White House. Washington).- “Todo presidente demócrata y republicano desde Dwight Eisenhower ha tomado medidas presidenciales sobre cuestiones migratorias.  En congruencia con este antecedente, el Departamento de Seguridad Nacional ampliará el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA en inglés) para que cubra a más inmigrantes que vinieron a Estados Unidos siendo pequeños”.
El presidente Barack Obama anunció el jueves un paquete de medidas que concederán estatus legal a casi la mitad de los 11 millones de inmigrantes no autorizados, en lo que será el principal ajuste a la política migratoria estadounidense en cerca de tres décadas.
Obama describió sus acciones como un enfoque sensato porque “la amnistía masiva sería injusta” y “la deportación masiva sería a imposible”.

El mandatario dirigió una frase concisa a los republicanos que lo critican: “aprueben un proyecto de ley” y alegó que la negativa de la mayoría republicana en la cámara baja a votar un proyecto de ley migratoria aprobada por el Senado en 2013 causa un gran perjuicio a la nación.

Las medidas “no permiten la naturalización, ni dan el derecho a permanecer aquí permanentemente, ni conceden los beneficios que los ciudadanos (estadounidenses) reciben. Solo el Congreso puede hacer eso. Lo único que estamos diciendo es que no vamos a deportarte”, indicó durante un discurso transmitido en directo por la página web de la Casa Blanca.

Dos altos funcionarios del gobierno estadounidense, quienes solicitaron anonimato para explicar las medidas antes de su anuncio formal, dijeron que hasta cuatro millones de personas podrían congelar su deportación y obtener permiso de trabajo válido por dos años si logran demostrar permanencia en Estados Unidos durante cinco años, la existencia de hijos estadounidenses o residentes permanentes y si se someten a una revisión de antecedentes criminales.

Los funcionarios enfatizaron que no será hasta el segundo trimestre de 2015 cuando el Departamento de Seguridad Nacional comenzará a recibir solicitudes, las cuales tendrán un costo de 465 dólares.

Quienes resulten amparados por las recientes medidas migratorias podrán optar a permisos de trabajo renovables cada dos años, por lo que deberán pagar impuestos sobre los ingresos que perciban.

Las medidas presidenciales y la virulenta respuesta republicana complican la posibilidad de que el Congreso apruebe una reforma migratoria integral durante el gobierno de Obama, por lo que el polémico tema será parte de la campaña presidencial en 2016.
Obama insistió en que su decisión no equivale a una amnistía migratoria.

“Amnistía es el sistema migratorio que tenemos actualmente, millones de personas que viven aquí sin pagar impuestos ni seguir las reglas de juego, mientras los políticos usan el tema para asustar a las personas y ganar votos cuando hay elecciones”, indicó.

La Casa Blanca ya había suspendido en 2012 las deportaciones de cerca de 600.000 inmigrantes que fueron traídos a Estados Unidos sin autorización cuando eran niños.
Alrededor de 300.000 personas más podrán obtener ahora el estatus legal temporal gracias a que este programa (conocido por sus siglas en inglés como DACA) eliminará el requisito de 30 años como edad máxima.

Además, expandirá la fecha permitida de ingreso a Estados Unidos desde junio del 2007 a enero del 2010.

Los funcionarios explicaron que los padres de este grupo, conocidos en Estados Unidos como “dreamers”, harán parte de las aproximadamente cinco millones de personas excluidas del amparo migratorio presidencial.

Otra modificación importante girará alrededor del programa Comunidades Seguras, que involucra a los policías locales en la aplicación de las leyes de inmigración.
Los funcionarios señalaron que las policías locales seguirán notificando a las autoridades migratorias cuando arresten a un inmigrante sin autorización, pero que de ahora en adelante el Departamento de Seguridad Nacional solo procederá a iniciar su proceso de deportación sólo de quienes hayan cometido delitos graves o numerosos delitos menores, actos terroristas, pertenezcan a pandillas o representen una amenaza a la seguridad del país.

También será prioritaria la deportación de quienes ingresaron este año ilegalmente a Estados Unidos,incluyendo a las decenas de miles de menores centroamericanos que llegaron a la frontera sur a mediados de año sin que los acompañara un adulto.

Otras medidas incluirán facilitar la obtención de visas de trabajo a quienes hayan cursado carreras tecnológicas en universidades estadounidenses y la reunificación de familiar de ciudadanos estadounidenses y residentes permanentes con cónyuges e hijos.

Se reducirán además los requisitos para obtener una exención a un apartado de la ley migratoria vigente,el cual obliga a permanecer una década fuera de Estados Unidos a quienes gestionan una residencia permanente tras haber ingresado al país sin autorización.

Los legisladores republicanos respondieron de manera inmediata y agresiva a las intenciones de Obama. El próximo presidente del bloque mayoritario en el Senado, el republicano Mitch McConnell, advirtió antes del discurso que el “Congreso tomará medidas” para detenerlo.


www.infolatam.com

2014/11/04

Republicanos deberán colaborar con Obama si quieren tener opción en presidenciales de 2016

Los analistas argumentan que la oposición debe demostrar que puede gobernar.

Por Constanza Morales H.
Esta sería la primera vez desde 2006 que el Partido Republicano domina todo el Congreso.
La mayoría de los analistas políticos de EEUU da por hecho que los republicanos aumentarán su mayoría en la Cámara de Representantes y retomarán el control del Senado. Sin embargo, es poco probable que el partido conservador pueda implementar su agenda y, de hecho, es posible que se vea obligado a llegar a acuerdos con el gobierno.

De salir victoriosa en las elecciones de medio período de hoy, la oposición dominará ambas Cámaras por primera vez desde los comicios de 2006. Este escenario podría implicar una mantención de la paralización que ha caracterizado a Washington desde 2010, ya que los republicanos podrían enfocarse en avanzar sus prioridades.

