por: José Antonio Medina Ibáñez
El tema es que para los dueños del Capital, éste no tiene que
reinventarse, sólo implantar más sólidamente su ideología, destruyendo
lo que sea necesario incluso la misma democracia [como cuando impidieron
el referéndum griego], el Estado del Bienestar, la clase media y la
pequeña y mediana empresa, incluyendo a sus hermanos los banqueros; todo
lo que a su entender sea ineficiente.
Están convencidos de la existencia de una izquierda trasnochada por el
fracaso ruso y la conversión china.
Las reglas económicas [selección de inversiones], las apropiaciones
financieras [manejo a placer de la tasa Libor o del indicador Euribor],
el mayor control militar espacial, social, religioso y político además
de la supervisión directa, a través de las grandes inversiones del BM,
de los recursos naturales mundiales, es sólo una muestra de sus
intenciones. Todo lo demás se permite.
Con este, aparente, aplastante dominio del Capital, asistimos a la
continuidad de un sistema moribundo incapaz de reconocer sus errores y
destinado a ser el provocador del gran estallido social que el mundo
entero espera. Nadie aguarda nada de las “cumbres” del G20, G7+1, ni de
los BRIC. Ni los primeros, los segundos y ahora los terceros son
creíbles: El mundo tiene más pobres, más desempleados y es más agresivo e
individualista que nunca. En fin, la globalización, entendida como la
conocemos, se ha descubierto y se está transformando en la mayor trampa
para el trampero.
Cuando la Unión Europea, todavía considerada un proyecto, y USA se
miran; una especie de respeto y miedo les gobierna a la hora de tomar
decisiones que antes les eran fáciles cuando se hablaba de América
Latina y el Caribe [ALC], África o Arabia.
ALC, la región más desigual pero más rica del mundo ha entendido
definitivamente, junto a las otras dos regiones, que el diálogo de las
potencias es claro: Sometimiento y Neutralización.
El que en 2011 ALC recibiera 153.448 millones de dólares de Inversión
Extranjera Directa no nos dice nada si nos desentendemos hacia donde se
dirigió ese dinero: Los países “amigos” como Brasil, México, Chile,
Colombia y Perú recibieron el 80% de los dólares y, el 46% de ese dinero
fue a las filiales de las transnacionales en esos países. Nada de
protección social, de salud o de educación. ¿Cómo creer, pues, los
solemnes discursos de esos líderes sobre la ayuda al desarrollo?
Para muchos ojos las cosas en el mundo están cambiando, las
transnacionales ya reciben dinero expatriado desde ALC. CEPAL confirma
el envío creciente por parte de las empresas transnacionales que
invierten en la región: "Las rentas de IED transferidas a los países de
origen se han incrementado desde 20.000 millones de dólares anuales
entre 1998 y 2003 hasta 84.000 millones de dólares anuales entre 2008 y
2010". Con este panorama, quién no tendría miedo de perder tan jugosas
atenciones y ser cada vez más precavido a la hora de tomar una decisión
y, también, quién no se sentiría envalentonado para intentar hacerse
propietario de tanta riqueza natural e industrial.
No hay ningún intento ni nada de un Nuevo Orden Económico Mundial, lo
que vivimos, desde ALC, es una más poderosa participación económica de
las empresas translatinas [brasileñas, chilenas, mexicanas,
colombianas…] que en 2011, su momento más bajo, invirtieron 22.605
millones de dólares.
La globalización ha permitido que los grandes del mundo se hayan
expuesto más que nunca y que los pequeños hayan aprendido de los errores
de aquellos, así que USA, España y China ya no compiten entre sí, sino
también contra las mismas translatinas que ya invierten su dinero en el
antes patio trasero
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