Tomás Escobar quiere legalizar el servicio, pero las corporaciones del cine y la TV lo denuncian por piratería y podría ir preso por hasta 6 años. "No puedo seguir manteniendo el sitio", lamenta.
por: Por Maximiliano Poter, La Segunda
Si faltaba una escena para dar más suspenso a la película sobre Cuevana era una entrevista en la "clandestinidad" con su polémico creador, escondido en una suerte de refugio en Buenos Aires al que este periodista fue guiado desde un celular, sin dirección concreta, como si se tratase de una peligrosa cita con algún terrorista o narcotraficante prófugo.
Pero Tomás Escobar está lejos de aquello. A lo sumo, podría ser el protagonista de una versión latina de "La venganza de los Nerds": Petiso, algo gordito, con un ligero acento provinciano que adorna su timidez y, claro, muy, muy inteligente.
Así de inofensivo, este muchacho de 23 años es, para una gran parte de la industria del cine y la TV, una amenaza internacional. Su creación, Cuevana.tv , es la plataforma que hoy 2 millones de personas en América Latina emplean cada día para ver gratis las últimas películas y series, y que ha golpeado el statu quo del negocio audiovisual.
El sitio es una molestia para los gigantes del rubro, quienes decidieron cercarlo judicialmente. Al momento, 10 multinacionales del sector han iniciado acciones legales por violación a la propiedad intelectual contra Escobar, que está en continuo movimiento entre su San Juan natal y Buenos Aires, para evitar ser notificado y dilatar los procesos.
Luce cansado, con falta de sueño y está pálido. "Estoy preocupado, sobre todo porque no sé lo que puede ocurrir cuando uno se enfrenta a grupos tan grandes", dice, somnoliento, al abrir el diálogo con La Segunda Sábado. Sorprendido por la acusación de que Cuevana es un negocio. "Hoy, el sitio no tiene publicidad, todos los costos los absorbo de mi bolsillo".
-En el sitio anunciaban marcas conocidas y un ex socio suyo dijo que los ingresos alcanzaban para mantener una familia completa...
-No tomaría en cuenta su testimonio. No hubo ingresos que se usaran para otros fines diferentes al mantenimiento de servidores. El costo es alto. Hoy ninguna sección del sitio tiene avisos, para transmitir un mensaje a aquellos escépticos que creen que esto es un negocio, que lucro, cuando la realidad no es así.
-¿De dónde obtiene el dinero? No parece que sus trabajos como programador freelance le provean...
-(Ríe, nervioso) No... Te aclaro que se me está acabando. Es en una situación límite, que no puedo estirar más de uno o dos meses. Estoy analizando qué hacer, porque no puedo seguir manteniendo el sitio.
"Cuevana nunca se formó como un negocio"
Tomás asegura que esta historia partió como un hobby (ver recuadro). "Lo primero que hice fue buscar las licencias de los contenidos para poder alojarlos en servidores propios. Cuevana, al ser un indexador y no tener el material en su sitio, no tiene control sobre la calidad de los videos, la conexión y la experiencia completa -explica-. Empecé a contactarme con distribuidoras, en algunos casos con recepciones más frías que otras, pero de golpe se cortaron las conversaciones".
-¿No cree que, si las distribuidoras llegan a un acuerdo con Ud., estarían sentando mal precedente?
-No quieren que el público tenga la imagen de que, supuestamente, alguien puede avanzar por detrás de la industria, hacerse famoso y luego acordar con ella. Ese, tal vez, es el precio político que tienen que pagar.
-Para mí, ganan mucho más de lo que pueden perder. Obtienen un público que, durante varios años, ha estado enemistado con las productoras y, además, ganan la posibilidad de conquistar un mercado que en Latinoamérica no les da rédito, que es lo que ellos llaman piratería.
-Quienes critican a Cuevana dicen que construyó su posición mediante una práctica ilegítima, usando contenido protegido.
-Cuevana nunca se formó como una empresa o un negocio. Empezó como un hobby para satisfacer mi necesidad de ver series y películas. De hecho, el primer diseño de Cuevana lo quise donar a otro sitio que usaba (Darkville.com.mx), para simplificar la reproducción de contenidos. Pero como no tuve respuesta, decidí avanzar por mi cuenta y comenzar a emplearlo entre amigos.
-Imaginé que (las distribuidoras) nunca me iban a atender la puerta. De hecho, solo la abrieron porque tengo 15 millones de usuarios. De lo contrario, no lo hacían, porque sos un adolescente en proceso de aprendizaje y las estructuras de esas empresas son muy complejas.
-¿Cree que las acciones legales buscan hacer desaparecer el sitio o llevarlo a negociar en los términos de las compañías?
-Ojalá les interese negociar. Es lo que vengo buscando e insistiendo...
-¿Cómo es la "negociación"?
