El alcalde de Las Condes, Francisco de la Maza, piensa en grande y es categórico. Quiere construir un tranvía en su comuna y dice que el Estado ha sido un lastre para el desarrollo.
Por: Marcelo soto
Fotos: Verónica Ortiz
Fotos: Verónica Ortiz
"Fui al estadio a ver a La Roja, yo era de los pocos optimistas que pensaba que seríamos campeones”, dice Francisco de la Maza en su oficina del piso 15, con vista al barrio El Golf, gris por el esmog, en la Municipalidad de Las Condes. Es ganador el alcalde de la UDI, que venció con un 74% en 2012, aunque en su debut como candidato, en 1992, logró poco más de 600 votos. Nació en el mismo sector, hace 58 años, cuando era una zona de lecherías; hoy es un distrito financiero y comercial. Y uno de los municipios más ricos del país: si el promedio de las comunas en Chile recibe para su administración 400 dólares per cápita, acá es el doble.
De la Maza, sin ser díscolo, es conocido por su carácter independiente, que le ha valido agrias disputas en su partido. De hecho, reconoce que la posibilidad de correr fuera del paraguas de la UDI en las próximas elecciones es cierta; sin embargo, niega que esté germinando una rebelión de alcaldes de esa tienda, que estarían pensando hacer lo mismo, molestos por la manera en que la colectividad presidida por Hernán Larraín ha manejado los escándalos de financiamiento irregular que involucran a algunos de sus líderes.
-¿Cómo evalúa el comportamiento de la UDI frente al caso Penta?
-Uno no puede confundir las situaciones personales con las institucionales, más allá de lo doloroso o de la cosa afectiva que pueda haber. Desde ese punto de vista, la UDI ha caído en esa confusión, ha estado totalmente fuera de foco.
-Usted conoce a Délano y Lavín.
-Obviamente. Pero no siento amistad con ellos, siento cierto grado de cariño, especialmente con Carlos Alberto Délano con quien me tocó trabajar en la campaña “del cambio” de Lavín, pero después de eso, nunca lo vi.
-¿No le ha dado algún tipo de apoyo personal?
-No.
-¿Y a los otros involucrados, como Novoa o Moreira?
-Con Iván Moreira he cultivado una mayor relación de afectividad, e históricamente con Jaime Orpis, pero no lo veo nunca. El 89 fui su jefe de campaña, lo conozco desde chico, éramos compañeros de colegio y sé que está pasando por momentos muy duros, pero cada uno tiene que asumir sus responsabilidades. Yo lo lamento, lo digo con mucho dolor. Pero no he tenido ninguna relación con él en los últimos años.
-¿Ha faltado en el partido separar la amistad de las responsabilidades políticas y -según determine la investigación- penales?
-Absolutamente. Si no quiere decir que estamos actuando como la mafia o como una familia…
-Se comenta que alcaldes UDI están pensando ir a las municipales como independientes y no bajo el paraguas del partido.
-Yo creo que hay una legítima preocupación. Efectivamente, dado el ambiente tan contaminado y con tanto desprestigio de la política, el tener que enfrentar una elección con esta carga, sin estar directamente involucrado y habiendo tenido buenas gestiones en el ámbito municipal, no es justo. Es algo que obviamente hay que definir desde el punto de vista estratégico.
-¿Pero se puede hablar de una rebelión?
-Yo creo que no. Rebelión es cuando uno pretende buscar un quiebre, aquí lo que se pretende es definir estrategias electorales que no se vean contaminadas por los hechos que han ocurrido y que van a seguir ocurriendo, porque la justicia es lenta pero llega.
-¿Usted va a ir a la reelección como independiente?
-Yo creo que todos los caminos están abiertos. Nosotros lo hemos discutido, yo represento a los alcaldes de la UDI, he tenido algunas reuniones con muchos y lo que buscamos, de alguna manera, es la mayor transparencia en una elección y la menor contaminación respecto de hechos en los cuales no estamos involucrados.
-¿Nunca recibió plata de Penta?
-Yo nunca he recibido platas que estén fuera del marco de la ley, nunca.
-¿Y de Ponce Lerou?
-Tampoco, ni siquiera lo conozco.
-¿Nunca se reunió con Patricio Contesse? ¿Nunca lo invitaron en avión privado a visitar Soquimich?
-No conozco a Contesse y afortunadamente nunca he sido invitado. Las veces que he sido invitado a cosas raras siempre he dicho que no.
“A Jaime Orpis lo conozco desde chico, éramos compañeros de colegio y sé que está pasando por momentos muy duros, pero cada uno tiene que asumir sus responsabilidades”.