Sin embargo, diversos analistas estiman que la división de los poderes en los últimos dos años de la presidencia de Barack Obama podría forzar a ambas partes a ceder. Si la derecha realmente desea retornar a la Casa Blanca en 2017, debe demostrar que pueden gobernar.

"El control de ambas Cámaras será un incentivo para que los republicanos se comporten de manera más responsable, para demostrarles a los estadounidenses que su agenda consiste en más que bloquear la del presidente Barack Obama", argumentaron los editores de Bloomberg.

El columnista de dicha agencia Albert Hunt escribió el domingo que "'simplemente decir que no' funciona en las elecciones de medio período para el partido de oposición; generalmente no funciona en las disputas presidenciales".

El experto añadió que "ellos deberán gobernar, lo que significa lograr acuerdos con los demócratas".
Por su parte, The Economist manifestó que si los republicanos no muestran una agenda positiva, "arriesgan una paliza en 2016". Los demócratas no sólo podrían mantenerse en el poder por otros cuatro años, sino que también podrían retomar el Senado.

Edward-Isaac Dovere, corresponsal senior en Washington del portal Politico, afirmó que los senadores republicanos vulnerables en las próximas elecciones "estarían bajo presión para moverse hacia el centro y ser el puente para acuerdos más grandes con un partido con ansias de mostrar que puede lograr cosas".
Posibles compromisos

A pesar del reicente estancamiento, el oficialismo y la oposición concuerdan en diversos puntos.
Una opción bastante factible es que se apruebe la autoridad de promoción de comercio, que facilitaría el camino para que el Ejecutivo le dé el visto bueno a los dos grandes pactos que se están negociando: la Asociación Trans-Pacífica y el tratado de libre comercio con la Unión Europea.

"Con un Congreso republicano, el nuevo cálculo político de Washington debería favorecer un acuerdo de comercio, y no sólo porque los republicanos pro-libre comercio habrán fortalecido su postura tras la elección. Si quieren adjudicarse el crédito por un crecimiento más rápido, deberían aprovechar la oportunidad de aprobar la Asociación Trans-Pacífica", aseguró Bloomberg.

Si bien una reforma a los gravámenes que pagan las empresas es menos probable, aún es realizable. Los conservadores podrían tomar como base la propuesta que presentó el representante opositor Dave Camp, que promovía reducir la tasa desde el actual 35% a 25%. Obama ha expresado su deseo de rebajarla a 28%. Ambos se muestran a favor de recortar los beneficios tributarios para compensar los menores ingresos.

La oposición también podría visar una modesta reforma migratoria, con tal de acercarse a los votantes latinos. Los republicanos podrían expandir las visar para los inmigrantes calificados y fortalecer la seguridad fronteriza sin tocar la polémica pregunta de qué hacer con los cerca de 11 millones de indocumentados que viven actualmente en el país. Si bien esta iniciativa podría no gustarles a los demócratas, podría ser difícil para ellos obstruirla o vetarla.

Los conservadores también contarían con el respaldo de suficientes demócratas para aprobar el gaseoducto Keystone XL, proyecto que no ha recibido el apoyo pleno de la Casa Blanca.

Acuerdos a la vista
Reforma tributaria: tanto los conservadores como el gobierno de Barack Obama se han mostrado a favor de disminuir los impuestos corporativos. Las diferencias están en las tasas: mientras la oposición favorece bajarla de 35% a 25%, el presidente prefiere reducirla a 28%.
Comercio: los republicanos deberían facilitar la aprobación de los acuerdos de la Asociación Trans-Pacífica y el de libre comercio con la Unión Europea.
Reforma migratoria: con el objetivo de acercarse a la población latina, el partido conservador podría visar una modesta reforma al sistema de migración.
Gaseoducto Keystone XL: los legisladores de derecha contarían con el apoyo de suficientes colegas demócratas para autorizar las operaciones de este proyecto.
El presidente Obama debería modificar su equipoImagen foto_00000009Barack Obama debería seguir los pasos de Ronald Reagan y George W. Bush. Luego de que el Partido Republicano registrara reveses en los comicios de medio período de 1986 y 2006, ambos ex presidentes realizaron cambios en sus equipos de colaboradores que evitaron que se convirtieran en un "pato cojo" en sus últimos dos años de mandato.
Hace ocho años, los conservadores perdieron el control de ambas Cámaras del Congreso, lo que forzó diversas modificaciones en el gobierno: el jefe del Pentágono, el secretario del Tesoro y el jefe de gabinete fueron reemplazados, con lo que la administración de Bush "comenzó finalmente a funcionar adecuadamente", según el Financial Times.
Reagan también debió cambiar a su jefe de gabinete tras el fracaso legislativo en 1986. Este hecho fue clave para que el ex líder republicano saliera ileso del escándalo Irán-Contra, se aprobara una reforma migratoria, se acercara a Mijaíl Gorbachov y terminara su período con una alta popularidad.
Obama podría experimentar la misma suerte si es que modifica "radicalmente" la forma en que es administrada la Casa Blanca. "Su capacidad de darle forma a los eventos en Washington y más allá está severamente limitada por su reticencia a delegar autoridad", afirmó el periódico británico.
El medio cree que "con nueva sangre y un nuevo enfoque, el último cuarto de una presidencia puede convertirse en su redención" y que, con un reinicio, el mandatario demócrata "todavía podría lograr muchas cosas en los próximos dos años".
www.df.cl

2014/05/05

Congreso traba agenda de Obama a seis meses de elecciones legislativas

El Senado no le aprobó el aumento del sueldo mínimo y si no concluye pronto el TPP no obtendrá un “fast-track” comercial.

Por Isabel Ramos Jeldres


El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, no atraviesa su mejor momento. El Congreso está trabando sus proyectos a sólo seis meses de las elecciones legislativas -donde arriesga perder la mayoría en el Senado- y su popularidad está a la baja.

