2010/04/08

Moviendo las industrias


Es nada menos que el presidente de uno de los gremios más poderosos de Chile, pero mantiene esa sencillez y austeridad que lo han caracterizado desde siempre. De pocas palabras, cuando habla lo hace con la seguridad de aquellos que saben. Conoce muy bien el pensamiento de sus pares y la situación y posibilidades del país. No en vano este ingeniero comercial de la Universidad de Chile fue por más de una década el secretario general de la Sociedad de Fomento Fabril, organización que desde 1883 ha unido y representado a un importante sector del empresariado chileno.

El menor de siete hermanos, Andrés Concha Rodríguez (66 años) estudió en el Saint George, donde compartió con una generación que hoy cumple importantes funciones en el ámbito público y privado. Entre ellos destacan Jovino Novoa, José Miguel Insulza, Francisco Silva, Sergio de la Cuadra, Hernán Larraín, los hermanos Tironi, los Walker, Roberto Fantuzzi, Roberto de Andraca... “un lote –me comenta sonriendo– muy transversal”.

A su gran capacidad y preparación, Concha une un fuerte espíritu deportivo. Se mantiene “en forma” subiendo cuantas veces sea necesario los tres pisos que lo llevan diariamente a su oficina en el Edificio de las Industrias. Como buen fondista y ciclista, sabe además graduar las fuerzas para alcanzar objetivos de largo plazo. Su vocación de servicio la heredó de su abuelo paterno –senador por Valdivia– y también de su padre, abogado y agricultor que fue el director general del Servicio de Seguro Social (ex Seguro Obrero) en el gobierno de Jorge Alessandri.

Aunque vivió en la universidad los conflictos políticos y sociales de la década del 60, la política nunca le atrajo, por lo que no militó en ningún partido. Casualmente tuvo a Manuel Cruzat y a Ernesto Fontaine entre sus profesores y a Alvaro Bardón, Vittorio Corbo y Juan Villarzú como profesores-ayudantes. Casado en 1973 con Dominique Berthet, tiene cuatro hijos e hizo su “servicio militar” en el gobierno del general Pinochet trabajando como director de Pro Chile y luego como titular en la Dirección General Económica de la cancillería. En 1984 se privatizó y formó sociedad con Bruno Philippi y Juan Antonio Guzmán en una serie de emprendimientos, entre los cuales destaca “la locura de la biotecnología”.

-Te ha tocado duro. Todavía no cumples un año en el cargo y ya has tenido que enfrentar dos grandes remezones...

-Así es, asumí en mayo de 2009 y me han tocado la crisis y el terremoto. Ha sido un período “movido”. La industria el año pasado tuvo una caída del orden del 9% y este año el crecimiento va a ser muy magro, probablemente 1% ó 2%, lo cual significa que estamos en un nivel de actividad mucho más bajo del que tuvimos el 2008. Vivimos tiempos difíciles. Hasta el 27 de febrero pensábamos que íbamos a tener una actividad con mayor dinamismo…

-¿Cuál es el balance actual? ¿Están muy dañados?

-Hay ciertas áreas que están alteradas, con daños graves, pero que son recuperables. Los impactos más severos los hemos sufrido en los polos industriales siderúrgico, forestal, petroquímico y pesquero. Se está en proceso de revisión y reparación y, en algunos casos, de reconstrucción desde cero, como las pesqueras en Talcahuano, donde la destrucción ha implicado pérdida total. En general, estamos hablando de una pérdida de producción industrial en torno a los mil millones de dólares para este año.

-Una de las características del empresariado es su capacidad para levantarse. ¿Cómo ves el futuro cercano?

-Todo es recuperable, porque el gran valor en nuestras actividades es el capital humano. Tenemos el conocimiento de qué hacer y cómo hacerlo, modelos de negocio que funcionan, mercados que se han conquistado con esfuerzo… La destrucción, la pérdida o el deterioro han ocurrido en la infraestructura, en los equipos, en aquello que en definitiva se puede sustituir. Las personas, las que saben manejar y hacer producir las empresas, están en pie y comprometidas a salir adelante.

-Ha pasado algo más un de mes desde ese fatídico día. ¿Ya dieron por terminada la emergencia?