-¿Qué le parecen las explicaciones de Marco Enríquez?
-Me parecen, por decirlo de alguna manera, incompletas. Yo no creo que alguien vaya tantas veces a visitar a alguien, sólo para hablar de las políticas públicas o el futuro de Chile. Eso se hace con un equipo de asesores que planifica, de alguna manera, una visión de desarrollo con políticas públicas, no necesariamente con dueños de empresas.
-¿Qué piensa sobre la conexión entre política y negocios que revelan estos casos?
-Me parece que la relación de esas empresas con la política no es sana. Creo que hay que legislar en torno al financiamiento, aun cuando el costo sea trasladado al Estado. Yo no me pondría rojo en eso. Los empresarios son herramientas básicas del modelo de desarrollo, como también la construcción de una regulación adecuada, eliminando abusos, eliminando malas prácticas, eliminando corrupción, una serie de aspectos que obviamente el Estado debe controlar. Lo mismo para la clase política.
-¿Uno de los nudos ciegos de la UDI es su déficit en democracia interna?
-La democracia interna lo que genera es una mayor participación, un mayor entusiasmo y una mayor responsabilidad colectiva en la toma de decisiones. Pienso que eso es sano y espero que en el futuro esté contemplado en la nueva legislación de partidos políticos.
-¿Definiría el funcionamiento interno de la UDI como no democrático?
-Hasta ahora ha sido bastante cupular, qué duda cabe.
-¿Participar en las próximas elecciones municipales como independiente no sería una deslealtad? Porque se supone que uno está en el partido en las buenas y en las malas...
-No se trata de estar en el partido en las buenas y en las malas, se trata de defender gestiones que sobrepasan ampliamente la adhesión de un partido político. Para ser elegido alcalde uno necesita el 50% de los votos... Tengo claro que hoy todos los partidos políticos están pasando por un descrédito importante y, por lo tanto, son una mochila electoral, tanto, que la duda hoy es cuánta gente va a ir a votar. Puede suceder que, como una manifestación de rechazo, una gran mayoría simplemente no vaya a votar y eso sería gravísimo.
La seguridad y las cacerolas
Constructor civil de la UC, De La Maza no piensa en pequeño. Quiere replicar el éxito que -de acuerdo a sus cifras- muestran algunos planes sociales de Las Condes en todas las comunas del país y, entre otras cosas, realizar un tranvía de 10 km. “Costará unos 300 millones de dólares. La rentabilidad social está en torno al 7%, lo que es suficiente”, explica. Se ha criticado que dicho proyecto puede ser un elefante blanco que beneficie a una comuna rica, del mismo modo que se cuestiona que su sistema de bicicletas públicas no esté integrado al resto de Santiago. “Nuestro modelo es que las estaciones estén cada 200 o 300 metros como máximo, o sea, conectividad interna dentro de la comuna, no pensando que uno se va a ir a Estación Central, a Puente Alto o a Pudahuel, porque eso es una utopía”.
-¿Ha sido condescendiente la presidenta Bachelet con el problema de la delincuencia? ¿Es algo típico de la izquierda?
-Cuando se implementó la reforma penal, por la ex ministra Soledad Alvear y el presidente Eduardo Frei, se copió una reforma bajo unos estándares que a la fecha han resultado mal concebidos. Hemos visto que no controla adecuadamente la cadena de actores que hay hoy frente a la delincuencia.
-¿Le parece mala esa reforma?
-Fue construida con muchos vacíos. Y producto de estos vacíos, por un complejo de nuestra historia pasada, se fue desempoderando a las policías, con fiscales excesivamente garantistas, con muchas detenciones que se declaran ilegales. Esta cadena ha influido en que los delincuentes actúen y tengan penalidades de prácticamente cero, y eso desmotiva a la comunidad, la enoja y es muy dañino para la democracia. En la reunión que tuvimos con el ministro Burgos vi que hay un mayor interés y preocupación por eliminar estos vacíos.
“Lo que tenemos hoy es la demostración más clara de que lo que ha fracasado es el Estado. No es el modelo de desarrollo, es el Estado el que está al debe”.
-¿Usted no vio esa preocupación en Peñailillo? ¿No era prioridad para el ex ministro?
-No, bajo ningún concepto. Yo vi que la actitud del ministro Peñailillo era más bien enfrentar un proceso de cambios estructurales a una velocidad inusitada, que conducía a una excesiva centralización, que va exactamente en la dirección contraria a lo que yo pienso que hay que hacer en el país. Las recetas centralistas están condenadas al fracaso, lo que tenemos hoy es la demostración más clara de que lo que ha fracasado es el Estado. No es el modelo de desarrollo, es el Estado el que está al debe: en las políticas públicas de salud, de educación y seguridad.