-Nosotros brindamos una plataforma aceptada por el usuario, con familiaridad de uso y con una gran porción del mercado en la región. Muchos dicen que Cuevana triunfa porque es gratis, pero no es así. Antes y después de Cuevana, hubo un cambio muy grande en cuanto a las ventanas de distribución del material cinematográfico. El usuario de Latinoamérica quiere los mismos tiempos de acceso a contenido que el de EE.UU., porque paga lo mismo, o inclusive más. Cuevana defiende la postura del usuario. Si quieren cobrar por este tipo de servicio, OK, pero que sea por contenido que salió en la misma fecha o al otro día de su aparición en Norteamérica. El televidente ya evolucionó y quiere elegir cuándo y cómo ver lo que le gusta.
-Tomándolo del lado de la industria, estimo que es difícil compartir un pedazo de la torta. Quizás piensan: "¿Para qué lo vamos a hacer con ellos si podemos hacerlo solos?".
-Parece muy difícil que, desde su lugar hoy, pueda lograr cambiar todo un modelo de distribución...
-Es la batalla más grande en la que me puedo haber metido. Pero Cuevana ya logró cosas significativas, como que los canales de TV locales estrenen las series tres días o, a lo sumo, una semana después de su salida en EE.UU. Es un minitriunfo.
Cuevana reveló que el consumidor de esta región tenía necesidad de disfrutar de contenidos audiovisuales de calidad y usaba su conexión de banda ancha como un canal de TV más. Un negocio fértil para prestadores de video on demand online que, desde fines del pasado, arribaron a la región líderes internacionales del rubro como Netflix e iTunes.
En el hipotético caso de que consiga regularizar su situación, Escobar imagina un "Cuevana legal" que se sume a esa competencia con un modelo comercial mixto con contenido gratuito, sustentado mediante publicidad, y otro que, por sus costos de realización, sería pago.
Fox, Disney, Paramount Pictures, Columbia, Universal, Warner, HBO, Turner y Telefe son algunos de los gigantes que han iniciado demandas judiciales contra Cuevana por violación de la Ley 11.723 de propiedad intelectual. Una de ellas ya provocó la detención (y posterior liberación) de Cristian Alvarez Rojas, supuesto administrador del sitio en Chile. "Fue totalmente desproporcionado lo que le sucedió. Es solo un usuario voluntario que ayudaba a indexar películas difíciles de conseguir y escribía críticas para el sitio", aclaró Escobar.
Impulsado por las denuncias de esas grandes empresas, un fiscal de la ciudad de Buenos Aires, el especialista en delincuencia informática Ricardo Sáenz, inició una causa penal contra los fundadores. Escobar podría recibir una condena de entre 1 mes y 6 años de prisión. El sueño de convertir su hobby en la compañía de streaming más importante de Latinoamérica puede quedar a la sombra. Y ahora, mientras trabaja con abogados penalistas en su defensa, evalúa su futuro.
-¿Vendería el sitio?
-No descarto nada. Pero como Cuevana es lo que es gracias a los usuarios, sentiría que los estoy defraudando si lo vendo y se cae o empieza a funcionar peor. Tendría que estar muy involucrado en saber qué pasaría después para quedarme tranquilo.
-¿Alguien le hizo una oferta?
-A principios de 2011, cuando el tráfico no era el actual, hubo interesados. Pero no les di lugar, porque no quería venderlo.
-¿Cuánto le ofrecían?
-(Piensa, como si intentara recordar) Creo que fue entre medio y un millón de dólares.
-¿No se arrepiente?
-El dinero solo no hace la felicidad. Es lógico que a cualquiera le viene bien, pero de nada sirve pensar en el pasado. No me arrepiento de nada
-Pero dijo que le queda dinero para sostener el sitio 2 meses más. ¿Qué piensa hacer?
-No lo sé. Estoy tratando de negociar y la idea es llegar a algo. Lo peor que puede pasar es que cierre.
-¿Y si tiene que cerrar?
-Me planteaba abrir el código y, si alguien quiere continuar con el proyecto, que lo haga. Tengo otras ideas en las que me gustaría aventurarme.
-¿Cómo termina esta película?
-Esperemos que con un final feliz. Con un "The end" sobre una sonrisa.
Cuevana partió hace dos años en un pequeño dormitorio en Córdoba, cuando Escobar estudiaba ingeniería en sistemas. Junto a sus (por entonces) amigos David Fernández y Mario Cardosio, crearon un sitio web que simplificó ver películas y series por internet.
¿El secreto?
Un plug-in que permite reproducir los videos que los internautas del mundo suben a plataformas como Megaupload, Hotfile, Wupload y Bayfiles. En un par de clics, Cuevana dejaba disfrutar, gratis vía streaming , unas 3.000 películas (muchas todavía en cartelera o aún no estrenadas) y capítulos de series televisivas horas después de su emisión en EE.UU. Al no alojar el contenido en servidores propios, Cuevana operaba en una zona legal gris.
El hobby inicial se convirtió rápidamente en un fenómeno masivo internacional con millones de usuarios. Escobar dejó novia, socios y universidad, decidido a transformar a Cuevana en una empresa legítima. Retiró la publicidad que financiaba los servidores, dio de baja los links a estrenos en curso y salió del "anonimato" virtual para aparecer en los medios como gran promesa del empresariado geek criollo. Sobre todo, trató de negociar con los grandes estudios, con el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales y con productores independientes. Escobar quiso hacer las paces con la industria, pero ésta le declaró la guerra.
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