Los emergentes amenazan el papel de Europa en el mundo
La caída de Strauss-Kahn del FMI ha reabierto el debate sobre el poder económico en el mundo a causa de las dudas que suscita Europa, los desequilibrios de Estados Unidos y el auge imparable de los emergentes | El Viejo Continente intenta defender su posición tradicional en la economía mundial, pero el empuje de los países emergentes se lo pone difícil, como pone de manifiesto el relevo en el FMI
La caída de Dominique Strauss-Kahn, director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), ha vuelto a poner sobre la mesa el papel de Europa en la economía mundial y su peso en las instituciones que marcan la política económica y las relaciones multilaterales. Con el G-8 diluido de facto en el G-20, el ascenso de los países emergentes en la economía global encuentra durísimas resistencias cuando se trata de trasladarlo a instituciones como el FMI, el Banco Mundial o la OCDE. Estados Unidos y Europa, los dos polos económicos que en la Conferencia de Bretton Woods de 1944 sentaron las bases de las relaciones comerciales y financieras globales, están en apuros.
Y es que las cosas han cambiado mucho en las últimas décadas y más desde el estallido de la crisis financiera en el 2008. Stanley Druckenmiller, el lugarteniente del financiero George Soros, que en 1992 provocó con sus ataques especulativos la salida de la libra del Sistema Monetario Europeo - el estadio anterior al euro-,apostaba el pasado lunes en The Wall Street Journal por que Estados Unidos suspendiera pagos. Ante el debate de si debe superar el tope de deuda ya alcanzado de 14,3 billones de dólares - unos 10 billones de euros-,Druckenmiller abogaba por atajar el problema con un default técnico. Que el Tesoro reconozca sus problemas de liquidez, aplace algunos pagos y recorte gastos. "O resolvemos el problema o seremos Grecia dentro de unos años", añadía este gestor de fondos.
Al otro lado del Atlántico, el mismo lunes se reunieron los ministros de Economía del euro para aprobar el rescate a Portugal y discutir precisamente sobre la insostenible deuda griega. Estaba en juego, como desde hace un año, la respuesta de Europa a la crisis de la deuda soberana. Pese a los rescates y las decisiones adoptadas, aún no se ha resuelto.
¿Qué está sucediendo? Joaquim Muns, ex director ejecutivo del FMI y del Banco Mundial, explica que Europa ha ido perdiendo peso en la economía mundial, algo que intentó frenar a través de la integración de la UE y de la zona euro. "Pero algo falla; la integración no es suficiente para dar fortaleza a Europa, por lo que su poder declinará en el futuro". Al margen de las turbulencias europeas o estadounidenses, los emergentes pisan fuerte.
Joan Tugores, catedrático de Economía en la Universitat de Barcelona, apunta que este último grupo de países ha avanzado por méritos propios: "Han sabido movilizar sus recursos productivos con más inteligencia para exportar y crear potentes mercados internos". El FMI prevé que Brasil, Rusia, India y China - los cuatro países de alto crecimiento denominados BRIC-ya estén entre los diez primeros por el tamaño de su PIB en el 2015. "Ya no son países emergentes, sino emergidos", sentencia el ex rector de la UB. En el plano microeconómico, el cambio ya se ha producido. El hombre más rico del mundo es Carlos Slim, un mexicano. Y las empresas chinas, brasileñas y de muchos otros países, antes llamados en vías de desarrollo, compran empresas en Nueva York, Londres o Frankfurt. El colonianismo al revés.
Sin negar esta realidad, algunos expertos piden mesura a la hora de juzgar la situación. Xavier Vives, profesor de Economía del Iese y asesor del comisario de Competencia Joaquín Almunia, cree que "la supuesta decadencia de Europa es muy relativa". Aún así, admite que se debe seguir avanzando en áreas como la política exterior o la creación de un mercado único energético.
Las divergencias entre los intereses de unos y otros lo han impedido hasta ahora. Y esto se paga. Para Jorge Sicilia, economista jefe de Grupo BBVA y director de BBVA Research, "sería deseable una mayor coordinación de la política económica, en especial en regulación y supervisión bancaria, fiscalidad y vigilancia económica". Sicilia considera que Europa debe seguir su proceso de transformación, sin el cual la pérdida de influencia hubiera sido muy importante.
Las dificultades de Europa se han recrudecido con la crisis. Algunos temen por el futuro del euro y de la propia UE. Por lo pronto, los ataques a la deuda soberana han provocado la pérdida de soberanía real en política económica, aunque el conjunto - la propia zona euro-se ha resentido por los desequilibrios de algunos de sus miembros.
Pablo Vázquez, director ejecutivo de Fedea, clama por un cambio de mentalidad en Europa. "El problema ya no es crear el mercado único europeo, sino competir en el mercado único mundial". Vázquez ve a Europa bien representada en los organismos internacionales, "aunque a veces carezcamos de un discurso propio que no se perciba como una estrategia defensiva". El avance de los emergentes se debe, según Vázquez, a su mayor apertura. "Europa sigue pensando que lo más interesante ocurre dentro, con políticas diseñadas según la hipótesis de que la UE es un bloque comercial que constituye el único universo relevante".
Y esto ya no es así. Ahora los emergentes reclaman su espacio y lo deben tener. Es lo que propugna Miguel Martín, presidente de la Asociación Española de la Banca (AEB): "Europa está sobrerrepresentada en los organismos internacionales, mientras que los emergentes deben seguir avanzando y asumir al mismo tiempo sus responsabilidades en el gobierno mundial". El ex ministro Carlos Solchaga, hoy consultor empresarial, sostiene que ahora, tras el desagradable episodio del pasado fin de semana en torno a Strauss-Kahn, "puede abrirse el melón" de los cambios en el FMI y en otras instituciones. "Es evidente que el G-20 quiere tener un protagonismo mayor y, en un concierto de naciones realista, la nueva realidad tendrá que ser reconocida".
En lo que coinciden todos los expertos es en que el traspaso de poderes hacia los emergentes debe ser gradual, sin brusquedades ni cambios radicales. Y que no puede limitarse a un nuevo reparto de sillas. David Bach, profesor de Estrategia y Entorno Económico en IE Business School, exige otro tipo de cambios. "Por ejemplo, que los emergentes lideren las reformas en la liberalización del comercio o que sean más activos en políticas relacionadas con el cambio climático o la salud pública", dice Bach. El tablero está, en buena medida, por determinar. Los emergentes marcan la pauta, pero Europa y Estados Unidos tienen la última palabra.
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