-¿Está de acuerdo con la detención por sospecha, una práctica que parecía superada?
-Estoy de acuerdo en el control de identidad preventivo. Que las policías frente a cualquier circunstancia puedan pedir identificación por razones de seguridad, y eso me parece fundamental como herramienta de las policías.
-¿No sería un retroceso en términos de libertad individual?
-Hay que pagar costos para controlar la delincuencia, y el menor costo que se puede pagar es que las personas circulen con su identificación. Hay otras partes del mundo donde esa falta de libertad se refleja en miles de cámaras, por ejemplo, en Inglaterra, que están continuamente vigilando el accionar de las personas. No tenemos hoy día el nivel de desarrollo para permitirnos ese tipo de gasto.
-¿No es populista prometer que se va acabar con la puerta giratoria? Piñera no lo logró.
-La promesa de acabar con la delincuencia obviamente es populista. La promesa de construir instituciones que enfrenten adecuadamente las distintas etapas de los delincuentes, distinguiendo adultos y menores, los procesos para perseguir a los sospechosos.. eso no es populista. No vamos a eliminar la delincuencia con eso, pero sí vamos a tener canalizaciones adecuadas que hoy día no existen. Hoy los delitos quedan sin penalización y sin la búsqueda de sanación y reinserción para los que cumplen la condena.
-¿En su casa participaron del cacerolazo?
-No tengo idea, yo estaba en el teatro. Pero no banalizaría el tema de los cacelorazos. Una sociedad que no encuentra respuestas adecuadas de sus autoridades e instituciones, tiene derecho a reclamar dentro de ciertos márgenes. Me parece, por ejemplo, que una marcha estudiantil es legítima, no así los desmanes y que no haya herramientas de control. Una manifestación, independiente del tema que se trate, es legítima si se hace respetando a los vecinos. Una marcha gay, por ejemplo, también encuentro que es legítima.
“Enfrentar una elección con esta carga política (casos de escándalos), sin estar directamente involucrado y habiendo tenido buenas gestiones en el ámbito municipal, no es justo”.
-No se han hecho marchas gay en Las Condes. ¿Si le pidieran autorización la daría?
-Por supuesto que sí, no tengo ningún inconveniente. Las expresiones de la sociedad, sean de mayoría o de minoría, en la medida que se hagan con respeto por los ciudadanos, obviamente se pueden hacer.
-¿Está de acuerdo con el matrimonio igualitario?
-Estoy de acuerdo con lo que se hizo, el AVP, desde hace muchos años y lo he manifestado. Ahora, el ponerle matrimonio me parece que ya es una connotación bastante menos relevante desde el punto de vista administrativo. De lo que se trataba era de igualar derechos; con la legislación actual se logra eso.
La derecha y Bachelet
-José Francisco García, de Libertad y Desarrollo, dice que es un error de la derecha pensar que basta con tomar la seguridad como bandera, que eso es caer en el cosismo y en la falta de relato que ha hecho que el sector se desperfile. ¿Qué piensa al respecto?
-El gran tema de país hoy no es la delincuencia. Efectivamente, el relato es cómo seguimos desarrollándonos, creciendo, mejorando, dando soluciones a los ciudadanos... Mi posición es que es clave buscar adecuados niveles de descentralización y de transferencias del poder. Las recetas nacionales desarrolladas entre cuatro paredes jamás van a satisfacer la realidad de La Florida, de Aysén, de Arica, Las Condes. Jamás. Porque son realidades distintas. Por lo tanto, si queremos hablar de proyecto país, de transformaciones en profundidad, creo que lo hay que hacer es descentralizar. Yo administro una comuna desde hace bastante años, y la realidad de Colón oriente es totalmente distinta de la de El Golf. Dentro de las mismas comunas tenemos realidades diversas, con prioridades diferentes. Imagínate en un país como éste. Lamentablemente, el gobierno pretende solucionar los problemas que hemos arrastrado por muchos años, con recetas iguales para todos los ciudadanos, desde cuatro paredes. Eso es un fracaso.
-El cosismo, que impulsó Lavín, ¿es una etapa superada de la derecha?
-No hablaría de cosismo. Hablaría de cómo expresar un modelo que nos permita seguir generando una mejor calidad de vida, pero a la vez manteniendo niveles de empleo, inversión, crecimiento alto, que es la base de cualquier desarrollo.
-¿A usted lo interpreta el cosismo?