Según una encuesta divulgada la semana pasada, realizada por The Washington Post-ABC News, la popularidad del mandatario bajó a 41% en abril (desde 46% a comienzos de año) y su desaprobación subió a 52% (desde 50%). Pero el apoyo del presidente también ha caído en el Congreso.
De forma irónica, mientras en varias partes del mundo se conmemoraba el Día del Trabajador, el Senado estadounidense rechazó categóricamente, por 54 votos contra 42, el alza del sueldo mínimo, una de las prioridades legislativas del presidente.
El proyecto, que elevaba el salario mínimo por hora de US$ 7,25 a US$ 10,10, habría sido el primer aumento federal desde 2009. “Ellos (los republicanos) evitaron un alza para 28 millones de trabajadores estadounidenses. Dijeron que no a ayudar a millones a salir de la pobreza”, dijo Obama en la Casa Blanca.
Otra de las prioridades en la agenda del mandatario es concluir la negociación de los tratados comerciales pendientes. Ese era uno de los focos de la reciente gira a Japón y otros países de Asia.
Obama esperaba destrabar las conversaciones para avanzar en el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP, su sigla en inglés), pero en su reunión con el primer ministro Shinzo Abe sólo se identificó un “patrón a futuro”, y ningún resultado concreto.
Según expertos, sin un acuerdo claro entre EEUU y Japón -específicamente en el tema del acceso al mercado agrícola y automotor- el TPP podría descarrilarse fácilmente, y con él los planes de Obama de exhibir la conclusión del acuerdo ante los demócratas escépticos y lograr que le concedan un “fast-track”.
Esta herramienta permite que el Congreso vote a favor o en contra de los acuerdos comerciales negociados por el presidente, pero sin la posibilidad de realizar modificaciones a los proyectos.
Sin tiempo

Lo que menos tiene el presidente es tiempo. Si quiere que el Congreso apruebe el TPP antes de fin de año, debe terminar las negociaciones en el verano (boreal), para tener unos meses para preparar el texto final que será presentado al Congreso.
Lo ideal sería dejar el tema resuelto antes de las elecciones legislativas de mitad de período que se realizarán en noviembre, porque la baja popularidad de Obama hace prever que el Partido Demócrata podría perder su mayoría en el Senado y mantener su minoría en la Cámara de Representantes.
De lo contrario, las negociaciones del TPP y el debate por el fast-track se podrían prolongar hasta 2015, topándose con las primeras primarias presidenciales, que se realizarán en 20 meses.
www.df.cl

2013/09/15

Obama advierte aumento en la brecha de ingresos si se reduce el presupuesto

Obama advierte aumento en la brecha de ingresos si se reduce el presupuesto

El Presidente estadounidense insistió en que los republicanos buscan usar el límite de la deuda nacional como arma para reducir más el gasto público y retrasar la ley de cuidados médicos que él promueve.


 El Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, indicó este domingo que la insistencia de los republicanos en reducir el presupuesto podría ampliar la disparidad de ingresos de los estadounidenses, incluso mientras la economía se repone de una recesión.

Asimismo, el Mandatario estadounidense recordó el quinto aniversario de la quiebra de Lehman Brothers, la mayor en la historia estadounidense y la que marcó el comienzo de una crisis financiera global.

Obama, aunque buscó atribuirse la recuperación económica cinco años después, reconoció que pese a los avances, las clases media y baja no se han beneficiado tanto como el 1% más adinerado del país.

Por otro lado, pese al crecimiento del mercado laboral, la tasa de desempleo alcanza el 7,3% y, aunque el porcentaje ha bajado, una de las razones principales es que algunas personas han dejado de buscar empleo y el Gobierno ya no las contabiliza como desempleadas. La diferencia del poder adquisitivo entre los muy ricos y el resto de la población es la mayor desde 1928.

"Vinimos, estabilizamos la situación", dijo el Mandatario a la cadena de televisión ABC en una entrevista transmitida el domingo. Mencionó que ha habido 42 meses seguidos de crecimiento, la creación de 7,5 millones de puestos de trabajo y el repunte de la industria automovilística.

"El sistema bancario funciona. Otorga créditos a las empresas que pueden obtener crédito. Hemos visto, creo que sin duda alguna, avances generalizados", agregó.

Este lunes, Obama dará un discurso en la Casa Blanca donde difundirá los avances económicos del informe del Consejo Económico Nacional, tras semanas dedicadas a la crisis siria.