-Yo creo que la primera parte de la emergencia sí, tal como lo señaló hace poco el ministro Hinzpeter. En efecto, todo aquello vinculado con el restablecimiento del orden público, la restitución de los servicios básicos y la cadena solidaria que posibilitó llevar la ayuda inicial a las zonas afectadas ya se hizo. Pero falta todavía una segunda parte, paralela al inicio de la reconstrucción, y que permita que la gente que tiene destruido su hogar tenga una opción razonable de vida en los meses de invierno, mientras se entra a la fase de reconstrucción definitiva.

-En mirada positiva, ¿crees que este desastre puede convertirse en una oportunidad para reordenarnos como país y establecer mejor nuestras prioridades?

-Sin duda. Hay un sentimiento de unidad nacional y de solidaridad que ha dejado atrás muchas divisiones y discusiones artificiales y estériles. Hoy nadie quiere restarse al esfuerzo colectivo que implica levantar nuevamente a Chile y creo que están dadas las condiciones para que, como sociedad, actuemos con mayor eficiencia.

La derecha al centro

-En estos meses han pasado también otras cosas. Sin ir más lejos, el eje político del país cambió con el triunfo de Piñera. De un gobierno socialista transitamos a uno de centroderecha. ¿Cuáles son en este escenario las expectativas en materia económica?

-Chile es hoy un país que tiene un nivel de consenso mucho mayor que el que existía hace años atrás. El mundo político formuló un compromiso ante la comunidad internacional al ingresar a la OECD, que significa mantener un manejo macroeconómico responsable, integración al mundo, certeza jurídica para los inversionistas y mejores políticas sectoriales. Con independencia de los beneficios que esto pueda generar, dicho ingreso es un reconocimiento a que las cosas en Chile se estaban haciendo relativamente bien. Además de los consensos, todos somos hoy socios de un proyecto-país que camina mucho mejor a lo que fue nuestra experiencia en décadas pasadas. Dicho esto, creo que es necesario y urgente hacer un esfuerzo adicional en políticas públicas y gestión para frenar la caída gradual de la productividad, que ha reducido nuestra capacidad de crecer a niveles del 4%. En ese sentido, la coalición liderada por Piñera puede hacer una contribución importante. Era nuestra percepción preterremoto y lo sigue siendo post-terremoto, pese a las dificultades que implicará la reconstrucción.

-¿Cómo?

-El presidente lo ha definido claramente: “las cosas hay que hacerlas bien y con sentido de urgencia”. Lo importante es introducir mejoras de eficiencia en los procesos, en la manera de hacer las cosas y, para ello, sin desmerecer lo realizado por la Concertación, es posible pensar que el cambio de gobierno es en verdad un cambio de eje. A veces, no crecer al 6% o al 7%, y hacerlo al 4%, puede pasar inadvertido para mucha gente, pero no cabe duda de que creciendo a tasas más bajas los espacios para las propuestas populistas serán mayores. La frustración que puede generar en la sociedad esta diferencia puede llegar a ser realmente importante.

-¿Qué debemos hacer para retomar el ritmo de crecimiento?

-Chile necesita mucha inversión de capital, para crecer. En sectores como la energía, la minería, las telecomunicaciones, en donde se han invertido miles de millones, la productividad es muy alta y la gente que trabaja allí es la que recibe mejor remuneración. La agricultura, por su parte, hace lo posible por incrementar capital y a través de esa vía modernizarse, al igual que la industria. En la medida en que el país se vaya capitalizando con mejores inversiones, con mayor desarrollo empresarial, la productividad se irá incrementando. Pero para administrar estas actividades más intensivas en capital, se requiere personal más capacitado, con mayores competencias, más sofisticado. El cuello de botella está en que necesitamos un mejor sistema educacional. Por otra parte, para incentivar las inversiones, hay que tener políticas públicas que las estimulen. Hay aquí toda una cadena de acciones que requieren un impulso más decidido y potente, y eso es lo que se espera de la nueva administración.

-¿Cómo evalúas estas primeras semanas de gobierno?

-Lo han hecho bien, pero compadezco a las nuevas autoridades, porque venían con mucha entusiasmo y con una hoja de ruta que había sido madurada durante largo tiempo. El terremoto significó un cambio de escenario que los obligó a modificar sus planes y trabajar el doble. Hoy, la emergencia y la reconstrucción requieren materializar resultados a la brevedad, sin que ello signifique sacrificar la agenda inicial.

-¿Cómo abordará el sector privado el financiamiento de la reconstrucción?

