Por Carlos Pagni
“… el kirchnerismo traza la línea central de toda política: la
que separa a “ellos” de “nosotros”. De un lado quedan los fondos buitre,
la prensa corporativa, el FMI, la dictadura y sus secuelas, la
oposición -según cómo se porte cada semana-, las grandes empresas, los
bancos, los productores agropecuarios, los que pretenden comprar dólares
para viajar a Miami y el neoliberalismo. Del otro lado, “nosotros”: el
pueblo victimizado, que el líder viene a redimir y que, en un momento de
distracción, puede incluir a Cristóbal López o José Luis Manzano.
La protesta de Micheli perturba esa geometría. Los sindicatos y
organizaciones sociales que ayer ocuparon la plaza expresan a
trabajadores y desocupados, y militan en una izquierda con modulaciones
socialcristianas. Integran el Frente Amplio Progresista y en el campo
intelectual son afines al grupo Plataforma. No piden al Gobierno que
cambie de políticas, sino que cumpla con las que dice llevar adelante.
Es decir, que profundice el modelo.
Para el oficialismo los manifestantes de ayer resultan mucho más
desagradables que los caceroleros que no pisan el césped. Se notó ese
malestar en un detalle: el único ministerio que se pronunció fue el de
Seguridad, con un comunicado que deploraba la marcha porque sólo
contribuía a provocar conflictos y problemas de tránsito. Muy Pro.
La disidencia de la CTA es un aspecto de un fenómeno más amplio e
inesperado: el de un gobierno peronista que, a un año de haber arrasado
en las elecciones, carece casi por completo de base sindical. El dato es
muy relevante cuando la economía ha perdido su dinamismo y la inflación
sigue acelerándose.
En la movilización de ayer participaron también la Federación Agraria
de Eduardo Buzzi y varios gremios de la CGT de Moyano. Julio Piumato
(Judiciales), Juan Carlos Schmid (Dragados) y Pablo Moyano (Camioneros)
llevaron su clientela. Moyano padre desistió de participar por la
presión de dirigentes que soportan en sus propias organizaciones la
oposición de los feligreses de Micheli. Fue decisivo el petrolero
Guillermo Pereyra, director de YPF.
Moyano desbordó la arena sindical y pasó a la política. Hace dos
semanas, en Córdoba, emitió un programa de 21 puntos que, como las
consignas de Micheli, también expresa la atmósfera mental del Gobierno:
alineación bolivariana, proteccionismo industrial, mayor
intervencionismo sobre la banca y el comercio. Las discordias de Moyano
se refieren a la negación oficial de la inflación y de la inseguridad,
al deterioro del aparato de Defensa y a la manipulación de los medios,
de la que ayer hubo otro ejemplo: la cadena oficial ignoró la
concentración opositora. El camionero pretende alimentar una opción
electoral para el año que viene. Una imprevista afinidad con Víctor De
Gennaro, el inspirador de la CTA, que hace unos años también se soñó
Lula.
Moyano y Micheli levantaron una bandera que mortifica al
kirchnerismo. Se oponen a la reforma del régimen de accidentes de
trabajo. Micheli llamó a una movilización hacia el Congreso para el 24,
cuando se trate la nueva ley. Es un proyecto de la Unión Industrial
Argentina, que Cristina Kirchner hizo propio. La propuesta central es
que el empleado que recurra al seguro por accidente, renuncie a ir a
tribunales. El objetivo es reducir los costos de las empresas. Para
Moyano y Micheli eliminar la “doble vía” es abolir un derecho de los
trabajadores.
La guerra en torno de esta propuesta se desató anteayer, cuando
Carlos Tomada concurrió a una reunión de comisiones en la Cámara de
Diputados. Desprovisto de su habitual entusiasmo, el ministro de Trabajo
recitó la letanía oficial: vituperó los años 90 y echó incienso sobre
la Presidenta y su esposo. El otro hijo de Moyano, Facundo, recordó a
Tomada algunas de sus declaraciones en contra del régimen que ahora
proponía. Después preguntó: “¿Qué argumento tienen para defender esto?”.
Contestó, iracundo, Edgardo Depetri: “El 54%”. El joven Moyano arengó:
“A los kirchneristas que todavía pueden pensar por sí mismos les pido
que no voten en contra de los trabajadores”. Para Agustín Rossi fue
demasiado: “¿De qué hablás? Si vos estás acá es porque te puso
Cristina…”, vociferó, mientras la polémica se hundía en el griterío.
El conflicto sindical se proyectó así sobre la bancada de Diputados.
Con el menor de los Moyano se alineó el canillita Omar Plaini. ¿Cuánto
tiempo más permanecerán en el bloque oficial? Y el enigma mayor: ¿dónde
se ubicará Héctor Recalde, antiguo mentor de los Moyano y padre de
“Marianito”, el presidente de Aerolíneas? Astuto, Recalde presentó un
proyecto propio para salvar su leyenda de luchador social sin dañar al
Gobierno. A propósito: ¿fue Recalde el promotor del pronunciamiento de
los laboralistas contra la ley?
Para navegar la tormenta sindical Cristina Kirchner carece de un
vehículo. No le alcanza con la CTA de Hugo Yasky, que nació de una
derrota. Y se siente incómoda con la CGT de Antonio Caló. Ella pretendía
ver allí a otro metalúrgico, Francisco Gutiérrez, pero le rechazaron el
pedido por temor a las ínfulas izquierdizantes del intendente de
Quilmes. La Presidenta tampoco consiguió entronizar a Ricardo Pignanelli
(Smata), quien temía dejar el sindicato a su segundo. Y cuando pidió a
través de Julio De Vido -que derritió el celular llamando a
sindicalistas desde Moscú- que se formara un triunvirato, le rechazaron
la propuesta sin explicaciones. Al final, quedó Caló, quien se resiste a
negar la inflación y, en un primer descuido, apoyó el reclamo de
prefectos y gendarmes. La señora de Kirchner dejó ver su desdén
anteayer, cuando recibió a “sus” sindicalistas: agradeció la visita,
habló durante una hora negando el cepo cambiario y la inflación, y los
despidió con la mano desde lejos.
En esta toma de distancia de la corporación sindical no hay, en
principio, nada reprochable. Es verdad que puede agotarse en la
ensoñación megalómana de una líder que pretende tratar con la ciudadanía
sin mediación institucional alguna. Pero, ¿por qué no aventurar que
Cristina Kirchner está ensayando un movimiento de sabia autonomía que
eximiría a su gobierno de ser el mero conmutador de presiones
sectoriales? Más de un intelectual aplaude en esta jugada el nacimiento
de una especie de “alfonsinismo autoritario”, capaz de llevar el
pluralismo a la organización sindical y de establecer un sistema de
salud centrado en el Estado.
Es el fantasma que presienten los sindicalistas. Por esa razón, como
cada vez que se sintieron amenazados, recurrieron al mismo método: se
desdoblaron en un ala intransigente y otra dialoguista. Ongaro y Vandor,
Ubaldini y Alderete, Moyano y Daer, Moyano y Caló. Uno fustiga desde la
plaza en nombre de la justicia social. El otro hace lobbying
en el palacio con la amenaza de que, si no le dan lo concedido, cruza
hacia la plaza. Al final, cobran todos. Los militares, Alfonsín, Menem y
De la Rúa quedaron atrapados en esa tenaza. ¿Será Cristina Kirchner la
primera en superarla?”.
Extracto del artículo publicado por el diario La Nación
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