www.emol.com

2013/09/11

In Prime Time, Obama Struggles to Reason With Nation Over Syria

For generations, the American people have had a standing deal with their Presidents: Go ahead and mess with the prime-time lineup once in a while, interrupt Who’s the Boss, Seinfeld, NCIS: Los Angeles, or whatever. But you better make it count. You better have something new to say. And when it comes to speeches of national security, you better leave the impression that you have this thing under control.
On Tuesday night, President Obama decided to test this unspoken pact. For 16 minutes from the East Room, he took over the nation’s televisions to repeat the same complex and contradictory case for bombing Syria that he has been making for two weeks, even though he acknowledged at the end, there is no longer an imminent need for the country to make a decision. He delayed the start of America’s Got Talent to announce he would be delaying a congressional vote.
It was a fitting turn of events, given the way the Syria crisis has played out over the past month. Three times now, Obama has been forced to announce a major pivot in his Syria policy, as he has been tossed about by global events and his own shifting judgments. First, his staff announced that the country was moving to war footing, days after a terrible chemical-weapons attack in Syria. Then, on the eve of an attack, Obama announced that he had decided this war was not one he should start alone. Finally Tuesday, on the eve of forcing a vote from Congress over that war, he announced no vote would be needed anytime soon, given diplomatic maneuverings by Vladimir Putin.
Almost as soon as the President started to speak, his staff was playing defense on Twitter, pushing back against journalistic insta-reactions that judged the speech as a rehash of old talking points. “Presidents don’t ask for time to address columnists who follow every minute of the news,” wrote White House senior adviser Dan Pfeiffer in one tweet. “It’s for the public that doesn’t.”
To date, that task of winning over the low-attention-span public has not been going well. Over the past week, American opinion has hardened against the strike, by a rough margin of 2 to 1. And Obama has found himself hampered by rationales that are so nuanced as to appear impenetrable to someone not paying careful attention.
The problems were on display once again in prime time. He said he would not launch a “pinprick strike in Syria,” just before he described what he did want: A “limited strike” that would “send a message.” He evoked in graphic detail the humanitarian horror of children dying from chemical weapons, just after saying “we cannot resolve someone else’s civil war,” which has killed and will likely continue to kill thousands of children with regular bullets and bombs. “I’ve spent four-and-a-half years working to end wars, not to start them,” he said, in a speech about starting a new one.
At the core of Obama’s argument is a noble and simple goal: to maintain the global prohibition on the use of weapons of mass destruction. But that goal depends on an international resolve that has been lacking, and on an American President who can marshal enormous forces against violators. Citing other noble and simple goals, Obama has declined to play that role so far. He holds on to the idea that his own powers to decide should be limited, and that his powers of reason can persuade a war-weary world to do what it doesn’t want to do.
So rather than tell the country how it is, with all the pomp and power of his office, he chose to ask the nation’s favor. Instead of an Oval Office address, from the seat of American power, he spoke in front of a giant red carpet in the main hall of the White House, a decorative room that he had to traverse alone twice, in long awkward walks to and from the camera. “I believe we should act,” he said at the end of his speech. Not “We must act.” Or “Now is the time to act.” Just, he believes.
Instead of asking the American people directly to support his decision, he asked the American people to engage in complex puzzlers after viewing videos of the chemical attacks online. “What kind of world will we live in if the United States of America sees a dictator brazenly violate international law with poison gas and we choose to look the other way?” he said, a question that even foreign policy experts would be hard pressed to answer with any accuracy. It has certainly happened before — in 1988 when Saddam Hussein gassed Iraqi Kurds — with ambiguous international consequences that remain the subject of much debate.
From the beginning of his rise to national office, the rap on Obama has been, for good and ill, that there is no binary choice he does not want to find a way to transcend. That transcendence, the idea that he could unite the country, got him elected President the first time, and it has helped steer him through a number of delicate foreign policy decisions, from Afghanistan, where he surged troops while announcing withdrawal dates, to the Arab Spring, where he supported democracy in some countries more than others.
But the problem of Syria may be showing the limit of this instinct. He wants to launch military strikes in retribution for the death of some innocent children and not others. He wants Congress to approve his action even though he may still act alone. He wants to maintain a war footing even as a new diplomatic solution appears on the horizon. They are all intellectually defensible positions. But it may just be that the people who tuned in Tuesday night, between the first and second hours of So You Think You Can Dance, were looking for a President to lead the country, not a man hoping to reason with it.


Read more: http://swampland.time.com/2013/09/11/in-prime-time-obama-struggles-to-reason-with-nation-over-syria/#ixzz2eb3GGyYh

2013/07/31

Barack Obama Did Not Propose A Corporate Tax Cut, But The Media Keeps Saying He Did

Barack Obama
If you only studied President Obama's corporate tax proposal by reading news stories about it, you might be under a misimpression: that Obama proposed a business tax cut, and Republicans are too spiteful to take him up on it.
Here's what really happened. Obama proposed a corporate tax overhaul that would cut the corporate tax rate from 35% to 28%. He would also greatly expand the corporate tax base, for example by reducing deductions for interest expenses and taxing more foreign income of U.S.-based multinationals.
These reforms would mean, in the long run, that the U.S. collects about as much corporate tax as it does under the current system. But in the first few years, the base broadeners would actually be designed so that revenue would go up. Obama wants to spend this money on infrastructure, community colleges, and promoting manufacturing.
So, Obama is proposing what amounts to a small, temporary tax increase to fund a small spending program. Republican opposition to this idea is not mystifying.
But many media accounts give the impression that Obama proposed a tax cut which Republicans are spurning. The New York Times, for example, describes the president's plan in the first paragraph of their story as "a cut in corporate tax rates in return for a pledge from Republicans to invest in more programs to generate middle-class jobs."
There is no mention of base broadening, a key part of the President's plan, except as an implication from the note in the 13th paragraph that "Both Republicans and the administration have said that an overhaul of the corporate code should be 'revenue neutral.'"
The Times also says this:
In the Republicans’ view, Mr. Obama’s offer was less of a “grand bargain” than an effort to extract a new fiscal stimulus program with money from a corporate tax cut that would end up, for accounting reasons, initially generating billions of dollars of revenue for the government.
This is wrong. The corporate tax rate cut wouldn't generate any new revenue. It's the base broadening provisions that would generate revenue, and not merely for "accounting reasons." One of the revenue-raising ideas the White House floated today is an explicit one-time fee on profits of U.S. multinationals currently held abroad.
Or take CNN, which describes the plan as follows:
Obama suggested Congress cut corporate tax rates—long a goal of Republicans—while simultaneously making investments in job creation programs, which Democrats and the president have been championing...
The president's plan would propose slashing the corporate tax rate to 28% from 35% while making the filing process simpler and ramping up incentives for small businesses to hire workers.
The plan would also put the tax rate on manufacturers at 25% and remove current tax incentives to send jobs overseas.
Again, this gives the impression that the president proposed, and Republicans rejected, a tax cuts-for-jobs spending trade. CNN does mention "removing current tax incentives to send jobs overseas" but (1) many of the President's base-broadening proposals are unrelated to international taxation and (2) CNN does not make clear that such broadeners would slightly more than offset the revenue lost from the rate cut.
And on MSNBC today, The Cycle host Ari Melber asked me why Republicans are rejecting a corporate tax cut plan that's so similar to one Mitt Romney proposed when he ran for president.
Visit NBCNews.com for breaking newsworld news, and news about the economy
But what Obama proposed today isn't actually like Romney's plan at all. Romney wanted to cut corporate tax rates to 25% with no revenue offset, and then broaden the base to further reduce tax rates and eliminate taxation of foreign profits.
Romney wanted a really big cut in corporate taxes, not a revenue-neutral plan that expands the base in ways Republicans specifically dislike. If Obama had copied Romney's proposal (not that he should have) the Republican reaction would have been very different.
The media's misconstrual of the president's proposal allowed Democratic partisans to stuff today's events into a familiar narrative: President Obama bends over backwards to compromise, selling out the left, adopting Republican ideas as his own, and the Republicans spurn him anyway because their only principle is that they oppose what the president supports.
Republicans have done a lot over the last few years to make this narrative plausible. But it's simply not what happened today.
Not every media outlet got this wrong. Zachary Goldfarb and David Nakamura's writeup in the Washington Post is a particularly accurate and concise portrayal of the president's proposal. But overall, the media dropped the ball on this story today, and made Republicans look worse than they deserved to.