-Los daños en infraestructura del sector privado –unos 10 mil millones de dólares– serán enfrentados con cargo a los seguros comprometidos, recursos propios y endeudamientos. Obviamente, hay un segmento de pequeños productores que lo han perdido todo y el gobierno se ha comprometido en ir en su ayuda. Por otra parte, habrá empresas privadas que sufrieron menos o no sufrieron daños, de modo que podrán colaborar aportando donaciones hacia la reconstrucción de escuelas, hospitales, y, en general, infraestructura pública. Es parte de la responsabilidad social de las empresas.

-¿Estamos hablando también de donaciones para restaurar el patrimonio cultural?

-Espero que la ley así lo contemple y que quede despejada la posibilidad de reconstruir con estos aportes la infraestructura de naturaleza cultural como, por ejemplo, museos, iglesias y edificios históricos que quedaron deteriorados.

-Aumentar los impuestos a empresas y personas no alivia una carga de por sí pesada…

-Aunque sea políticamente incorrecto decirlo, resulta mejor no recurrir a este instrumento. El fisco cuenta con recursos para enfrentar los 11.000 millones de dólares de daños en infraestructura. Gravar al sector privado significaría restar recursos que éste requiere para enfrentar sus obligaciones de reconstrucción y financiar programas de inversión destinados a expandir la capacidad productiva.

-Pero me imagino que ello no significa que las empresas se resten al proceso de reconstrucción…

-Hay una lectura errada en este punto. Mucha gente dice que si las empresas no se ponen con nuevos impuestos no participan del esfuerzo solidario que exigen las circunstancias. Se olvida que los daños privados son de la misma envergadura que los públicos y que además el sector privado es el llamado a crear las nuevas fuentes de trabajo que el país requiere para reducir la cesantía, abrir oportunidades a los jóvenes que se irán incorporando gradualmente a la fuerza de trabajo y emplear a los que finalicen sus empleos transitorios que surgirán con motivo de la reconstrucción. Todo esto supone financiar nuevas inversiones que se verán mermadas si las platas fluyen vía impuestos al sector público. A pesar de la gravedad de este terremoto, los problemas que enfrenta el Chile de hoy superan los desafíos que nos dejó el sismo.

-¿Y en cuanto al royalty?

-La ley no permite tocar esa tributación y si hubiese que hacerlo, es decir, si la comunidad política lo considerara adecuado, tendría que aplicarlo a los nuevos proyectos. Pero habría que tener claro que estar cambiando periódicamente las reglas del juego genera costos frente a los inversionistas.

-En tiempos normales, el argumento es muy válido, pero estamos enfrentando las consecuencias de un terremoto de 8,8 grados…

-Afortunadamente, este año tendremos ingresos adicionales por los mejores precios del cobre que reforzarán la capacidad financiera del sector público. El sector privado está haciendo su parte. Sólo que el sector privado debe además financiar gran parte de los programas de inversión que posibilitan el crecimiento de la economía. Por eso, a pesar del grado 8,8 de este terremoto, la recuperación se ve totalmente viable.

-Perdón que insista, pero ¿no sería mejor utilizar los excedentes del cobre en mejorar las políticas sociales que nos permitan salir antes del estado de subdesarrollo?

-Los excedentes del cobre están permitiendo sustentar un mayor nivel de gasto público para financiar de manera sostenida mejores pensiones, mayores gastos en salud y educación, mayor apoyo a la construcción de viviendas sociales y planes de protección a la infancia, entre otros programas sociales. La demanda de gasto público con motivo de la reconstrucción también está relacionada con la política social, ya que será necesario reconstruir viviendas, hospitales y escuelas, lo que va en directo beneficio de los más necesitados.

La unión hace la fuerza
-El sentimiento de unidad nacional post-terremoto, ¿se ha expresado en una mejor sintonía entre el mundo empresarial y las organizaciones sindicales?

-Efectivamente, se ha producido un consenso que no es fácil de alcanzar en épocas normales. De hecho, hay un buen acercamiento con las centrales sindicales, incluso con la CUT y con la UNT. Con ellos, en el marco de la CPC, firmamos sendos protocolos de entendimiento, proponiendo al nuevo gobierno iniciativas que permitieran hacer un mejor uso del seguro de cesantía durante los próximos meses en las zonas de catástrofe.

-Y, ¿qué pasa con las críticas en torno al uso indiscriminado de la causal de “fuerza mayor” para los despidos?

