Comportamiento en bandada, trayectorias (de
proyectiles) no lineales y overshooting emocional": así se llamaría el
juego digital del momento, "Angry Birds" ("Pájaros furiosos") si hubiera
sido inventado por economistas académicos. Por suerte, lo idearon
especialistas en videogames de la empresa finlandesa Rovio Mobil. La
zaga, protagonizada por un grupo de pajarracos pendencieros que luchan
por recuperar los huevos de su nido, robados por cerdos, se lanzó en
2009 y este año completó los 1000 millones de descargas online.
Es tal el furor que Rovio ya está comercializando
merchandising y una serie de dibujos animados. Dos sábados atrás, las
aves de moda en Internet aterrizaron en la discusión por el IPC y la
intervención oficial en las estadísticas. La aplicación estrella surgida
de un taller del "Hackatón" (reunión de programadores), que se realizó
en Buenos Aires, fue "Angry Indec" (angryindec.appspot.com) , un
jueguito que, con la cadencia de su primo hermano famoso, permite
ingresar precios reales que se traducen en lanzamientos de changuitos de
supermercados. "Qué tan lejos estás del Indec", invitan los
programadores, "porque las estadísticas de inflación en la Argentina son
un juego".
El enojo provocado por las subas de precios es una
variable poco estudiada por los economistas hasta ahora, pero que está
detrás de la sensación de inflación cada vez más alta y se suma a la
lista de "costos ocultos" acumulados desde la intervención del Indec, a
fines de 2006. "Cuando no hay un termómetro creíble, la gente tiende a
percibir una inflación superior a lo que efectivamente ocurre -dice
Guido Sandleris, el economista que tiene a su cargo la encuesta sobre
sensación y expectativas de precios que realiza todos los meses la
Universidad Di Tella-. Esto tiene que ver con que tendemos a recordar
más las cosas que aumentan de precio que aquellas cuyo valor no cambia."
Se trata de uno de los fenómenos mejor establecidos en
la "economía del comportamiento", que toma enseñanzas de la psicología:
el de la "aversión a perder", que indica que el impacto emocional de una
pérdida o de un fracaso es entre dos y tres veces más fuerte (con signo
contrario) que el de una ganancia o un evento exitoso. La aversión a
perder se cuela en infinitas situaciones de la vida cotidiana. Es lo que
hace, por ejemplo, que reclamemos que se vaya un director técnico que
sacó a nuestro equipo campeón el año anterior ni bien es derrotado en un
par de partidos.
"Cuando las estadísticas oficiales de inflación son
confiables, actúan como un chequeo de realidad que corrige estos sesgos
en la inflación percibida a la hora de formar expectativas", marca
Sandleris. "Su ausencia hace que las previsiones de subas de precios
sean todavía más elevadas." En agosto, por sexto mes consecutivo, la
mediana de estimaciones de precios que mide la UTDT se ubicó en un 30%,
cuando las de estudios privados y las de las direcciones provinciales no
intervenidas rondan entre el 24% y el 26 por ciento.
No es el único costo oculto, o poco analizado. Los
economistas también hablan de una asimetría de información que perjudica
a los particulares y a las pequeñas empresas. Un indicador preciso de
precios es una variable fundamental a la hora de tomar decisiones de
ahorro, consumo o inversión. Hay media docena de consultoras que
realizan mediciones propias de inflación que sólo empresas grandes se
pueden dar el lujo de comprar. Esta información se socializaba en los
medios hasta que el año pasado Guillermo Moreno aplicó las multas a las
consultoras, que pasaron a no difundir sus números, con lo cual se
acentuó la desigualdad.
"Hay un costo enorme y no medido en la cantidad de
contratos que dejan de realizarse por las fallas de coordinación que
provoca una inflación incierta, cuando dos partes tienen una estimación
de precios distintas", agrega el economista jefe de un banco. La misma
fuente recomienda visitar un trabajo de Roberto Frenkel de 1979,
Decisiones de precio en alta inflación, en el cual el economista del
Cedes analizaba el acortamiento de los contratos y la tendencia de los
agentes a "pegarse al techo" -apostar a la suba más alta del rango-, con
lo cual el fenómeno se retroalimenta.
Todo esto aparte de los más analizados costos
reputacionales y financieros. La Argentina comenzó a despegarse, para
mal, en riesgo país del resto de la región con la intervención del
Indec. La suba de la tasa soberana marcó un nuevo piso para el
financiamiento de las empresas y de las provincias, que hoy no consiguen
crédito a menos del 10% anual en dólares.
Como se ve, hay razones suficientes para enfurecer a
los pajarracos, pasar los 21 niveles de "Angry birds" y volver a jugar
unas cuentas veces..
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