Read more: http://www.businessinsider.com/barack-obama-didnt-propose-a-tax-cut-but-the-media-keeps-saying-he-did-2013-7#ixzz2adFDTDGX

2013/06/10

The war on terror is Obama's Vietnam

HOW serious is the terrorist threat that justifies the National Security Administration'ssurveillance of Americans? Edward Snowden, the NSA leaker, doesn't address this question; his point is that the American people should have the information they need to decide whether the threat merits the surveillance. Matthew Yglesias thinks the threat isn't very serious, and that counterterrorism efforts, including surveillance and airport security systems, should be subjected to a cost-benefits analysis. ("Approximately zero lives per year are saved by airport security measures," he writes, though he admits he could be wrong about this.) 
Stephen Walt is a bit less hyperbolic, but he agrees that terrorism simply isn't the kind of danger that could merit the level of response America devotes to it. Unless terrorists get nuclear weapons, he says, they really can't do much damage in America:
Conventional terrorism—even of the sort suffered on 9/11is not a serious threat to the U.S. economy, the American way of life, or even the personal security of the overwhelming majority of Americans, because al Qaeda and its cousins are neither powerful nor skillful enough to do as much damage as they might like. 
He adds that "post-9/11 terrorist plots have been mostly lame and inept, and Americans are at far greater risk from car accidents, bathtub mishaps, and a host of other undramatic dangers than they are from 'jihadi terrorism.'" He uses the Boston bombing in April as a case in point, describing it as tragic but less lethal than the factory explosion that took place that same week down in Texas. 
Mr Yglesias and Mr Walt are right: conventional terrorism poses no major threat to America or to its citizens. But that's not really what it aims to do. Terrorism is basically a political communications strategy. The chief threat it poses is not to the lives of American citizens but to the direction of American policy and the electoral prospects of American politicians. A major strike in America by a jihadist terrorist group in 2012 would have done little damage to America, but it could have posed a serious problem for Barack Obama's re-election campaign. For the president the war on terror is what the Vietnam War was to Lyndon Johnson: a vast, tragic distraction in which he must be seen to be winning, lest the domestic agenda he really cares about (health-care, financial reform, climate-change mitigation, immigration reform, gun control, inequality) be derailed. It's no surprise that he has given the surveillance state whatever it says it needs to prevent a major terrorist attack.
In a perfect world, as Mr Walt argues, we in the public wouldn't let terrorist strikes dictate our politics. But we're not likely to get calmer about terrorism, because too many people are trying to keep us frantic. At least three parties stand to gain from exaggerating, rather than minimising, our reactions to terrorist strikes. The first is the media, which wins viewership by whipping up anxiety over terrorist strikes. The second is politicians seeking partisan advantage, since panic over foreign-backed terrorism tends to increase voter turnout. (In Israel terrorism shifts voter support to the right. In America throughout the early 2000s,anxiety over terrorism increased support for president George W. Bush, but by 2008 an attack would have increased support for Mr Obama. Similarly, Spanish voters punished the conservative government for the Madrid train bombings in 2004 because 80% of the public had opposed the government's participation in the invasion of Iraq. Either way, when terrorists attack, one party or the other is going to make political hay out of it.)
Finally, the third party trying to exacerbate our responses to terrorist attacks are the terrorists themselves, who have generally proven quite effective at choosing targets that provoke widespread media coverage. As hard as we may try to restrain our national responses to terrorism, there will be some pretty smart terrorists out there figuring out how to do things that get our attention again. Even the rather inept Tsarnaev brothers, who only managed to kill three people, did an excellent job of picking a target that dominated the news cycle. Had that attack occurred in mid-2012, it would have completely derailed the presidential campaign. Democrats would no doubt have tried fruitlessly to tamp down public reaction, while Republicans would have allied with the media in hyping it relentlessly.
Politicians do not want to have to deal with these sorts of surprises. They have very strong incentives to go along with intelligence organisations that say they need ever-more-powerful surveillance programmes to see what the terrorists are up to. For Mr Obama, this is a no-win situation. The only thing worse than missing a terrorist attack because an NSA surveillance programme had been blocked would be having the NSA leak that the terrorist attack was missed because you blocked their surveillance programme. Now, having given the NSA what it said it needed to prevent any nasty surprises, he finds himself dealing with a different nasty surprise: the leak of the NSA programmes themselves. And that surprise has made the chances of accomplishing anything on the issues Mr Obama really cares about—health care, climate change, immigration reform, inequality—more remote than ever.
www.economist.com

2013/05/02

Economía domina visita de Obama a México

Por Marcos Romero

 El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, llegará mañana a México en el marco de una visita oficial dominada por los temas económicos y ya no por la seguridad, como ocurrió en los últimos años, en el que el combate al crimen "contaminó" la relación bilateral. Aunque el diálogo entre Obama y su homólogo Enrique Peña Nieto se enfocará sobre la economía, la agenda no podrá dejar al margen el acuerdo migratorio que se discute en su país y la ayuda antidrogas para combatir a los cárteles.