-Respecto del uso malicioso del artículo 159 del Código del Trabajo, el mismo Arturo Martínez pudo constatar, cuando fue a la zona de Concepción, que gran parte de los despidos que se han producido recurriendo a dicho artículo corresponde a pequeños emprendimientos, a los que el terremoto les bajó la cortina y que fueron prácticamente demolidos. En general, todas las empresas grandes y medianas de la zona que forman parte de la SFF tomaron desde el primer día la decisión de retener a su gente. A algunos les dieron vacaciones o los incorporaron en los trabajos de remoción de escombros y reparaciones o bien a cursos de capacitación; pero, en general, las empresas no han despedido al personal, porque se trata de una forma de solidarizar con éste. Hoy, el gran activo de las empresas son las personas y la creatividad que ellas aportan. Y esa creatividad y colaboración tú la tienes en la medida en que existan confianzas, que se reflejan justamente en actitudes y situaciones como las vividas.

-¿Es posible que logren mantener las buenas relaciones con las estructuras sindicales, más allá de la emergencia?

-Yo creo que hay un espacio abierto para que eso ocurra. Hay camino recorrido y una historia que da cuenta de los beneficios que trae para empresarios y trabajadores acercar posiciones. Las transformaciones que ha experimentando la economía y los nuevos criterios que inspiran las relaciones laborales al interior de las empresas hacen que, en definitiva, la colaboración sea el gran vehículo para poder ganar eficiencia y productividad en ellas. Eso favorece a todos, porque da más estabilidad a las empresas, les permite se mas competitivas, aparecen más oportunidades de negocios, mejores remuneraciones y nuevos beneficios para los que trabajan en ellas.


Forma y fondo
-La participación de los empresarios en la Teletón marcó un hito. ¿Cómo lo viviste?

-Fue una gran experiencia. Muchos de quienes viven en las zonas más afectadas pudieron sentir que no estaban solos, que el resto del país estaba con ellos. Creo que fue un mensaje potente, que estuvo muy bien liderado por don Francisco e Iván Zamorano. Nosotros –con Rafael Guilisasti– nos sentimos honrados de que nos llamaran y nos pidieran colaboración en este gran esfuerzo cuyas metas, como vimos, fueron superadas con creces. Esta fue una cruzada, no un evento comercial asociado a una campaña de marketing.

-En general, el gremio de los empresarios aparece ante la opinión pública como un ente distante. ¿Están dispuestos a participar más activamente en este tipo de actividades?

-Lamentablemente, somos muy malos comunicadores y las contribuciones que hace el sector privado no son perceptibles para el grueso de la población. Esa ha sido una constante y la verdad es que tenemos mucho que mostrar. En este terremoto, que fue mucho más intenso que los anteriores, nuestro sector ha actuado con eficiencia y sentido de urgencia. Por ejemplo, los caminos que están concesionados entregaron rápidamente conectividad, lo mismo que los servicios básicos. En ciertas zonas críticas demoró un par de días la llegada de la luz, pero en la mayoría, ésta pudo restablecerse porque la generación resistió bien el impacto. El problema estaba en la red de distribución, pero pocos saben que, dada la magnitud de los daños, algunas compañías tuvieron que contratar personal especializado del extranjero. Acá llegaron equipos de Perú, de Argentina, de Brasil para ayudar a solucionar más rápidamente las cosas y eso que tuvieron que trasladarse por tierra, ya que el aeropuerto estaba cerrado. Por otra parte, el trabajo que se ha hecho para recuperar los ductos de agua ha sido gigantesco. En algunas localidades el tema se ha logrado solucionar más rápidamente que en otros. En Concepción, los levantamientos y hundimientos que sufrió el suelo terminaron por destruir la red de agua potable, la cual ha debido reconstruirse en pocos días.

-Las críticas más fuertes se centraron en el área de las comunicaciones…

-Yo creo que también ha habido ahí un trabajo notable. Las comunicaciones por red fija demoraron muy poco en restablecerse, a pesar de los numerosos cortes que sufrió la carretera de fibra óptica. En el caso de la red inalámbrica, lo que hubo fue una saturación de llamadas, tres veces mayor que en Año Nuevo. Ahora, si en Chile existieran protocolos para enfrentar situaciones extremas como las que vivimos, habría sido posible mantener las comunicaciones a pesar de las dificultades. Es necesario aprender a utilizar mecanismos que ocupen menos espacio de tiempo en las celdas de transmisión, como los mensajes de texto. Fue la ausencia de protocolos lo que impidió que la gente tuviera la tranquilidad de poder comunicarse.

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