-El cosismo fue válido el año 2000. Su expresión más clara es que la política lo que busca es dar soluciones a los ciudadanos en cuanto a su calidad de vida. Luego del 2000 fue una etapa superada. Pero no tengo ninguna duda de que cualquier proyecto político va a contemplar eso mismo. De hecho, el proyecto del gobierno actual era plantear soluciones con reformas a situaciones que el país arrastraba; el problema es que las reformas fueron mal planteadas con recetas del año 60, sin considerar los cambios que ha habido. Ése ha sido el fracaso de este gobierno, no la oferta. La oferta de generar una mejor educación es necesaria, el problema es que la receta no cumple con las expectativas, ni apunta a la calidad.
-¿Cuál es su receta?
-Mi apuesta tiene que ver con la descentralización. Hoy, tenemos una erupción de un volcán en el sur y se traslada todo el cuerpo ejecutivo, desde la presidenta a los ministros, eso no tiene lógica. Hay un desastre en el norte, y lo mismo. Esperamos que sea el gobierno central el que resuelva el problema. Eso tiene que cambiar. La única forma, es dando más autonomía presupuestaria local. El ejemplo palpable somos nosotros.
-¿En qué sentido?
-Hoy tenemos muy bien resuelta la educación pública, mucho antes de que la presidenta Bachelet llegara con la retroexcavadora, sin hacer cambios legales, sino que con voluntad política, recursos, y bastante gestión. Tenemos bastante resuelto el tema de la salud, a través de nuestra participación en un proyecto público privado; muy resuelto el tema cultural. ¿Por qué uno puede decir eso? Básicamente porque nosotros somos una comuna descentralizada.
-Pero Las Condes es una comuna rica...
-Es falso, el 10% de nuestros vecinos es de altos ingresos. Un 15% es muy vulnerable, y el resto de clase media. Lo que tiene la comuna es un ingreso per cápita en su administración local que es la más alta del país, y que está en torno a los 800 dólares per cápita, que es un sexto de lo que administra el gobierno central y el doble de lo que administra el promedio de las municipalidades en Chile. El Estado administra hoy 5 mil dólares per cápita. Si sólo un 8% se distribuyera adecuadamente, todas las comunas tendrían herramientas similares a las que tiene la comuna de Las Condes hoy. No es impensable, ni una utopía. Sólo pasa por un tema de voluntad política y de entender que el modelo de desarrollo hacia el futuro pasa por la capacidad de tomar decisiones a nivel local.
-¿Bachelet va en el signo contrario?
-Obvio. Es centralista. Si es la receta que están copiando de la década del ’60 y que fracasó el 89 con la caída del muro de Berlín. Hoy la están desempolvando. Pero no tiene ningún futuro y afortunadamente la gente se está dando cuenta.
-¿Usted cree que Bachelet pretende un socialismo de la Guerra Fría? Porque no estamos hablando aquí de estatizar la economía, nadie ha planteado eliminar la propiedad privada.
-Pero eso de eliminar la propiedad privada no está tan claro. Hay una discusión sobre cuáles son los cambios que se quieren introducir en la Constitución y algunos han manifestado que precisamente ese es uno de los cambios. Yo tengo la impresión de que lo que hay hoy en Chile es una falta de visión de futuro de cómo seguimos adelante, entendiendo que los últimos treinta años hemos sido un ejemplo mundial en avanzar en el desarrollo.
-¿Piensa que esta primera etapa de Bachelet es el peor gobierno de la democracia?
-No tengo ninguna duda, creo que sí. El peor desde los 80.
-¿Reponer el voto obligatorio sería tramposo?
-El voto voluntario es un ejemplo de las cosas cantinflescas que son habituales en el país. Sería una estafa para los ciudadanos volver al sistema obligatorio. Si me dices que se va a poder votar con la huella digital, en cualquier parte del territorio, podría ser. Pero si mantienes el mismo formato de hoy, que tiene un costo para las personas, me parecería una estafa.
-Hablando de las opciones de la derecha, en estos momentos aparece por un lado Piñera con un discurso gerencial, centrado en la eficacia administrativa; por otro Ossandón que tiene un acento social que algunos acusan de populista. ¿Con cuál se siente más cercano?
-Con ninguno de los dos todavía tengo una verdadera dimensión de la oferta que proponen para el futuro de país. Ambos indudablemente son figuras públicas relevantes, están en las encuestas. Pero, tanto en la izquierda como en la derecha, los candidatos van a tener un proceso de primarias y en ese proceso cada candidato deberá entregar su visión de país. Yo creo que hacer primarias es algo que no se va a transar.
-¿Usted estaría dispuesto a participar?
-Estaría dispuesto… Va a depender de la situación política. •••
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