    La agenda se centrará sobre todo en inversiones y comercio, por cuanto el país vende a su vecino del norte el 80% de sus exportaciones totales. "Obviamente incluirá todos los temas de la agenda bilateral, pero con un énfasis muy importante en la agenda económica de ambas naciones", dijo Ildefonso Guajardo, ministro de Economía mexicano.


    Obama dijo ayer en la Casa Blanca que en su diálogo con Peña se enfocará "mucho en la economía, después de que hemos pasado tanto tiempo en tema de seguridad entre Estados Unidos y México".


    "A veces creo que nos olvidamos que se trata de un gran socio comercial, responsable de enormes cantidades de comercio y empleos en ambos lados de la frontera", afirmó.
    México vive un "boom" de capitales externos -recibió en los últimos meses al menos unos 60.000 millones de dólares-, lo que ha hecho que la moneda nacional, el peso, se haya revaluado en casi un 6% en este año, propinando un fuerte golpe para las exportaciones.


    No obstante, el gobierno mantiene una tasa de interés del 4%, muy por arriba de las tasas cero en la mayoría de las economías desarrolladas, que es el principal imán que atrae a los "capitales fugaces" o "golondrinos", como se les conoce en México. El riesgo es que, en caso de un éxodo repentino, pueden desestabilizar el sistema financiero, reconoció días atrás el gobernador del Banco de México (central), Agustín Carstens.
    México y Estados Unidos, que comparten una frontera de más de 3.000 kilómetros, mantienen con Canadá desde 1994 un Tratado de Libre Comercio que en casi 20 años ha triplicado el intercambio comercial, y rebasa actualmente los 500.000 millones de dólares anuales.


    En segundo término quedarán asuntos como la migración, que es considerado por la nueva administración de Peña, que asumió el 1 de diciembre pasado, un asunto interno de Estados Unidos, y la seguridad, que dominó –y contaminó, según los analistas- las relaciones bilaterales durante la gestión del ex presidente Felipe Calderón (2006-2012).


    Ante el apremio formulado por los especialistas para que Peña aproveche la ocasión a fin de influir en la iniciativa de reforma migratoria bipartidista que se discute en el Congreso estadounidense, el vicecanciller Sergio Alcocer dijo que el gobierno de México no va a mostrarse "más proactivo" y ordenó a los consulados no hacer "ningún tipo de cabildeo".


    "No es que estemos al margen. Hemos aprendido una lección. Las estridencias no ayudan en este tema. Ha quedado muy claro por la evidencia empírica que en la medida que haya un mayor optimismo también puede despertar una mayor reacción en contra", afirmó el funcionario.


    El proyecto del grupo bipartidista de ocho senadores estadounidenses contempla reforzar la seguridad en la frontera pero al mismo tiempo favorecer la legalización para migrantes indocumentados y dar mayor acceso legal de trabajadores temporales a ese país.


    Otro de los temas que dominarán la visita, por debajo del económico, será la seguridad, sobre el cual han comenzado a emerger algunas diferencias pues mientras Calderón, del conservador Partido Acción Nacional (PAN), era más abierto a la cooperación su sucesor es más reacio como tradicionalmente lo ha sido su partido, el Revolucionario Institucional (PRI, centro).


    Actualmente está en vigencia la Iniciativa Mérida, similar al Plan Colombia, por el cual Estados Unidos otorga una ayuda anual para combatir el crimen, pero el gobierno mexicano quiere cambiar el enfoque para no usar la ayuda en el área puramente policial y mejor centrarla en la prevención del delito y las reformas a la justicia penal. MRM-ADG/ACZ 


http://www.ansa.it

2013/04/04

Obama mira otra vez al Sur


Obama discurso tras ganar las elecciones 2012
Por PETER HAKIM
Las claves
  • Que Obama viaje a México el próximo mes para encontrarse con Peña Nieto otra vez, destaca el hecho de que, de entre todas las naciones de América Latina, México es abrumadoramente preeminente para los intereses y prioridades de EE.UU..
  • Peña Nieto ha cambiado el foco de atención a un conjunto de diefrentes prioridades, principalmente dirigidas a levantar la economía mexicana, hacerla más productiva, resiliente y equitativa, y a construir una relación económica más robusta con los EE.UU.. Mientras algunos funcionarios estadounidenses están preocupados por la indecisión de México en materia de seguridad, Obama, al anunciar su visita, hizo énfasis en los temas económicos y de inmigración.
  • Tanto México como Centroamérica son una prueba para los EE.UU.. Si no podemos encontrar la manera de responder a las oportunidades en México y las necesidades de América Central, es difícil imaginar a los EE.UU. ejerciendo una política o estrategia seria para el resto de América Latina.
Desde su reelección en noviembre, el presidenteObama se ha reunido solamente con un líder latinoamericano, el presidente mexicano Enrique Peña Nieto. Que Obama viaje a México el próximo mes para encontrarse con Peña Nieto otra vez, destaca el hecho de que, de entre todas las naciones de América Latina, México es abrumadoramente preeminente para los intereses y prioridades de EE.UU.. No hay, simplemente, ningún otro país en la región (o quizás en el mundo) que sea más importante para EE.UU..

Más aún, las proyecciones son hoy mejores que lo que fueron en cualquier momento de las dos últimas décadas para que EE.UU. y México mejoren sus relaciones y aumenten los beneficios para ambos. Hay un sorprendente contraste con una gran parte del resto de América Latina, donde las relaciones con EE.UU. se han enfríado y distanciado, y los Estados Unidos se han vuelto menos y menos relevantes.

Obama visitará también costa Rica, donde planea reunirse con los presidentes de cinco páises de América Central, además de los líderes de Panamá y República Dominicana. Así como México, estos siete países tienen tratados de libre comercio vigentes con los Estados Unidos y, aunque en grados diferentes, todos quieren estrechar más sus lazos con EE.UU..

Muchos de ellos necesitan la ayuda de EE.UU. para defenderse de las organizaciones criminales, que reprsentan una amenaza creciente para el papel de la ley y la estabilidad de la democracia en la región. Otros están enfrentando serias dificultades económicas, sociales e institucionales. Sólo unos pocos países en esta región han disfrutado el boom de Latinoamérica de la pasada década.

México es hoy en día un país con mucha más confianza en sí mismo que cuando el presidente Obama llegó por primera vez a la Casa Blanca en el 2009. A pesar de una sostenida ola de crimen y violencia y muchos otros problemas, los mexicanos sienten que su nación  y gobierno están cada vez más orientados a la dirección adecuada. Son optimistas en cuanto ala economía nacional,  que se está expandiendo a un ritmo saludable despuéss de muchos años de crecimiento muy débil. Algunos se animan a pensar que pueden ser un desafío al liderazgo de Brasil entre las naciones de América Latina. El tono será diferente en América Central, donde campa el pesimismo y muchos países sienten que están bajo sitio, incapaces de mantener su política, economía o seguridad en orden.

La fortuna de México ha dado un giro de noventa grados en los últimos años. Durante los seis años de presidencia de Felipe Calderón, el predecesor inmediato de Peña Nieto, el escenario central estaba totalemente ocupado por una brutal pandemia de crimen y violencia, que ensombrecía casi cualquier otra cosa que estuviera sucediendo en y para México. Los asuntos de seguridad pública fueron la prioridad número uno de Calderón y pesaron mucho en la relación entre EE.UU. y México.

Washington se alarmaba cada vez más por el flujo de drogas proveniente de México, la perspectiva de la violencia inundando EE.UU, y , sobre todo, por los peligros de un (y según algunos incluso eventualmente fallido) seriamente debilitado estado en su frontera. En México, muchos culpaban a Estados Unidos por la oleada de violencia criminal, apuntando al enorme apetencia de los estadounidense por las drogas y por el flujo incesante de armas ilegales que llegan desde ese país hacia México. Los mexicanos veían generalemente la ayuda de seguridad de EE.UU., a través del llamado Plan Mérida, ínfima, tardía y de valor cuestionable.
La frontera entre México y Estados Unidos
Mientras el crimen y la seguridad siguen siendo una de las preocupaciones de primer orden, el gobierno de Peña Nietotodavía no tiene clara su estrategia para enfrentarlos. De hecho, Peña Nieto ha cambiado el foco de atención a un conjunto de diefrentes prioridades, principalmente dirigidas a levantar la economía mexicana, hacerla más productiva, resiliente y equitativa, y a construir una relación económica más robusta con los EE.UU.. Mientras algunos funcionarios estadounidenses están preocupados por la indecisión de México en materia de seguridad,Obama, al anunciar su visita, hizo énfasis en los temas económicos y de inmigración.

Desde 1993, cuando el Congreso de EE.UU. dio su aprobación al NAFTA, el acuerdo de libre comercio entre México, EE.UU. y Canadá, nunca habían sido tan buenas las proyecciones para mejorar en forma drástica lo que ya es una destacablemente fuerte relación económica bilateral. En las pásadas dos décadas, el comercio entre ambos países ha crecido a cerca de 500.000 millones de dólares, creciendo a más del doble del ritmo que el comercio de EE.UU. con el resto del mundo.

Hoy, México está corriendo cabeza con cabeza con China como  segundo socio comercial de EE.UU. y algunas proyecciones anticipan a México superando a Canadá y surgiendo como el mayor destino exportador para EE.UU. en los próximos seis años. Los productores mexicanos, más aún, están firmemente incorporados a la cadena de suministros de Estados Unidos, en la medida en que los productos fabricados en Estados Unidos representan casi el 40 por ciento de los insumos para las exportaciones mexicanas.

Dentro de los próximos meses, México y EE.UU. parecen estar dispuestos a seguir adelante con cambios críticos, largamente diferidos en las políticas nacionales que abrirán una serie de nuevas oportunidades económicas para ambos. Washington está a punto de legislar de una reforma sensata y humana de su sistema de inmigración. Esto podría, en primera instancia, eliminar (o al menos aliviar sustancialmente) una fuente persistente de tensión en las relaciones  y facilitar la cooperación en muchos otros frentes. Un nuevo enfoque político también sería de gran ayuda para ambas economías.

Ello permitiría a los inmigrantes recién legalizados alcanzar mejores sueldos, puestos de trabajo más seguros, que se sumarían a sus ya considerables contribuciones  a la economía de los EE.UU. y aumentando probablemente las remesas que envían a México (según los expertos, tal vez un diez por ciento o unos 2,5 millones de dólares anuales) . Un programa de trabajadores temporales ayudaría a satisfacer las demandas de los empleadores de Estados Unidos para el suministro de trabajadores mexicanos-tanto profesionales como no calificada.

Peña Nieto en su mejor “momentum”
En México, el gobierno de Peña Nieto se ha embarcado en un ambicioso programa de reformas que, si tiene éxito, va a transformar a México en un socio económico mucho más fuerte para los EE.UU.. Los cambios más potentes serían la apertura de la producción  de petróleo y gas de México a la inversión extranjera y una revisión a fondo de Pemex, la compañía petrolera nacional. Juntos ayudarían a asegurar que México siga siendo un exportador de energía de clase mundial y una importante fuente de petróleo para el mercado de EE.UU.. Además, los cambios podrían abrir el camino para que México pueda explotar sus enormes reservas de gas de esquisto y petróleo, estimadas ahora como la cuarta más grande en el mundo.
LAS MARGARITAS (MÉXICO), 21/01/2013.- EFE/Cortesía Presidencia de México/SOLO USO EDITORIAL
Sin duda hay una buena dosis de optimismo en México, pero el resultado está todavía lejos de ser seguro.
Vale la pena señalar que los mercados de energía y mano de obra son los dos elementos más importantes que quedaron fuera del acuerdo de NAFTA. Pero las ambiciones de las reformas van mucho más allá del sector de la energía. El gobierno de Peña Nieto ya ha restringido el poder de los sindicatos de docentes para obstruir los cambios que necesita desesperadamente el mediocre sistema educativo de México (e incluso ha logrado poner en la cárcel por cargos de corrupción a la líder con mano de hierro del sindicato docente).
El nuevo gobierno también se ha metido con algunos de los propietarios de negocios más millonarios e influyentes de México, en un esfuerzo por reducir el poder monopólico de las industrias de telecomunicaciones y de medios. Y está presionando fuertemente a favor de cambios fiscales que ampliarían el impuesto anual a la renta (actualmente entre los más bajos de América Latina) y que recaudaría los fondos necesarios para el desarrollo de la infraestructura, la educación, la seguridad pública y los servicios sociales. En conjunto, los cambios propuestos, en caso de aplicarse, daría un enorme impulso a la economía de México.

¿Puede lograrse todo esto? Sin duda hay una buena dosis de optimismo en México, pero el resultado está todavía lejos de ser seguro. El nacionalismo mexicano, como lo ha hecho muchas veces en el pasado, podría terminar bloqueando o diluyendo severamente las reformas energéticas, lo que requiere revisiones de la Constitución mexicana. Poderosos sindicatos laborales, empresarios bien conectados y magnates de los medios de comunicación siguen siendo tremendos obstáculos. Aún así, el gobierno de Peña Nieto ha logrado llegar a un  considerable momentum político.

Su logro más importante ha sido el tripartito “Pacto por México”, que el gobierno negoció con sus dos principales rivales de izquierda y derecha. A pesar de que es en su mayoría impreciso sobre los detalles cruciales y polémicos cambios específicos, el pacto ofrece un marco esencial para la reforma a través de muchos temas y sirve como base para conversaciones estructuradas entre las partes. Se han identificado amplias zonas de convergencia y ahora hay expectativas para avanzar más allá del tradicional punto muerto político.

Debido a que los mexicanos les gusta y respetan Obama, su viaje a México puede subir el prestigio de Peña Nieto algunos puntos, pero no se debe esperar que esta visita provoque un avance en el programa gubernamental de reformas. Eso va a seguir dependiendo de las habilidades políticas de Peña Nieto y sus asesores. Obama sabe que cualquier esfuerzo por influir en los resultados políticos en México será contraproducente, al igual que los políticos mexicanos saben mantener su distancia de los debates estadounidenses sobre la inmigración.

Un fuerte compromiso de EE.UU. con Centroamérica  es esencial
La segunda parada del viaje de Obama, San José, Costa Rica, ofrecerá al presidente de EE.UU. un panorama mucho menos positivo. Obama probablemente va a llevar buenas noticias acerca de la reforma migratoria a una región que ha enviado un número inusualmente grande de  inmigrantes a EE.UU. y ha vuelto, cada vez más, a contar con un flujo constante de remesas de sus ciudadanos que emigraron.

Pero es el crimen y la violencia relacionados con la droga lo que dominará la discusión, en parte debido a que estos son los temas que dominan la vida cotidiana en muchos países de la región. Incluso Costa Rica, uno de los países más exitosos de América Latina, con un sólido historial de gobernabilidad democrática y progreso social y económico continuo, se siente amenazada por las organizaciones criminales de la región y ha visto cómo su tasa de homicidios aumenta rápidamente en los últimos años.
El presidente Obama tiene que prestar mucha atención a las opiniones de los líderes de América Central...
Las tasas de homicidios en varios países de la región son mucho más altos, de hecho, que los más altos del mundo, rivalizando y superando en algunos casos el número de muertes en las naciones de África asoladas por la guerra. No debería sorprender que los EE.UU. gasten la mayor parte de su dinero de la ayuda en la región en materia de seguridad, que es donde la mayoría de los países quieren ayuda de EE.UU..

Centroamérica presenta oportunidades económicas muchos más limitadas para los EE.UU. que México. Es en cambio en su mayoría un área de gran necesidad. A diferencia de México, no puede hacer mucho para dar de respuesta a las amenazas de su seguridad sin ayuda externa. Las economías centroamericanas son considerablemente más débiles, sus instituciones menos sólidas, y las democracias más frágiles.

Un fuerte compromiso de EE.UU. es esencial aquí. Ningún otro país en el mundo tiene los lazos históricos, demográficos y económicos con Centroamérica y es probable que ningún otro gobierno llegue a ser tan decisivo en  la ayuda para la región. Pero el presidente Obama tiene que prestar mucha atención a las opiniones de los líderes de América Central: muchos de ellos tienen opiniones muy diferentes de los EE.UU. sobre temas críticos de la seguridad y las políticas antidrogas, y merecen la atención de Washington.

Según el Departamento de Estado, EE.UU. ha invertido unos 500 millones de dólares en ayuda de seguridad durante los últimos cinco años, lo que no ha sido suficiente. Es menos lo que le hemos proporcionado a Colombia cada año durante toda una década, y está muy por debajo de lo que ofrecemos ahora a México. Pero no se trata sólo de que los EE.UU. esten dando menos a su programa de ayuda en América Central. Es necesario que Washington dé forma a una política más amplia, a largo plazo, hacia la región, que se ocupe de una amplia gama de cuestiones. Líderes de América Central está interesados en una mayor cooperación con EE.UU., pero su interés puede decaer si EE.UU. no responde de manera satisfactoria y las condiciones siguen deteriorándose
Tanto México como Centroamérica son una prueba para los EE.UU.

Si no podemos encontrar la manera de responder a las oportunidades en México y las necesidades de América Central, es difícil imaginar a los EE.UU. ejerciendo una política o estrategia seria para el resto de América Latina. México y Centroamérica quieren estrechar lazos con los EE.UU.. Será mucho más difícil en otras partes de América Latina, donde muchos países están cada vez más ambivalentes acerca de sus relaciones con los Estados Unidos

www.infolatam.com